Estudio Regina Puig firma para MŪN Ferments una nueva línea de kombuchas que apuesta por la disrupción visual, la narrativa gráfica y el uso consciente de la inteligencia artificial como herramienta creativa.

En un mercado como el de las bebidas funcionales, dominado por códigos visuales previsibles —colores suaves, mensajes de bienestar y una estética que tiende a la homogeneización—, destacar se ha convertido casi en un acto de resistencia. MŪN Radikal, la nueva línea de kombuchas de MŪN Ferments, nace precisamente desde esa voluntad de ruptura. El proyecto, desarrollado por Estudio Regina Puig, propone un giro radical en el imaginario gráfico del sector y plantea el packaging como un espacio de relato, identidad y posicionamiento cultural.
Lejos de reforzar los códigos habituales asociados a lo saludable o lo natural, MŪN Radikal se define desde el concepto “Proud to be the black sheep”. Una declaración de intenciones que entiende la marca como la oveja negra dentro del mundo de la kombucha: inconformista, provocadora y sin miedo a desmarcarse del rebaño. Esa idea se convierte en el eje narrativo de todo el sistema visual y articula una identidad que busca ser reconocible de inmediato en el lineal.
El diseño se construye a partir de una manada de ovejas negras, donde cada personaje representa un sabor y una actitud distinta. No se trata de una ilustración decorativa, sino de un lenguaje visual coherente que permite a la marca crecer como sistema. Cada lata funciona como una pieza autónoma, pero todas dialogan entre sí, reforzando la idea de colección y construyendo un universo gráfico propio, con una fuerte carga simbólica y un alto impacto visual en el punto de venta.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es el uso de procesos creativos apoyados en inteligencia artificial para el desarrollo de las ilustraciones. Lejos de plantearse como un recurso tecnológico oportunista, la IA se integra aquí como una herramienta más dentro del proceso creativo, al servicio de la narrativa y del carácter experimental de la marca. El resultado es un imaginario visual expresivo, contemporáneo y deliberadamente extraño, que refuerza la idea de diferencia y posiciona a MŪN Radikal en un territorio visual poco explorado dentro de la categoría.
Desde el punto de vista estratégico, la línea Radikal no busca el consenso ni el gran público. Apunta a un perfil concreto: consumidores que se reconocen en lo alternativo, que valoran el producto no solo por su sabor, sino por lo que comunica y representa. En ese sentido, el packaging no solo envuelve el producto, sino que vende una actitud y un estilo de vida, apelando a la individualidad y al rechazo de lo normativo.
El proyecto abarca estrategia, diseño de marca, identidad visual, packaging y dirección de arte, con producción de etiquetas a cargo de Group Micros. Un trabajo que confirma cómo el diseño de packaging puede ir más allá de la función comercial para convertirse en un dispositivo cultural, capaz de generar discurso y diferenciar una marca en un entorno saturado.
MŪN Radikal no pretende gustar a todo el mundo. Y precisamente ahí reside su fuerza. En un contexto donde muchas marcas compiten por parecerse, optar por ser la oveja negra sigue siendo una de las decisiones más arriesgadas —y también más coherentes— que puede tomar una identidad visual.













