La Junta Local Fallera de Carlet convoca un concurso abierto para elegir la imagen de las Fallas de 2027. El premio no solo se limita a 300 euros, sino que además deberá gastarse en los comercios del municipio. Una nueva vuelta de tuerca a los concursos especulativos de diseño: después de acostumbrarnos a trabajar gratis con la esperanza de ganar, ahora el premio ni siquiera es dinero de libre disposición.
Hay concursos de diseño cuyas condiciones resultan difíciles de justificar. Y después está el concurso del cartel anunciador de las Fallas de Carlet 2027, que ha encontrado una fórmula todavía más sorprendente: premiar el trabajo creativo con 300 euros que deberán gastarse en los comercios de la localidad. Es decir, ni siquiera se ofrece una cantidad económica que el ganador pueda utilizar libremente. El premio viene con instrucciones de consumo.
La convocatoria, organizada por la Junta Local Fallera de Carlet, está abierta a cualquier persona interesada. Los participantes deberán presentar una obra original e inédita, de temática libre, en formato A3 vertical y con las palabras «Carlet», «Falles» y «2027». El plazo termina el próximo 16 de noviembre y los trabajos deben entregarse en la recepción del Ayuntamiento, de 9.00 a 14.00 horas.
Hasta aquí, el esquema habitual de tantos concursos de carteles: una entidad necesita una imagen, convoca a la ciudadanía para que presente propuestas terminadas y elige una ganadora. Todos los demás participantes habrán dedicado tiempo y recursos sin recibir ninguna compensación. Es lo que conocemos como trabajo especulativo, una práctica que lleva décadas normalizándose en el ámbito del diseño gráfico.
Pero en Carlet han añadido un detalle que merece atención. Los 300 euros del premio no son 300 euros para pagar el alquiler, una factura, la cuota de autónomos o comprar material donde el profesional considere oportuno. Son 300 euros condicionados a consumir en determinados establecimientos. No solo se establece cuánto vale el trabajo, sino también dónde debe gastarse su recompensa.
La intención de favorecer al comercio local puede resultar comprensible como política de promoción económica. Pero utilizarla para condicionar la remuneración de una creación gráfica es otra cosa. Los diseñadores también tienen proveedores, gastos profesionales y obligaciones económicas que no necesariamente pueden resolver comprando en los establecimientos de Carlet.
Y es que parece que hemos pasado de pedir a los diseñadores que trabajen gratis a ofrecerles vales de compra como recompensa. Ya no es solo trabajar por cuatro duros. Es trabajar por unos tickets de compra. La expresión «trabajar por comida» empieza a quedarse corta como ironía.
