Es hora de admitirlo: la fiebre de los dispositivos de inteligencia artificial ha sido un absoluto fracaso. Rabbit R1, Humane AI Pin… por un momento nos quisieron hacer creer que el smartphone tenía los días contados, que estos aparatitos serían la revolución definitiva. Y aquí estamos, con el AI Pin convertido en un pisapapeles de 700 dólares y el Rabbit R1 demostrando que su gran truco era, básicamente, ser un Android barato con una interfaz torpe.
El caso de Humane es especialmente indignante. No solo su dispositivo no funcionaba como prometieron, sino que ahora la empresa ha sido absorbida por HP y han decidido cerrar el servicio. ¿El resultado? Que quienes compraron el Pin ahora tienen un bonito adorno inútil. Y lo mejor de todo: si lo compraste hace más de 90 días, olvídate de pedir un reembolso. Un timo en toda regla.
Pero, siendo sinceros, ¿alguien realmente creía que esto iba a funcionar? Nos han querido vender la moto de que necesitábamos un gadget extra, un nuevo aparato que se llevara puesto o que sustituyera al móvil en ciertos aspectos. Pero la realidad es que la inteligencia artificial no necesita un hardware dedicado. No en este momento, al menos. No cuando la clave está en el software, en la capacidad de integración con los dispositivos que ya usamos a diario.