La convocatoria, denunciada por Gràffica por pedir el diseño de un packaging comercial a cambio de 1.000 euros, un bono de consumo y una experiencia de hotel, será revisada tras la intervención de la Asociación Andaluza de Diseñadores.

Casa Kiki ha decidido poner en pausa la convocatoria que pedía diseñar la caja y la bolsa de una edición especial de sus palmeras tras las críticas recibidas por parte de la comunidad creativa. La decisión llega después de que Gràffica denunciara públicamente las condiciones de las bases, que convertían lo que parecía un encargo profesional de packaging en un concurso abierto con un premio de 1.000 euros, un bono de consumo en Casa Kiki y una experiencia en el hotel AC Málaga Palacios.
La convocatoria original, impulsada por Casa Kiki, LCAmálaga y AC Málaga Palacios, solicitaba una propuesta gráfica para una caja y una bolsa que serían utilizadas como pack de bienvenida para huéspedes del hotel y también como edición especial destinada a puntos de venta selectos, entre ellos el propio hotel y el stand de Vialia María Zambrano. Es decir, no se trataba de una pieza sin uso comercial, sino de un packaging real para un producto que iba a venderse, regalarse y utilizarse como herramienta promocional.
Tras la polémica, la organización ha publicado un comunicado en el que anuncia: «Ponemos en pausa esta convocatoria. Tras escuchar a la comunidad artística y a la comunidad de diseñadores gráficos, queremos aclarar que esta convocatoria va dirigida exclusivamente a artistas e ilustradores». También pide disculpas «por la confusión generada en la redacción inicial de las bases» y anuncia que procederá a actualizar y aclarar el documento.
La organización agradece además a la Asociación Andaluza de Diseñadores su «asesoramiento y ayuda en este proceso de aclaración». La intervención de la AAD resulta relevante porque sitúa el debate en el lugar adecuado: no se trata solo de una mala redacción, sino de cómo se plantean este tipo de convocatorias cuando afectan a trabajos creativos con aplicación comercial directa.
La aclaración, sin embargo, abre nuevas preguntas. Si la convocatoria va dirigida «exclusivamente a artistas e ilustradores», ¿las condiciones sí serían aceptables? ¿El problema desaparece cuando el trabajo no lo realiza un diseñador gráfico, sino un artista o un ilustrador? Porque las bases originales pedían una propuesta gráfica aplicada a packaging, con caja, bolsa, adaptación técnica, mockups y uso posterior en puntos de venta y acciones promocionales. Cambiar la etiqueta profesional del destinatario no cambia la naturaleza del encargo.
El fondo del asunto sigue siendo el mismo: una empresa necesita una solución visual para presentar, vender y promocionar un producto. Eso puede resolverlo un diseñador, un ilustrador o un artista, pero en cualquiera de los casos se trata de trabajo profesional. Y el trabajo profesional no debería plantearse como una competición abierta donde solo una persona cobra y el resto entrega propuestas sin remuneración.
La pausa de la convocatoria demuestra que la presión del sector puede tener efecto. Ahora queda por ver si la actualización de las bases corrige el problema real o simplemente reformula el lenguaje para desplazar el conflicto. Porque el debate no está en si la pieza la hace un diseñador, una ilustradora o un artista local. El debate está en si es aceptable pedir trabajo creativo a través de concursos. ¿Por qué simplemente no encargar el trabajo a quien crean conveniente sin hacer concursar a nadie? ¿Cuando casa Kiki compra la leche para sus pasteles también hacen un concurso?













