La Comisión de Hacienda e Innovación ha aprobado una moción impulsada por Compromís para que el consistorio establezca criterios sobre el uso de la inteligencia artificial generativa en la administración municipal. La iniciativa busca proteger a profesionales del diseño, la ilustración y la comunicación visual, aunque la coalición reclama que el sector participe de forma directa en la definición de esas normas.

El Ayuntamiento de València deberá incorporar criterios específicos sobre el uso de la inteligencia artificial en sus procedimientos internos y en las futuras políticas municipales de innovación. La Comisión de Hacienda e Innovación ha aprobado una moción presentada por Compromís con el objetivo de regular el uso de herramientas de IA generativa y evitar que su implantación perjudique al sector profesional del diseño, la ilustración y la comunicación visual.
La propuesta, registrada por el concejal Pere Fuset, planteaba inicialmente que el Consejo Local del Diseño elaborara una guía propia de criterios para el uso de la inteligencia artificial dentro del Ayuntamiento. El gobierno municipal, formado por PP y Vox, ha optado finalmente por derivar la cuestión al Comité de Ética y Gobernanza de la Inteligencia Artificial (CEGIA), el órgano técnico encargado de valorar este tipo de cuestiones dentro del consistorio. Ese comité deberá estudiar los criterios planteados e incorporarlos, en su caso, a la futura Política de Gobernanza de la Inteligencia Artificial del Ayuntamiento de València. La propuesta resultante será elevada posteriormente a la Junta de Gobierno Local a través de la Delegación de Innovación y Agenda Digital.

La moción llega en un momento en el que muchas administraciones públicas empiezan a utilizar herramientas de IA generativa para producir imágenes, textos, campañas, simulaciones urbanas o materiales de comunicación. Ese uso abre muchas preguntas: quién produce la comunicación pública, bajo qué criterios, con qué garantías y con qué respeto hacia los oficios que durante años han construido la imagen de instituciones, ciudades y servicios públicos.
«Lo más importante es que hemos forzado que haya reglas claras para que la incorporación de la inteligencia artificial se haga sin perjudicar a sectores creativos que son estratégicos para la ciudad», ha señalado Fuset tras la aprobación de la iniciativa. El concejal ha recordado además que València fue Capital Mundial del Diseño gracias a un ecosistema creativo formado por estudios, profesionales, escuelas, asociaciones y agentes culturales que han situado la ciudad en el mapa internacional del diseño.
La IA como herramienta, no como sustituto del criterio profesional
Desde Compromís insisten en que la iniciativa no pretende frenar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías. El objetivo, según la coalición, es que su implantación se produzca con criterios éticos, transparentes y compatibles con la defensa del empleo cualificado y de la creatividad profesional.
La regulación de la IA en el ámbito público plantea también una cuestión de responsabilidad. Si una institución utiliza imágenes generadas artificialmente, textos automatizados o piezas visuales producidas sin intervención profesional suficiente, no solo puede afectar a la calidad del resultado. También puede generar problemas de derechos, trazabilidad, sesgos, autoría, uso de bases de datos no verificadas o competencia desleal frente a profesionales que trabajan bajo presupuestos, encargos y contratos regulados.
Sin el sector, la norma quedará incompleta
«Nos habría gustado que la referencia al Consejo Local del Diseño a la hora de definir estos criterios fuera más explícita para garantizar una implicación directa de los profesionales afectados», ha explicado el concejal. Para Fuset, esa participación es clave para que la futura regulación municipal no se limite a una declaración genérica sobre innovación, sino que incorpore el conocimiento real de quienes trabajan en diseño, ilustración, comunicación visual, dirección de arte o creación de contenidos.
El caso de València puede convertirse, además, en un precedente para otras administraciones. La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de muchas instituciones, pero su incorporación se está produciendo a menudo más rápido que las normas que deberían acompañarla. Para el diseño, la ilustración y la comunicación visual, el riesgo no está solo en la herramienta. Está en que se utilice sin criterio, sin transparencia y sin escuchar a quienes conocen el oficio.
Resulta, en cualquier caso, bastante significativo que este debate haya tenido que llegar empujado desde la política y no desde los propios organismos llamados a representar y defender al sector. Que sean los partidos quienes tengan que forzar la conversación sobre los límites de la IA en el diseño, mientras asociaciones, fundaciones o espacios como el Consell del Disseny aparecen casi como actores a los que hay que reclamar participación, dice mucho del momento que atraviesan este tipo de estructuras. Su papel no debería limitarse a ser consultivo cuando el conflicto ya está sobre la mesa, sino anticiparse, marcar posición y defender con claridad los intereses profesionales de un colectivo cada vez más expuesto a la precarización tecnológica.













