El diseño se ha convertido para las grandes empresas en un eje central de sus estrategias

El diseño se ha convertido para las grandes empresas en un eje central de sus estrategias. Y no nos referimos para contratarlo cuando lo necesitan, sino para incluirlo de forma normal en la estructura empresarial. A nivel estratégico, el diseño es un gran aliado. Ejemplos de esta apusta por el diseño son Google, Facebook y recientemente Accenture que hace unos días adquiría la empresa de diseño Fjord.
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Accenture Fjord

Cualquiera que se dedique al diseño sabe lo importante que esta disciplina es para una empresa, incluso más que muchas de las partes, aparentemente, fundamentales. Las grandes corporaciones hace tiempo que se han dado cuenta de ello y ahora empiezan a fusionarse, adquirir o fagocitar a las empresas de imagen y comunicación que les van a ayudar a mejorar. Pero no solo para ellas mismas, sino también para sus clientes. Ofrecer diseño inmerso en los servicios tradicionales supone un aumento en el valor de la compañía.

Accenture, una de las grandes consultoras mundiales, anunció hace unos días que estaba adquiriendo la empresa de diseño Fjord. «Se trata de ayudar a nuestros clientes a transformar sus negocios en servicios digitales», dice Baiju Shah, director gerente de Accenture en declaraciones para el magazine Wired. Y  subraya: «Nuestros clientes están descubriendo que el crecimiento no se alcanza solo con el uso de herramientas tradicionales».

Accenture interactive, que es donde se va a integrar Fjord, quiere incorporar el diseño en su funcionamiento como empresa e influenciar a sus clientes en todos los aspectos del diseño para móviles, del que son especialistas Fjord, y de ese modo aportar este aspecto dentro de lo que es el branding corporativo.

Esto que aparentemente podría ser una anécdota se está convirtiendo en habitual. Google y Facebook han comprado empresas vinculadas al diseño, Mike y Maaike y Hot Studio, respectivamente.

Está claro que el diseño se ha convertido para las grandes empresas en un eje central de sus estrategias, y no para contratarlo cuando lo necesitan sino para incluirlo de forma normal en la estructura empresarial. «Invertir en diseño y hacerlo parte de la empresa es algo sostenible, es algo a largo plazo y supone un elemento más de confianza para los clientes», apunta el CEO de Fjord Olof Schybergson. Aunque también dice que ahora todo se está derivando hacia la experiencia del usuario o del cliente, lo que llaman UX.

Adobe también hizo una gran inversión por impregnar su marca con el sector diseño comprando Behance, porque aunque la marca de software está ligada al sector no parecía contagiarse de la creatividad de los diseñadores. Ahora, de algún modo, quiere estar dentro o –al menos– a su lado.

De alguna manera las empresas se han dado cuenta que el diseño está en todas partes y que la gente nota cuando las cosas están bien diseñadas (¡aleluya!) y por ello las grandes compañías lo están integrando como una parte más de la empresa y están empezando a contratar talento en este ámbito.

«Creo que hay una conciencia real del valor del diseño en los últimos diez años», declara Karl Heiselman, CEO de Wolff Olins. «El resultado es que estamos viendo a empresas poniendo a diseñadores como jefes de grupo». Está claro que las habilidades creativas son importantes en el liderazgo de grupos, pero también a nivel estratégico, el diseño es un gran aliado.

En España Xènia Viladas lo explicaba de forma excepcional en Diseño rentable (Index Book 2009). «El diseño es lo que confiere personalidad al producto; interviene desde su concepción hasta su comercialización, creando un continuum de sentido basado en los valores que representan a la empresa y la hacen única. […] El diseño no puede prosperar en la empresa de forma aislada. Es necesario que se ponga en relación estrecha con las demás áreas funcionales, y por lo tanto es importante que el diseño se venda internamente».

Ojalá esta ola inspiradora de las grandes multinacionales contamine o ayude a las empresas a quitarse la visera y por fin ver que los diseñadores no somos un gasto, ni un valor añadido, sino sus compañeros de viaje imprescindibles.