La emoción no se automatiza, por Víctor Palau

Desde mi punto de vista, lo realmente importante ahora —justo ahora— es entender qué queda cuando todo se automatiza. Cuando todo es rápido. Cuando todo es barato. Cuando cualquier imagen que hace apenas unos años nos costaba días de trabajo y miles de euros hoy aparece en pantalla tras escribir una frase. Cuando redactar un guion, un copy para una campaña o incluso este mismo artículo puede resolverse, técnicamente, con un clic. Y, sin embargo, cuanto más fácil es producir, más evidente se vuelve qué cosas no pueden producirse así.

No tengo ningún problema con las máquinas. Ni con la inteligencia artificial. Ni con la automatización. Al contrario: las usamos, las probamos, las analizamos. Sería absurdo ignorarlas. Pero cuanto más presentes están, más claro tengo que lo que marca la diferencia no es la herramienta, sino la emoción. Eso que no se optimiza. Eso que no responde a un prompt. Eso que no se puede escalar sin perder algo por el camino.

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