El Wabi-Sabi es una filosofía estética japonesa que defiende la belleza de la imperfección, el paso del tiempo y la autenticidad de los materiales. En diseño gráfico, diseño editorial y packaging, el Wabi-Sabi no funciona como un estilo visual cerrado, sino como una forma de proyectar donde el proceso, la materia y la huella del uso forman parte del resultado final. Para entender cómo se aplica hoy en el diseño contemporáneo, hablamos con el diseñador Toby Ng.
El Wabi-Sabi es una filosofía estética de origen japonés vinculada a la cultura zen y a la relación emocional con los objetos cotidianos. Su base conceptual parte de dos ideas complementarias: por un lado, wabi, asociado a la simplicidad, la naturaleza y la austeridad material; por otro, sabi, vinculado al paso del tiempo, la pátina, el desgaste y el envejecimiento natural de los objetos.
Aplicado al diseño, el Wabi-Sabi propone alejarse de la perfección industrial o digital absoluta para valorar la materia real, la textura, la irregularidad y la evolución natural de los materiales. No se trata de hacer piezas imperfectas de forma forzada, sino de aceptar que el proceso, el uso y el tiempo forman parte del resultado.
“Este diseño es un tributo a la naturaleza y la artesanía. Wabi-Sabi es una estética japonesa centrada en la aceptación de la transitoriedad y la imperfección”, explica el diseñador Toby Ng.
Qué es el Wabi-Sabi y por qué influye en el diseño contemporáneo
En el contexto actual, el Wabi-Sabi conecta con debates clave dentro del diseño contemporáneo: sostenibilidad, slow design, materialidad, producción responsable o reacción frente a la hiperperfección digital.
En diseño gráfico, editorial y packaging, el Wabi-Sabi no funciona como una tendencia estética cerrada, sino como una forma de entender el proyecto. Se traduce en decisiones concretas: elección de materiales naturales, procesos de impresión que dejan huella, composiciones menos rígidas o aceptación del error como parte del lenguaje visual.
Especialmente en diseño editorial, el Wabi-Sabi encuentra un terreno natural. El libro o la revista dejan de ser solo un contenedor de información para convertirse en un objeto físico que se toca, envejece y acumula historia. Papeles sin estucar, encuadernaciones vistas, variaciones de tinta o texturas reales forman parte del discurso visual y conceptual.
Este enfoque también se extiende al diseño de producto y al packaging, donde la honestidad material, la funcionalidad real y la experiencia sensorial cobran protagonismo frente a la estética puramente superficial.
Wabi-Sabi aplicado al diseño: el caso de Toby Ng y The Pavilia Hill
Uno de los proyectos donde Toby Ng trabaja directamente desde la estética Wabi-Sabi es The Pavilia Hill, una residencia de lujo en Hong Kong impulsada por el empresario cultural Adrian Cheng.
El proyecto se articula en tres piezas principales: diseño editorial, marca-páginas e invitaciones.
El libro se concibe como un objeto sensorial. La cubierta reproduce una textura de piedra en bruto que conecta con la escultura presente en el espacio arquitectónico. En el interior se combinan distintos sistemas de impresión y hasta diez texturas de papel diferentes, generando una experiencia material muy marcada.
En el caso de los marca-páginas, cada diseño responde a un espacio de la residencia. En la piscina, la textura del papel busca transmitir naturaleza con un acabado UV que genera reflejos similares al agua. En la sala de meditación, se utiliza estampación en caliente sobre papel japonés para generar efectos translúcidos. En el pabellón del té, los conceptos del Chado —armonía, respeto, pureza y tranquilidad— se trasladan a papeles con partículas metálicas. En el jardín paisajístico, los acabados arenosos remiten directamente a la piedra natural.
Las invitaciones se diseñaron como una caja premium bajo el concepto Serenidad arriba, un viaje de Wabi-Sabi. La pieza incorpora pinceladas abstractas del arquitecto paisajista y maestro zen Shunmyo Masuno, junto a ilustraciones florales y caligrafía original.
El interés del Wabi-Sabi en el diseño occidental responde, en gran parte, a la necesidad de recuperar una relación más honesta con los materiales, los procesos y el tiempo. En un contexto dominado por la perfección digital, el render hiperrealista o la producción visual generada por inteligencia artificial, el Wabi-Sabi funciona como contrapunto cultural.
No debe entenderse como una estética “zen” decorativa ni como una versión del minimalismo japonés. Es una filosofía que pone en valor la honestidad material, la funcionalidad real, la belleza de la imperfección y la evolución natural de los objetos.
En diseño, esto implica entender que el ciclo de vida de un objeto no termina cuando deja de ser nuevo. Empieza otra fase: la del uso, la memoria y la historia.
Porque, en última instancia, el Wabi-Sabi no es un estilo. Es una forma de entender la relación entre diseño, materia, tiempo y cultura.
