En la era digital, situaciones cotidianas se convierten en espejos de desafíos mayores, revelando la persistente brecha generacional ante las nuevas tecnologías. Sin embargo, la aparición de los "grandfluencers" marca un cambio positivo y esperanzador, demostrando que la adaptación tecnológica no tiene límites de edad.
Recientemente, en un céntrico restaurante de Madrid, presencié una situación tan nimia como reveladora. Una pareja de señoras de avanzada edad se enfrentaba a serias dificultades para consultar el menú digital del establecimiento. Este pequeño incidente, lejos de ser trivial, destaca un problema más amplio: la brecha digital intergeneracional. Una de las señoras no poseía un teléfono móvil y la otra no sabía cómo usarlo, y el restaurante no contaba con carta física, evidenciando cómo la digitalización puede aislar a ciertos grupos, especialmente a las personas mayores.