El Centre del Carme Cultura Contemporània presenta Letra y compás, la última exposición de Chema Madoz, Premio Nacional de Fotografía, una muestra en la que el artista madrileño conecta por primera vez dos de sus grandes obsesiones creativas: la música y los libros. La exposición reúne medio centenar de fotografías y podrá visitarse en el Centre del Carme Cultura Contemporània hasta el próximo 18 de mayo.

Producida por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y comisariada por Juan Pedro Font de Mora, la muestra propone un recorrido por la poesía visual de uno de los fotógrafos españoles con mayor proyección internacional. Objetos cotidianos, transformados mediante asociaciones inesperadas, se convierten aquí en metáforas visuales que dialogan con el ritmo, el silencio y la palabra escrita.
La exposición presenta imágenes ya icónicas dentro del universo de Madoz: partituras tejidas en telares, animales que adoptan formas musicales, instrumentos convertidos en objetos inquietantes o libros que se transforman en espejos, escaleras o paisajes imposibles. Fotografías que, sin recurrir a la manipulación digital, construyen un imaginario donde lo real y lo poético conviven en un delicado equilibrio.
Durante la presentación, el director-gerente del Consorci de Museus, Nicolás Bugeda, destacó que la exposición supone “una oportunidad de acercarse a la obra de uno de los fotógrafos españoles más importantes del momento”, subrayando la capacidad de Madoz para conectar con públicos muy diversos a partir de elementos reconocibles de la vida cotidiana. “Convierte lo cotidiano en poesía y nos invita a mirar desde otra perspectiva”, señaló.

Una sala convertida en partitura
Uno de los aspectos más singulares de Letra y compás es su montaje expositivo. La sala del Centre del Carme se transforma en un gran pentagrama en el que las fotografías se disponen a distintas alturas, como si fueran notas musicales suspendidas en el espacio. El recorrido se completa con frases vinculadas a la música y la literatura, generando una especie de sinfonía visual que envuelve al visitante.
Según explicó el comisario, esta puesta en escena refuerza la idea de Madoz como “constructor de imágenes”. Objetos imposibles que, pese a su apariencia surrealista, existen físicamente y son fotografiados tal cual, sin trucos ni engaños. Una aproximación que adquiere especial relevancia en un contexto dominado por la imagen digital y la manipulación tecnológica.
La exposición también pone el foco en la relación de Madoz con el mundo editorial. En los últimos años, su trabajo ha estado estrechamente vinculado a los libros, tanto como motivo visual como a través de colaboraciones con escritores y editores. De esa relación surgieron proyectos como Fotopoemario (La Fábrica, 2004), realizado junto a Joan Brossa, una figura con la que compartió una sensibilidad cercana, aunque desde lenguajes distintos.
Letra y compás se plantea, en definitiva, como un homenaje cruzado a la música y a la literatura, pero también como una reflexión sobre la imagen, el objeto y la capacidad del arte para resignificar lo cotidiano. Una exposición que confirma la vigencia de la mirada de Chema Madoz y su capacidad para seguir sorprendiendo sin renunciar a la coherencia de un lenguaje propio y reconocible.















