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El Ayuntamiento de Girona lanza por primera vez una convocatoria abierta para elegir la imagen inspirada en el Tarlà. La iniciativa se presenta como un gesto de apertura cultural, pero plantea dudas habituales en el sector: trabajo creativo sin garantías y una dotación que difícilmente cubre el encargo profesional completo.

El Ayuntamiento de Girona ha anunciado la apertura, por primera vez, de un concurso público para seleccionar el cartel de las Festes de Primavera 2026. El plazo para presentar propuestas es hasta el 13 de marzo a las 12.00 h. El tema deberá inspirarse en la figura del Tarlà, uno de los personajes más emblemáticos de la cultura popular gerundense, y en el universo simbólico y festivo que lo rodea.
La propuesta ganadora recibirá una dotación económica de 1.000 euros y su obra será utilizada como cartel oficial y como base para los elementos de difusión y comunicación pública de las fiestas.
Sobre el papel, la iniciativa se presenta como una apuesta por “abrir aún más las Festes de Primavera al conjunto de la ciudadanía”, en palabras del teniente de alcalde y concejal de Cultura, Quim Ayats Bartrina. La voluntad declarada es reforzar el carácter cultural y popular del evento. Sin embargo, más allá del discurso institucional, el modelo elegido vuelve a activar una fórmula ampliamente cuestionada en el sector del diseño: el concurso abierto con premio único.
Un premio único para múltiples propuestas
El concurso está dirigido a artistas visuales y diseñadores gráficos profesionales, mayores de edad, que podrán participar de forma individual o colectiva con una única obra original e inédita. La selección se basará en criterios como el valor artístico intrínseco —originalidad e innovación—, la adaptabilidad a los soportes de edición y la coherencia con el motivo del cartel.
El problema no está en los criterios ni en la temática, sino en la estructura económica del encargo. El sistema implica que decenas de profesionales desarrollen propuestas completas —concepto, ilustración o diseño finalizado, composición adaptada a cartel— sin garantía de remuneración, salvo para una única candidatura.
En la práctica, el Ayuntamiento obtendrá una pluralidad de soluciones creativas ya resueltas por 1.000 euros. El resto de trabajos, aunque hayan supuesto horas de conceptualización, bocetado y producción, no recibirán compensación alguna. Es el esquema clásico del concurso especulativo: se produce el trabajo antes de que exista un encargo formal remunerado.
La cifra tampoco es menor. Mil euros deben cubrir no solo la creación de la pieza, sino la cesión de derechos para su uso como imagen oficial y su adaptación a diferentes elementos de comunicación pública. Si se considera el tiempo de trabajo profesional, los costes indirectos y la responsabilidad de representar institucionalmente a una ciudad en uno de sus eventos culturales más emblemáticos, la dotación resulta difícilmente sostenible como tarifa de mercado.
Profesionalización y discurso público
El Ayuntamiento subraya que el concurso está abierto a profesionales. Es decir, no se trata de una convocatoria amateur o estudiantil, sino dirigida explícitamente a diseñadores y artistas visuales que ejercen su actividad de forma profesional. Esta precisión añade una capa de contradicción: se apela a la profesionalización, pero se articula un modelo que no garantiza condiciones profesionales para la mayoría de participantes.
La presentación electrónica también responde a una lógica contemporánea de gestión administrativa: registro en la sede electrónica, obtención de número de entrada y envío anónimo de los archivos mediante servicios de transferencia. El anonimato busca asegurar imparcialidad en la evaluación, pero no modifica la estructura especulativa del proceso.
El caso de Girona no es aislado. En los últimos años, múltiples ayuntamientos y entidades culturales han optado por convocatorias abiertas con premio único para resolver identidades visuales de fiestas mayores, campañas institucionales o eventos culturales. El argumento suele ser similar: fomentar la participación ciudadana, dar visibilidad al talento local y abrir procesos tradicionalmente adjudicados de forma directa.













