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Jordi Siscart, artista y director creativo que firma como Oniric Voltage, ha ganado el 1er premio en la categoría Sci-Fi & Fantasy (Image Project) de los AI Design Awards 2025 con ScifiNoveau: The Ornament of the Machine, una serie que cruza imaginario de ciencia ficción con el lenguaje ornamental del Art Nouveau y ecos barrocos.

El proyecto, desarrollado durante los dos últimos años, plantea la IA generativa como herramienta de dirección de arte y no como atajo: composición, coherencia estética y sistema visual antes que fuegos artificiales.
La pieza premiada —inscrita dentro de la subcategoría “Robots & Animorph”— forma parte de una colección de retratos y “tótems mecánicos” donde bordados, circuitería dorada y armaduras ceremoniales convierten la máquina en icono: no tanto un dispositivo útil como un objeto de devoción. Esa idea, casi religiosa, es el corazón conceptual del trabajo: reimaginar la relación con la tecnología como una alianza “sagrada” más que utilitaria.

Un premio que habla de industria, pero también de método
Los AI Design Awards nacen con una ambición clara: dar visibilidad a proyectos creados con IA —y a quienes los firman— en un momento en el que el campo se ha llenado de imágenes impactantes, sí, pero también de ruido. La propia organización insiste en la intersección entre creatividad y herramientas de IA, y en la idea de comunidad y plataforma internacional.
En ese contexto, el reconocimiento a ScifiNoveau tiene interés para una lectura desde el diseño y la dirección de arte, porque el proyecto no se presenta como “mira lo que hace la IA”, sino como “mira lo que puede hacer un sistema visual cuando la IA entra en un proceso controlado”. Es una diferencia pequeña en apariencia, pero enorme en resultados: pasar del resultado aislado a una serie con identidad.
Los propios AI Design Awards, tal como los han contado medios generalistas y especializados en imagen, vienen subrayando precisamente esa tensión: la competición premia imágenes, pero el debate real ya no es si una pieza “impresiona”, sino si sostiene una intención, una narrativa y una decisión estética consistente.

ScifiNoveau: cuando la máquina se viste de ornamento
En la descripción oficial del proyecto, Siscart define ScifiNoveau como una investigación visual de largo recorrido bajo el marco Oniric Voltage, con dos años de desarrollo. El punto de partida es una convergencia que, en manos torpes, podría quedarse en “mezcla de estilos”: ciencia ficción por un lado; Art Nouveau y barroco por otro. Pero aquí la operación va más allá del collage. La serie construye personajes que parecen pertenecer a una misma cultura visual: figuras humanoides y entidades mecánicas tratadas con la misma gramática formal, como si fueran parte de un panteón común.
Hay un detalle que funciona como pista del enfoque: el texto habla de “retratos” y de “tótems”. No son meros “robots bonitos”. Son representaciones casi litúrgicas, con una puesta en escena donde el ornamento no es decoración, sino estructura. El bordado, la filigrana, el dorado, la armadura ceremonial y la circuitería aparecen como un mismo material simbólico. Esa continuidad es clave para entender por qué la serie se lee como una identidad visual coherente y no como un conjunto de imágenes sueltas con estética similar.
Y luego está la tesis: convertir la tecnología en “extensión del alma”, preguntarse dónde está la línea entre creación y adoración. En 2026, con la IA normalizada en flujos creativos, la idea puede sonar poética; pero también es incómoda. Porque desplaza el debate de la herramienta al vínculo. Si la máquina ya no es solo útil, sino deseada —bella, venerable, casi sagrada—, entonces el diseño deja de hablar solo de funcionalidad y entra en el territorio de la mitología.

Desde la perspectiva de un medio como Gràffica, lo interesante no es tanto el “tema sci-fi” como el tipo de decisión estética: recuperar una estética histórica (Art Nouveau) no como nostalgia, sino como sistema formal de producción de coherencia. En otras palabras: el ornamento como regla, no como filtro.
Lo que Siscart sugiere —y que encaja con debates actuales sobre IA en diseño— es que la dirección de arte no desaparece cuando entra la IA; se vuelve más exigente. Si la IA tiende a proponer variaciones infinitas, la tarea del director de arte es poner límites: decidir qué entra y qué no, qué rasgos definen el universo, qué elementos son constantes y cuáles pueden mutar sin romper la identidad.
El resultado premiado se puede ver en la galería oficial de ganadores de 2025, donde aparece como 1st Place de Sci-Fi & Fantasy, con la ficha completa del proyecto y la serie de imágenes asociadas.
Además, el propio autor ha comunicado el premio en redes sociales, reforzando la idea de que detrás hay una inversión de tiempo en construir “lenguaje visual” y base conceptual, no solo en generar imágenes.















