La empresa pública ha convocado un concurso para seleccionar la fotografía o ilustración que protagonizará la emisión oficial del sello conmemorativo del centenario del edificio de Correos de Zaragoza, prevista para octubre de 2026. El diseño ganador se utilizará en una pieza filatélica oficial, pero la retribución prevista en las bases se limita a un pliego de sellos valorado en 25 euros y un kit de merchandising de la compañía, una condición difícil de justificar en una convocatoria promovida por una institución como Correos.
Correos ha puesto en marcha un concurso para elegir la imagen del sello conmemorativo del centenario de su edificio de Zaragoza, situado en el Paseo de la Independencia. La convocatoria forma parte del programa de actividades con el que la empresa pública celebrará durante 2026 los cien años de este inmueble, inaugurado en 1926, y fija como objetivo escoger el diseño que ilustrará la emisión filatélica prevista para el próximo mes de octubre.
Las bases recogen que las propuestas deberán ajustarse a la temática «Efemérides. 100 años edificio de Correos Zaragoza» y podrán presentarse en forma de fotografía o ilustración original. En el caso de las fotografías, Correos exige archivos a 600 ppp en formato jpg o rac y recuerda que no podrán aparecer caras ni personas reconocibles, ya que en los sellos no pueden figurar personas vivas. Para las ilustraciones u otras expresiones plásticas, el envío deberá realizarse en PDF editable. El formato, además, podrá ser tanto vertical como horizontal.
El plazo de participación permanece abierto hasta el 26 de abril y la mecánica prevista se desarrollará en dos fases. Primero, entre el 27 y el 30 de abril, un jurado realizará una preselección de diez diseños atendiendo al cumplimiento de los requisitos, la coherencia con el tema y la calidad de las propuestas. Después, el 4 de mayo, ese mismo jurado elegirá la obra ganadora por mayoría. Según las bases, ese órgano estará formado por personal de la Comisión del Centenario y por profesionales de Relaciones Institucionales y Filatelia de la propia compañía.
Hasta ahí, la convocatoria podría leerse como una acción cultural más dentro del calendario conmemorativo de Correos. El problema aparece al llegar al premio. Porque la obra elegida no se quedará en una acción local, en una exposición escolar o en un ejercicio participativo sin mayor recorrido. El diseño ganador será utilizado para editar una emisión oficial de Correos, es decir, una pieza institucional real, pública y destinada a circular como sello conmemorativo. Y, sin embargo, la compensación prevista consiste en un pliego de sellos valorado en 25 euros y un kit de merchandising con artículos como camiseta, sudadera o calendario. Las propias bases especifican, además, que el premio no podrá canjearse por su valor económico.
Ese es el punto que convierte esta convocatoria en algo más que una simple nota de agenda. No se trata solo de que Correos pida una fotografía o una ilustración para celebrar un aniversario. Se trata de que una institución pública de primer nivel, con capacidad de producción, estructura y presupuesto, recurra a un concurso abierto para resolver una necesidad de comunicación visual oficial ofreciendo a cambio una compensación prácticamente simbólica. Dicho de otro modo: un trabajo que tendrá uso institucional, visibilidad pública y valor representativo se remunera con un pequeño lote de productos corporativos y 25 euros en sellos.
Un sello oficial resuelto como si fuera una acción amateur
La paradoja resulta aún más llamativa por la propia naturaleza del encargo. Un sello no es una pieza menor. Condensa relato, identidad, memoria gráfica y representación institucional en un formato mínimo, con todas las exigencias de síntesis, legibilidad y eficacia que eso implica. Más aún cuando se trata de una emisión conmemorativa vinculada a un edificio histórico y a una efeméride redonda como un centenario. Precisamente por eso sorprende que Correos traslade ese trabajo al terreno del concurso abierto en lugar de encargarlo de manera profesional.
Las bases, de hecho, detallan requisitos técnicos, condiciones de entrega, calendario y sistema de evaluación con bastante precisión. También dejan claro que solo se admitirá un diseño por participante y que Correos podrá hacer ajustes, cambios de tamaño o utilizar partes del diseño ganador para adaptar el resultado final del sello. Es decir, la compañía define con claridad el uso real y la utilidad concreta de la propuesta seleccionada. Lo que no aparece a esa altura de exigencia es la retribución.
Lo llamativo no es solo el premio, sino quién convoca
En los últimos años el sector del diseño se ha acostumbrado a detectar este tipo de dinámicas en ayuntamientos pequeños, fiestas locales, certámenes culturales o convocatorias improvisadas. Lo verdaderamente llamativo aquí es que quien plantea este modelo es Correos. No una asociación sin recursos. No una comisión vecinal. No un evento marginal. Correos.
Que sea precisamente la empresa postal pública la que plantee una convocatoria para resolver la imagen de una emisión oficial con un premio de 25 euros en sellos y un kit de merchandising dice bastante del lugar que todavía ocupa el trabajo creativo dentro de muchas instituciones. Porque la cuestión ya no es solo económica. Es también simbólica. El mensaje que transmite una convocatoria así es que una pieza profesional, destinada a representar públicamente una efeméride institucional, puede obtenerse mediante una llamada abierta y retribuirse con un obsequio.
Correos presenta la iniciativa como parte de su compromiso con la cultura, la filatelia y la conexión con la sociedad. Y seguramente esa es la lógica con la que la compañía quiere envolver la convocatoria. Pero una cosa es abrir una celebración a la participación ciudadana y otra muy distinta convertir esa participación en la vía para resolver un trabajo creativo con uso institucional efectivo. Ahí es donde la operación deja de parecer entrañable y empieza a resultar, sencillamente, inaudita.
En un momento en el que tantas instituciones llenan sus discursos de palabras como creatividad, talento, cultura visual o apoyo al sector, cuesta no leer esta convocatoria como un síntoma. Si hasta Correos entiende que la imagen de un sello oficial puede resolverse así, con premio simbólico y lógica de concurso abierto, el ninguneo ya no es una anomalía. Es un sistema.
