En lo que iba a ser una visita fugaz a nuestra redacción, secuestramos a Eduardo del Fraile para que nos contara cómo un diseñador se convierte en su propio cliente. Y cómo una historia de proyectos propios desemboca en el lanzamiento al mercado de un producto de éxito.
Es algo habitual en cualquier estudio crear tus propios proyectos, desde una edición de camisetas para el verano a unas agendas personales de promoción. Es verdad que desde hace unos 15 años aproximadamente el estudio empezó a trabajar en una serie de proyectos que eran paralelos por las inquietudes que yo tenía. Por ejemplo, el libro En ruta solidaria a Mauritania. El libro recogía el reportaje fotográfico de un grupo de voluntarios que fuimos a Mauritania a entregar material médico proveniente de hospitales de España y que podía reutilizarse allí. Por aquel entonces hacía mucho diseño editorial y la idea era siempre por qué no ayudar a este proyecto humanitario con un libro. A raíz de ese libro que luego salió a la venta y su recaudación fue a una ONG llamada Amami me di cuenta de que había una posibilidad de hacer cosas que luego repercutían en la vida de las personas. Podía haber sido solo un libro estético o funcional, un buen libro de fotografía, y podía haberse quedado ahí. Pero luego el libro se puso a la venta, y sus beneficios se destinaron a esa ONG.