¿Hay vida más allá del PowerPoint?

Que levante el dedo quien no se haya visto alguna vez sometido a un pase impenitente de diapo tras diapo en PowerPoint. Conferencias, presentaciones, charlas… en las que con la luz atenuada te has visto víctima de un orador que basa su discurso más en los tediosos efectos que proporciona el programa de Microsoft que en el contenido mismo del mensaje a comunicar. Un grupo de ciudadanos suizos ha dicho hasta aquí hemos llegado. Basta ya de presentaciones aburridas y han creado el partido Anti-PowerPoint (APPP). Su intención es, antes que prohibir, evitar el uso obligatorio del programa de Microsoft por parte de corporaciones y universidades. Lo que conllevaría que más de 250 millones de personas dejáramos de sufrir los ‘ataques’ soporíferos del PowerPoint.

El movimiento Anti-PowerPoint liderado por el partido suizo pretende que sus reivindicaciones tengan eco mundial. Pero, ¿qué es exactamente lo que defienden? Si son cerca de 500 millones de personas los utilizan a diario el susodicho programa, ¿por qué es tan malvado? En primer lugar, los Anti-PowerPoint defienden la libertad de elección. Es decir, que un profesor universitario o un experto en una materia no se vea obligado a utilizar porque sí el PowerPoint, porque en esa institución siempre se ha hecho así. Existen otras alternativas [véase el caso de Keynote] para hacer las presentaciones más atractivas y menos soporíferas.

De ahí se derivan otra serie de cuestiones. La principal, es que con el PowerPoint la forma gana al contenido. Las presentaciones se convierten en un sumatorio de imágenes y efectos visuales que dejan al público como hipnotizado. En unos 30 minutos y con la luz atenuada, asimila una media de 15 diapositivas. [Así lo recoge el libro del periodista francés Franck Frommer, El pensamiento PowerPoint: indagación sobre este programa que te vuelve estúpido]. Por si eso fuera poco, el ponente sólo se limita a repetir lo que ya aparece en la pantalla, sin dar pie a la interacción, lo que favorece el ‘atontecimiento’ global del auditorio que ya está al borde del ronquido. De hecho, finalizada la presentación no es poco frecuente oír a los asistentes decir: «¿Qué ha dicho este tío?».

Para el partido Anti-PowerPoint este tipo de situaciones tiene sus días contados. Según explican, «queremos que el número de aburridas presentaciones con PowerPoint decrezca en el planeta y que la media de las presentaciones pueda ser más excitante». ¿Por qué en Suiza? La explicación está en que en el país helvético cualquier ciudadano del mundo puede inscribirse en un partido. Sus seguidores son miles y según sus cálculos podrían ser el cuatro partido de Suiza en número de militantes. Su voluntad ahora es convertirse en un movimiento mundial. ¡Ah!, si te inscribes en el partido Anti-PowerPoint y te interesa profundizar en el tema, tendrás un importante descuento en el libro de Matthias Poehm, The PowerPoint Fallacy, del que puedes ver el siguiente vídeo.

Y tú ¿qué opinas? ¿Crees que hay vida más allá del PowerPoint? ¿Qué otras alternativas utilizas para hacer las presentaciones más atractivas?

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