El artista visual español ha creado una serie de ocho piezas generadas con inteligencia artificial que reinterpretan el imaginario andaluz desde un lugar incómodo y fascinante: entre la postal turística, el rito popular, el sueño surrealista y la campaña institucional que nunca existió.
Hay imágenes que parecen venir de una campaña de turismo. Otras, de una pesadilla barroca. Algunas podrían ser una estampa religiosa, un anuncio de perfume, un videoclip, una procesión descompuesta o un recuerdo familiar pasado por una máquina que no entiende del todo lo que está mirando. En esa zona ambigua se mueve ANDALUCÍA, la serie audiovisual de YZA Voku que está circulando en Instagram como una pequeña anomalía visual: ocho piezas, una por provincia, construidas con inteligencia artificial y reunidas bajo una misma intuición estética.
El proyecto no presenta Andalucía como una postal limpia, soleada y reconocible. La desplaza. La retuerce. La vuelve más extraña, más artificial y, precisamente por eso, en algunos momentos, más cercana. Hay mantillas, vírgenes, patios, cuerpos, caballos, frutas, trajes, habitaciones, paisajes y símbolos que reconocemos sin necesidad de que nadie los explique. Pero aparecen fuera de sitio, suspendidos en una lógica casi onírica, como si el folclore hubiera atravesado una pantalla y regresara convertido en otra cosa.
Cuando se le pregunta por el origen de la idea, YZA Voku lo resume de una forma casi programática: «Andalucía ya existe demasiado. Está en los carteles, en los souvenirs, en la voz impostada de quien nunca ha estado… Lo interesante no es representarla, sino deformarla hasta que deja de ser reconocible… y entonces, curiosamente, vuelva a serlo».
Ahí está, quizá, la clave del proyecto. La serie funciona como una especie de campaña institucional imposible. Una Andalucía promocional, sí, pero sin eslogan turístico, sin mirada complaciente y sin la obligación de vender una experiencia amable. Lo interesante está precisamente ahí: en que las imágenes parecen conocer los códigos de la comunicación territorial —la emoción, la pertenencia, el orgullo, la identidad visual—, pero los utilizan desde un lugar mucho más libre, más oscuro y más contemporáneo.
YZA Voku, que mantiene su identidad en el anonimato, lleva años trabajando en la intersección entre inteligencia artificial, dirección de arte y narrativa audiovisual. Su universo visual se ha asociado a una estética marcada por el rojo, la iconografía tradicional, el contraste entre lo orgánico y lo sintético y cierta voluntad de desmembrar imágenes que forman parte de la memoria colectiva.
En ANDALUCÍA, la inteligencia artificial no aparece como simple herramienta de producción rápida, sino como parte del propio conflicto visual. La máquina permite exagerar los símbolos, contaminarlos, llevarlos a un territorio en el que lo popular se vuelve casi espectral. El resultado no es exactamente una celebración ni una parodia. Tampoco una crítica frontal. Es más bien una reinterpretación: una mirada que toma materiales reconocibles y los devuelve convertidos en escenas de un imaginario nuevo, a medio camino entre el videoclip, el cine experimental, la moda, el archivo etnográfico inventado y la publicidad que todavía no se ha atrevido a existir.
El propio artista aclara que el proceso no nace del azar absoluto ni de una simple acumulación de imágenes generadas por IA. «Hay intención, guion y proceso. ¿Desacralizar? Quizá. Pero no desde la burla, sino desde la saturación. Cuando repites un símbolo con frecuencia, se vacía solo».
Esa frase explica muy bien el tono de la serie. No hay una voluntad de ridiculizar el imaginario andaluz, sino de tensarlo hasta que aparecen sus costuras. En una cultura visual donde determinados territorios han sido convertidos una y otra vez en marca, en postal, en decorado o en cliché, la repetición acaba teniendo algo de desgaste. La IA, en este caso, no inventa de cero: parece trabajar sobre una memoria ya saturada de imágenes.
La pregunta inevitable es si una campaña así podría ser real. Si una institución pública se atrevería a presentar Andalucía desde un lenguaje tan artificial, tan ambiguo y tan poco domesticado. YZA Voku no parece tenerlo demasiado claro. O quizá lo tiene clarísimo: «Seguramente no. Una campaña busca convencer. Esto no quiere convencer a nadie. Aun así, sería curioso verlo. Si todo el mundo estuviera cómodo sería una campaña».
Probablemente ahí reside parte de su fuerza. La serie parece funcionar porque no tiene que rendir cuentas a un comité, a una estrategia de marca territorio o a la necesidad de gustar a todo el mundo. Puede permitirse algo que la comunicación institucional casi nunca se permite: incomodar un poco.
Y, sin embargo, hay algo profundamente reconocible en estas piezas. No porque reproduzcan Andalucía con fidelidad documental, sino porque trabajan con sus fantasmas visuales. Con sus excesos, sus rituales, su teatralidad, su intensidad cromática, su relación con lo sagrado y lo profano. La IA, en este caso, no borra el territorio. Lo convierte en una pregunta.



La serie completa está formada por ocho capítulos y tiene una duración total aproximada de 10 minutos. Por ahora, el proyecto se centra en Andalucía, aunque la posibilidad de llevar esta lógica visual a otros territorios queda abierta. «Quién sabe… Andalucía funciona porque ya es un icono antes de ser un lugar. Pero lo mismo podría pasar con cualquier sitio que haya sido contado demasiadas veces».
Quizá esa sea la intuición más interesante de todo el proyecto: no hablar solo de Andalucía, sino de cómo ciertos lugares son narrados hasta convertirse en una imagen de sí mismos. Y de cómo, a veces, hace falta deformar esa imagen para volver a mirarla.















