En Poor things, la película de Giórgos Lánthimos, los personajes salen a explorar la ciudad en un extraño coche motorizado. El vehículo es un frankenstein, como lo es Bella Baxter, la protagonista, y como lo son los animales con los que convive.
Es un híbrido entre el pasado y el futuro; un coche clásico al uso, pero con una cabeza postiza de caballo en el frontal. Esa cabeza es un vestigio de una realidad anterior, el recordatorio que aún necesitamos para no asustarnos ante una invención radicalmente nueva.