Suele decirse que de las cosas sin importancia, el fútbol es la más importante. Sea como sea, no es tarea fácil encontrar alguna otra actividad que provoque tantas pasiones, tal vez demasiadas. Quizá por tratarse del vehículo ideal para dar salida a las pulsiones humanas más primitivas y salvajes; por eso gusta en todas partes. Pero dejemos a un lado este vano intento de análisis sociológico del balompié y centrémonos en los que nos interesa.
Los clubes de fútbol defienden principios y valores que los caracterizan y diferencian en un entorno puramente competitivo, no solo desde un punto de vista deportivo. El color es el vehículo visual encargado de simbolizar esos principios; unos colores a los que el aficionado se compromete a guardar fidelidad. En esto apenas hay diferencias con cualquier otra marca: no hay marca que no persiga fidelizar a su audiencia. Pero, al margen del color, si existe un elemento vertebrador a la hora de construir marca, ese es la tipografía.