Hablamos con Miguel Pang, ilustrador del cartel de la 85.ª Feria del Libro de Madrid, sobre el proceso de creación del cartel, nacido de sus cuadernos, de la observación de El Retiro y de una serie de figuras lectoras atravesadas por el humor, el absurdo y la celebración colectiva del libro.
El cartel de la Feria del Libro de Madrid parte de una escena coral, casi teatral, llena de lectores en posturas improbables. ¿Cómo fue el proceso de convertir esos apuntes dispersos de tus cuadernos en una imagen final con tanta unidad y tanta vida?
Lo primero que hago al recibir un encargo es empezar un cuaderno porque es la mejor manera que encuentro para pensar dibujando. El cuaderno es un espacio cerrado en el que puedes pasar la página, como si pasaras de una idea a otra; puedes desplegar todas las variaciones sobre una propuesta o puedes volver hacia atrás para ver lo que habías hecho. La primera propuesta de cartel que hice era una imagen más compacta y partía de los dibujos que había ido esbozando en las libretas. Una era una lectora-flecha en un arco a punto de ser disparado; otro, un señor comiendo libros mientras lee; y otra, un lector bocabajo.
En una primera ronda descartamos estas opciones. Con el diseñador Pep Carrió y la organización de la Feria teníamos claro que queríamos que salieran los personajes en posturas raras, que era algo que se había repetido esbozo tras esbozo en la mayoría de las páginas de mis libretas, pero no encontraba la manera de agruparlos. Finalmente, recordando los árboles que había dibujado en el cuaderno en mi visita al Retiro, decidí situar a los lectores alrededor de una figura central, el pino. Recientemente, paseando por el Retiro y por la Avenida de Carruajes me dicuenta dea que es el pino que marca el comienzo y final de la Feria. La casualidad o quizás el inconsciente hicieron que esto fuera así.
Has explicado que las figuras lectoras aparecían una y otra vez en tus bocetos, casi de forma espontánea. ¿En qué momento entendiste que ahí estaba la idea del cartel y qué decisiones tomaste para que ese humor no se quedara solo en un gag visual, sino que dialogara con el espíritu de la Feria?
Entendí que ahí estaba la idea del cartel al revisitar los cuadernos, después de un primer descarte de las primeras propuestas de cartel y ver que las figuras lectoras en posiciones extrañas se repetían en las páginas. Me hacían reír y esto bastaba como un gag visual, a lo Buster Keaton o Slapstick, pero estas iban un poco más allá del accidente. Son lectores en suspensión, no caen aunque están en posturas que se podrían caer. Quería jugar más con la parte del humor del absurdo. Creo que la variedad y diversidad de lectores en el cartel es lo que lo conecta con el espíritu de la Feria, además del aspecto festivo del cartel.
En tu trabajo suele haber una mezcla muy reconocible de observación, ternura, extrañeza y sentido del humor. Mirando tu trayectoria, ¿qué lugar ocupa este encargo dentro de tu recorrido como ilustrador y qué te ha permitido hacer aquí que quizás en otros proyectos no había aparecido con tanta claridad?
En mi trayectoria he trabajado principalmente creando álbumes ilustrados, ilustración de prensa y carteles. La creación de este cartel me ha permitido, gracias a que en todo momento me he sentido acompañado por la organización y el diseñador Pep Carrió, tanto a nivel de confianza como creativamente, explorar libremente. Dibujando todas las posibles imágenes que me venían a la cabeza en las libretas, dejando reposar las ideas y que todo tomara su tiempo para hacer clic en la cabeza. Es todo un privilegio cuando se da algo así en un encargo, pero casi nunca se da. Los trabajos que tengo suelen ser más rápidos y entonces el inconsciente actúa de otra manera también interesante. Ambas maneras de trabajar me encantan y me hacen acceder a diferentes aspectos míos de la creatividad.
El cartel remite a El Retiro, a la lectura compartida y también a una cierta celebración de lo absurdo. ¿Cómo equilibraste esos elementos para construir una imagen popular y accesible, pero al mismo tiempo fiel a tu universo visual?
Creo que la conexión con el público viene de la variedad de personajes lectores que creé, a partir de la gente que vi en Madrid y otros de mi imaginación. ¡Me alegra que tenga algo de celebración de lo absurdo porque era parte de la intención! La acogida de un cartel para una cita como la Feria del Libro siempre tiene una dimensión pública muy particular.
¿Cómo has vivido la recepción de la imagen hasta ahora y qué te interesa especialmente que vea o sienta la gente cuando se encuentre con ella por primera vez?
Pues estoy muy agradecido de la recepción de imagen que ha sido muy cálida, tanto la presentación del cartel como las reacciones en redes. Y como ilustrador y creador, cuando esté en las calles, con que pueda despertar alguna sonrisa y embellecer la feria, ya me doy más que por satisfecho.
