Serifalaris (Getxo) crece en programación y escala, pero mantiene intacta una de sus mayores virtudes: ser un espacio real de encuentro para la comunidad creativa. Todavía quedan entradas disponibles.
Hay festivales que funcionan por los nombres. Otros por la producción. Y luego están los que funcionan por algo más difícil de explicar: la sensación de que todo encaja. Serifalaris pertenece a esta última categoría.
En su edición de 2026, el festival da un paso evidente hacia adelante. Más programa, más espacio, más asistentes. El evento se desarrollará en el Centro de Arte, Cultura y Congresos Muxikebarri que permite ampliar el aforo más allá de las 600 personas y mejorar las condiciones técnicas.
«Es una edición superespecial para nosotros», explica Marina Goñi. «Ampliamos programa con 14 conferencias y 2 workshops, y el cambio de localización nos permite crecer en aforo y también a nivel técnico».
El crecimiento no es nuevo, pero sí más visible que nunca. «El primer año fueron tres conferencias y nos juntamos unas setenta u ochenta personas, casi entre conocidos», recuerda. «Hemos ido creciendo prácticamente duplicando aforo en cada edición». Este año, además, el festival refuerza su alcance: «Un tercio de los asistentes vendrán de fuera de Euskal Herria».
Mucho más que un festival
Serifalaris puede ser, sin demasiada discusión, uno de los mejores festivales de diseño de este país. No porque sea el más grande —no lo es— ni porque juegue a competir en espectacularidad con los grandes eventos internacionales, sino porque ha construido algo que no es tan habitual: un ecosistema.
Aquí el diseño no está aislado. Convive con otras disciplinas, con otras formas de pensar y de hacer. En el mismo programa puedes encontrar a Catalina Estrada, con ese universo vibrante que reinterpreta la iconografía latinoamericana desde el color y la simetría, o a la artista Morag Myerscough, conocida por transformar espacios públicos en experiencias colectivas a través del color y la tipografía .
También a Erik Harley, que desde el urbanismo y la crítica cultural cuestiona la lógica de la especulación y el territorio , o a Isabelita Virtual, que trabaja en la intersección entre arte, tecnología e inteligencia artificial, conectando marcas, cultura y nuevos lenguajes .
El programa también mira hacia el branding contemporáneo con estudios como & Rosàs, responsables de algunas de las plataformas de comunicación más relevantes de los últimos años , o Porto Rocha, desde Nueva York, donde estrategia y diseño se articulan en sistemas globales para marcas como Apple o Nike .
Y convive con perfiles como Pep Carrió, cuya práctica se mueve entre el diseño, la ilustración y una dimensión más artística y conceptual del pensamiento visual , o Rubio & Del Amo, que desde Murcia han construido un lenguaje propio entre la claridad formal y la cultura gráfica contemporánea .
También participará Spike Spondike, diseñadora tipográfica en Monotype, cuyo trabajo se sitúa en el desarrollo de sistemas tipográficos contemporáneos aplicados a marcas y entornos digitales. Se suma igualmente Pancho Tolchinsky, figura clave en la publicidad contemporánea en España, con una trayectoria vinculada a agencias como LOLA MullenLowe y a campañas reconocidas internacionalmente.
Incluso propuestas como Pantomima Full, que retratan con ironía los comportamientos de la sociedad actual, encuentran su lugar dentro del festival . Y eso no es anecdótico. Es parte del planteamiento.
Porque, en realidad, el diseñador no vive solo de diseño. Vive de referencias, de cultura, de música, de conversaciones que no siempre están dentro de su disciplina. Ese cruce es una de las claves del festival. La otra es más difícil de construir: la cercanía.
En Serifalaris no hay distancia real entre escenario y público. Puedes escuchar a alguien y, unas horas después, encontrártelo en un corrillo cervecero. Hablar. Contrastar. Entender mejor lo que ha contado. Y, sobre todo, comprobar que lo que sucede encima del escenario no es inalcanzable.
No hay esa sensación —tan habitual en otros eventos— de que quienes hablan pertenecen a una realidad completamente ajena. Aquí ocurre lo contrario. Muchos de los ponentes han estado antes en el patio de butacas. Han pasado por ese mismo recorrido. Y eso cambia la percepción de todo. El festival se vuelve aspiracional, sí, pero en un sentido realista. Posible.
También el público tiene algo particular. No es un público pasivo. Escucha con atención y, cuando llega el turno de preguntas —ese momento en el que en muchos eventos nadie se atreve— aquí ocurre lo contrario. Las preguntas aparecen, y suelen ser precisas, bien pensadas, con criterio.
En ese sentido, Marina Goñi lo tiene claro: «Ir a un festival fuera de tu ciudad es más que ver conferencias, es un plan de fin de semana. En este caso, conocer Getxo, sus rincones y su gastronomía forma parte de la experiencia. Si eres creativo, tienes que venir a Serifalaris aunque sea una vez en la vida».
Esa idea también se traslada al propio planteamiento del programa. Como explica Peio Atxalandabaso: «Llevamos años analizando qué conferencias conectan más con el público y tenemos claro que a los diseñadores les abre mucho más la mente escuchar a profesionales de otras disciplinas que una sucesión de estudios de diseño. Por eso nuestra propuesta es cada vez más abierta y más exigente con las personas que suben al escenario: buscamos miradas propias y algo que realmente aporte».
Además, el festival refuerza su carácter de experiencia puntual. «Serifalaris se celebra cada dos años. Es algo que debes vivir y que no se repetirá hasta 2028».
Un programa que acompaña
El viernes arranca con las acreditaciones a las 10:00 y abre con Catalina Estrada. Tras el primer descanso, toman el relevo & Rosàs y Morag Myerscough. La tarde continúa con Erik Harley, el estudio Mayice, una intervención sorpresa bajo el nombre Tza Tza Tza y cierra Pep Carrió.
El sábado comienza con Júlia Solans —ilustradora y divulgadora que ha llevado el diseño a televisión y radio— , seguida de Isabelita Virtual y Porto Rocha. Por la tarde, el programa se abre hacia otros lenguajes con el músico Raül Refree, continúa con Monotype y el dúo Pantomima Full, y concluye con Rubio & Del Amo antes de la Serifaparty.
También habrá dos talleres: uno con MUCHO, centrado en el“diseño socrático”, y otro con La Prados bajo el título “Yo tampoco sé dibujar”, además de espacios como el market, zonas de coworking y otros formatos que completan la experiencia del festival.
Crecer sin perder lo importante
El gran reto de Serifalaris no es crecer. Eso ya lo ha conseguido. El reto es mantener lo que lo hace distinto. Todo apunta a que, de momento, lo está logrando. Y luego están los detalles. Los que no salen en el programa. Las conversaciones entre conferencias. El tiempo que se alarga más de lo previsto. Incluso la comida —que aquí no es un elemento secundario— y que forma parte de esa experiencia que convierte el festival en algo más que una agenda de charlas.
Serifalaris no es solo un lugar al que ir. Es un lugar en el que estar. Y eso, en un sector lleno de eventos que se parecen demasiado entre sí, no es poca cosa.
Entradas disponibles: Serifalaris