Olle Eksell: el diseñador silencioso que cambió la manera de mirar

La historia del diseño gráfico suele construirse alrededor de nombres que se convierten en símbolos universales. Saul Bass, Paul Rand o Milton Glaser aparecen constantemente en libros, escuelas y documentales como los grandes arquitectos de la comunicación visual moderna.

Sin embargo, existen figuras cuya influencia ha sido igual de profunda aunque menos visible. Entre ellas se encuentra Olle Eksell, diseñador e ilustrador sueco que, desde una posición aparentemente discreta, ayudó a transformar la relación entre ilustración, identidad visual y comunicación contemporánea.

Hablar de Eksell implica mirar más allá de la fama y entender cómo el diseño también se construye desde la sensibilidad, la síntesis y la capacidad de comunicar con pocos elementos. Su obra demuestra que la potencia visual no depende necesariamente de la complejidad técnica ni del exceso decorativo. Por el contrario, el diseñador sueco entendió antes que muchos que la claridad puede ser una forma de sofisticación y que la economía visual es capaz de generar imágenes memorables.

El contexto histórico en el que desarrolló su trabajo resulta fundamental para comprender la dimensión de su legado. Durante el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, el diseño gráfico experimentó una transformación radical. La expansión de la publicidad, el auge de las marcas internacionales y el crecimiento de los medios impresos exigieron nuevas formas de comunicación visual. En ese escenario emergieron movimientos como el modernismo y el funcionalismo, profundamente influenciados por las ideas de la Bauhaus, escuela alemana que defendía la unión entre arte, industria y vida cotidiana.

La Bauhaus no solo modificó la arquitectura y el diseño industrial; también redefinió la manera de entender la imagen gráfica. La idea de que la forma debía responder a una función concreta cambió para siempre la comunicación visual. Eksell absorbió estos principios y los reinterpretó desde una sensibilidad escandinava marcada por la sencillez, la cercanía y el humanismo. Mientras otros diseñadores apostaban por estructuras rígidas o discursos visuales excesivamente racionales, él incorporó espontaneidad, humor e ilustración gestual sin abandonar la claridad funcional.

Esa combinación convirtió su trabajo en algo singular. Eksell no veía la ilustración como un elemento ornamental separado del diseño gráfico, sino como una herramienta narrativa capaz de construir identidad. Su producción demuestra que un dibujo sencillo puede comunicar con más eficacia que una composición saturada de información. En un momento histórico en el que muchas marcas buscaban imponerse a través de mensajes grandilocuentes, él eligió la síntesis.

Mazetti_Malmö.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta visión fue su trabajo para la marca sueca de cacao Mazetti. Los famosos “ojos” diseñados para el envase del producto se transformaron en un ícono visual reconocido durante décadas. Lo extraordinario de esa propuesta no reside únicamente en su atractivo gráfico, sino en su capacidad para generar una conexión emocional inmediata. Eksell logró crear una identidad accesible, lúdica y fácilmente recordable utilizando recursos mínimos. Aquella imagen sintetizaba perfectamente una idea que hoy parece obvia, pero que en su momento representaba una revolución: las marcas no solo venden productos, también construyen experiencias visuales y afectivas.

La vigencia de su pensamiento resulta sorprendente si se observa el panorama actual del diseño. En la era digital, donde miles de estímulos visuales compiten simultáneamente por captar atención, la simplicidad vuelve a convertirse en un valor estratégico. Las interfaces contemporáneas, los sistemas de identidad flexibles y el diseño adaptado a múltiples plataformas recuperan principios que Eksell aplicaba hace décadas. Su trabajo anticipó la necesidad de crear imágenes claras, rápidas de interpretar y emocionalmente cercanas.

Sin embargo, pese a esa influencia evidente, el nombre de Olle Eksell continúa ocupando un lugar secundario dentro de la historiografía oficial del diseño. La pregunta inevitable es por qué. La respuesta probablemente no tenga relación con la calidad de su obra, sino con las dinámicas culturales que determinan qué figuras alcanzan reconocimiento internacional y cuáles quedan relegadas a contextos locales.

Diseñadores como Paul Rand o Saul Bass desarrollaron sus carreras en Estados Unidos, centro neurálgico de la industria publicitaria y editorial del siglo XX. Sus trabajos circularon masivamente gracias a grandes corporaciones, estudios influyentes y una infraestructura cultural preparada para convertir ciertos nombres en referentes globales. Eksell, en cambio, trabajó desde Suecia, un entorno menos conectado con los grandes circuitos internacionales de difusión. Su perfil discreto y su distancia respecto de los centros de poder cultural contribuyeron a que su legado permaneciera parcialmente invisibilizado.

No obstante, la falta de notoriedad internacional no disminuye la importancia de su aporte. De hecho, la revisión contemporánea de la historia del diseño está permitiendo rescatar figuras como la suya y cuestionar una narrativa excesivamente centrada en el mundo anglosajón. Hoy resulta cada vez más evidente que el desarrollo del diseño moderno fue un fenómeno plural, construido por múltiples voces y sensibilidades.

Logo Mazetti Ögon
Nessim Identity

La relevancia de Eksell también radica en su manera de comprender la relación entre diseño y economía. Para él, el buen diseño no era un lujo estético, sino una herramienta capaz de mejorar la comunicación y generar valor. Esta idea, que actualmente domina las estrategias de branding y experiencia de usuario, formaba parte esencial de su pensamiento creativo. Eksell entendía que la claridad visual beneficiaba tanto a las empresas como a las personas. Diseñar bien significaba hacer más comprensible el entorno.

En ese sentido, su obra mantiene una dimensión profundamente humanista. A diferencia de ciertas corrientes contemporáneas obsesionadas con la espectacularidad visual o la innovación permanente, Eksell defendía un diseño cercano, inteligible y emocionalmente honesto. Sus ilustraciones transmiten calidez y naturalidad porque nacen de una comprensión auténtica de la comunicación humana. No buscan impresionar desde la complejidad, sino conectar desde la sencillez.

Quizá esa sea la gran lección que deja su legado en un presente saturado de imágenes. En tiempos donde las tendencias cambian a velocidad vertiginosa y las marcas persiguen constantemente la viralidad, la obra de Olle Eksell recuerda que la identidad visual más poderosa suele ser aquella que logra permanecer en la memoria colectiva sin necesidad de artificios excesivos.

El diseñador sueco entendió que comunicar no consiste únicamente en transmitir información, sino en construir vínculos emocionales a través de formas simples y reconocibles. Su trabajo demuestra que la modernidad no depende del ruido visual ni de la complejidad tecnológica, sino de la capacidad de sintetizar ideas esenciales de manera clara y humana.

Dibujo original Design:Eknomi

Redescubrir a Olle Eksell no implica solamente hacer justicia histórica con un diseñador poco reconocido. También significa recuperar una forma de pensar el diseño que hoy resulta más necesaria que nunca. En una cultura dominada por la sobreestimulación visual, su apuesta por la síntesis, la sensibilidad y la funcionalidad aparece como una respuesta vigente frente al exceso contemporáneo.

A veces, las figuras que verdaderamente transforman una disciplina no son las que ocupan más titulares, sino aquellas cuya influencia se filtra silenciosamente en generaciones posteriores. Eksell pertenece precisamente a esa categoría: la de los creadores que modifican nuestra manera de mirar sin necesidad de convertirse en celebridades globales. Y quizá allí reside, precisamente, la verdadera dimensión de su grandeza.

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