Ruben Pater: «Todo lo que hacemos en comunicación visual puede tener consecuencias políticas»

El lanzamiento en español de Las políticas del diseño, de Ruben Pater, trae consigo una noticia doble. Por un lado, recupera para los lectores hispanohablantes un libro clave para entender que la comunicación visual nunca es neutral. Por otro, marca el inicio de Ciento Ochenta Grados, una nueva editorial independiente especializada en diseño y cultura visual desde una perspectiva crítica y teórica, dirigida por Cristina Serra. Su propósito es tan claro como infrecuente: ampliar perspectivas, fomentar la reflexión y generar debate sobre el impacto social del diseño. El libro de Pater, que interpela a diseñadores, ilustradores, fotógrafos y profesionales de la comunicación, funciona así como una declaración de intenciones. «El libro demuestra que todo es político», sostiene el autor.

Es un libro muy interesante a nivel de conocimientos sobre diseño… se lee muy bien y muy rápido. Creo que todos los diseñadores noveles deberían leerlo ya que de una lectura tienes información muy relevante sobre cosas muy básicas que hay que saber sí o sí… ¿a que tipo de público te dirigías cuando lo pensaste? ¿Quien crees que debe ser el lector ideal del libro?

El libro está dirigido a diseñadores gráficos, pero también a cualquier persona que trabaje en comunicación visual: fotógrafos, ilustradores, creadores de imágenes y profesionales del marketing y la comunicación. Escribí el libro originalmente en 2016 porque estaba buscando un libro sobre cómo diseñar para diferentes culturas, y ese tipo de libro no existía. Durante la investigación me di cuenta de que una guía de comunicación intercultural sería imposible, dada la complejidad de cada cultura, así que decidí ofrecer ejemplos y concienciar sobre estas cuestiones, haciendo hincapié en la responsabilidad de los diseñadores en cómo se percibe su trabajo.

Algunas personas, he leído en algún post en Instagram, dicen que no relacionan el título con el contenido interior, y en cierta manera es así… ¿a que se debe ese título? Uno espera como un libro más político o más sobre como el diseño afecta a la sociedad, y aunque está no es un libro ‘político’. Cual es tu intención con este libro? Que reacción estás buscando en el lector?

Cuando la gente piensa en política, suele pensar en el parlamento, las elecciones, los políticos y las leyes. Pero la política ocurre cada día a través de pequeños gestos. La idea central del libro es que todo lo que hacemos en comunicación visual puede tener consecuencias políticas. 

Elegir imágenes de mujeres muy delgadas, blancas y consideradas “bellas” para mostrar ropa en la moda puede generar problemas de salud mental, ya que proyecta estándares de belleza inalcanzables basados en cánones conservadores y eurocéntricos. Los estereotipos racistas pueden reforzar ideas racistas y visiones simplistas de las culturas. Comunicar en inglés implica que la mayoría de la población mundial no entenderá el mensaje; elegir el color rojo en China tiene un significado completamente distinto que en España, lo que puede provocar malentendidos o incluso resultar ofensivo. 

El libro demuestra que todo es político y que, por tanto, los diseñadores y creadores de imágenes tienen la responsabilidad de comprender el impacto de su trabajo.

Ahora mismo hay muchos libros sobre diseño, de todo tipo de temas… y este es un buen libro que está a mitad camino de muchos sitios, es una guía, pero también es un libro de divulgación, de pensamiento… donde situarías este libro?

Este es un libro sobre teoría de la comunicación visual que utiliza numerosos ejemplos visuales. Muchos libros de diseño asumen que existe algo así como un estándar de “buen diseño” o un estilo “universal” o “neutral”. Este es un malentendido muy persistente que proviene del movimiento moderno del norte de Europa, cuyos practicantes creían haber encontrado un estilo de diseño universal y científico.

Por supuesto, esto es absurdo: lo que realmente ha ocurrido es la dominación de Europa, a través de su poder colonial e imperial, que ha extendido este enfoque por todo el mundo, haciendo que de facto parezca universal. Hemos visto cómo este movimiento moderno del norte de Europa puede resultar problemático y limitante para los diseñadores, cuyos referentes suelen ser hombres blancos.

Para mí, esto fue una revelación, ya que en la escuela de diseño nos enseñaban que la Bauhaus era el principal ejemplo de buen diseño. Una vez entiendes la complejidad de las culturas del diseño en todo el mundo, te das cuenta de que es imposible escribir una guía única. Se pueden encontrar culturas de diseño de gran calidad en todos los países.

Por ello, prefiero que el libro ofrezca a los diseñadores una introducción ágil a la teoría de la comunicación visual. Yo no aprendí nada de esto en la escuela de arte, así que creo que, si a mí me resultó útil, también puede ayudar a otros a tomar conciencia de estas cuestiones.

Ahora mismo como ves el mundo del diseño actualmente? Crees que estamos en el mejor momento, que crecemos o todo lo contrario?

El diseño es más popular que nunca, y más personas que nunca en la historia están estudiando y ejerciendo el diseño de manera profesional. Desafortunadamente, casi toda esta energía y creatividad se utiliza para vender cosas inútiles: aplicaciones, moda rápida, bienes inmobiliarios de lujo o muebles desechables.

Mientras tanto, las noticias falsas están destruyendo nuestra confianza y el tejido social, y la manipulación visual y la inteligencia artificial se utilizan como armas en las redes sociales. Vivimos en una sociedad donde las imágenes tienen un impacto enorme; sin embargo, los diseñadores no están suficientemente implicados en garantizar que el ámbito de la comunicación visual asuma su responsabilidad.

Me gustaría que los diseñadores empezaran a trabajar realmente en proyectos de interés público, en lugar de preocuparse por tendencias o modas pasajeras.

Si tuvieras la oportunidad de decidir como político que harías que no se está haciendo en el mundo del diseño

El hecho de que los políticos tengan muy poco que decir sobre lo que los diseñadores pueden o no pueden hacer se debe a que se trata de una actividad privada y, por tanto, se considera parte del “libre mercado”. Sin embargo, muchos de los productos que se venden de este modo están sujetos a normas: los alimentos no pueden contener toxinas, los juguetes para niños deben ser seguros y no se puede comprar un arma o pornografía sin restricciones; existen leyes para todo ello.

Dado que hoy en día los medios son tan visuales, resulta extraño que las mayores plataformas mediáticas —las redes sociales de Estados Unidos— estén prácticamente sin regular. Muchas personas obtienen sus noticias a través de WhatsApp o Facebook, sin verificación de hechos ni responsabilidad alguna.

Creo que la política nacional y europea debería implicarse, ya que estas plataformas están diseñadas para ser adictivas y priorizan los contenidos controvertidos. Esto es perjudicial para nuestra sociedad y para nuestros hijos, y es precisamente aquí donde los gobiernos deberían dar ejemplo. Sin embargo, hoy en día son a menudo los propios responsables políticos quienes difunden noticias falsas para obtener rédito electoral.

Y si fuera, se que eres, un diseñador que crees que deberíamos hacer los diseñadores que no estamos haciendo… 

Organizarnos en sindicatos. Estamos acostumbrados a competir entre nosotros y existe muy poca solidaridad en el ámbito laboral. Si no unimos fuerzas, en algún momento nuestros trabajos serán automatizados por la inteligencia artificial o externalizados a otros países.

Al crear un sindicato de diseñadores, podemos frenar prácticas como las licitaciones no remunerados y las prácticas sin pagar. También podemos decidir colectivamente para qué empresas no queremos trabajar y acordar salarios justos para todos los diseñadores, no solo para unos pocos.

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