La nueva web de Renfe empieza a desvelar un proyecto de rebranding y posicionamiento de marca más amplio desarrollado por Sra. Rushmore y Rubio & del Amo, con un nuevo sistema tipográfico creado junto a Arilla Type. La compañía recupera como elemento independiente su histórico icono —la conocida «galleta»—, creado originalmente por Juan Toribio y desarrollado posteriormente por Cruz Novillo, mantiene el logotipo actual con algunos ajustes y conserva el morado, ahora en un tono más oscuro. Es la primera aproximación a una transformación de mayor alcance que se irá conociendo progresivamente.


Renfe estrena nueva web y, con ella, comienza a hacer visible una parte de un proyecto que lleva cerca de un año desarrollándose y que va bastante más allá de renovar su principal canal digital. La nueva plataforma es el primer contacto público con un trabajo de rebranding y posicionamiento que afectará progresivamente al conjunto de la compañía y a su ecosistema de marcas, productos y servicios.
El proyecto parte de una decisión que resulta especialmente relevante en una marca con más de ocho décadas de historia: no romper con lo anterior. La nueva Renfe se está construyendo a partir de una revisión de lo que ya existe, recuperando elementos que habían perdido presencia, ajustando otros y desarrollando nuevas herramientas allí donde el sistema las necesita. Más que buscar una identidad que marque una ruptura, el planteamiento ha sido actualizar una marca que sigue conservando un enorme reconocimiento.
Ese proceso coincide con la incorporación, en febrero de 2025, de Nacho Padilla como gerente de Marca y Publicidad de Renfe, un cargo de nueva creación dentro de la compañía. Padilla llegaba después de haber sido director creativo de los ayuntamientos de Madrid y Barcelona, con el cometido de trabajar sobre la coherencia y consistencia de la imagen, la marca y los mensajes de Renfe.

Su llegada ha permitido articular desde dentro un equipo amplio alrededor del proyecto y, sobre todo, trabajar con una escala temporal poco habitual en procesos de estas características. Sra. Rushmore y Rubio & del Amo participan en el desarrollo de la nueva identidad y posicionamiento, mientras que Arilla Type ha trabajado en el nuevo sistema tipográfico. El planteamiento ha sido avanzar con tiempo, investigación y coordinación entre las distintas áreas de la compañía, evitando convertir la renovación en una sucesión de intervenciones aisladas.
De hecho, el propio Padilla explicaba hace unos meses que en Renfe estaban trabajando «despacio» porque detrás existía un trabajo estratégico que requería «tiempo y profundidad». La frase ayuda a entender una transformación que no comienza con un logotipo nuevo, sino con una revisión mucho más extensa de cómo se organiza y se expresa una compañía especialmente compleja.
Entre las primeras decisiones que ahora pueden verse está la recuperación de uno de los elementos más reconocibles de la historia gráfica de Renfe: su icono circular, popularmente conocido como la «galleta». Creado originalmente por Juan Toribio y desarrollado posteriormente por Cruz Novillo, vuelve a funcionar como elemento independiente dentro de la identidad.
La recuperación no pretende ser un ejercicio de nostalgia. Forma parte de una suerte de arqueología de marca realizada durante el proceso: revisar qué se había ido dejando atrás, entender por qué y determinar qué elementos continúan siendo útiles. En un escenario ferroviario que ha cambiado con la entrada de nuevos operadores, Renfe dispone además de un patrimonio gráfico y un grado de reconocimiento que forman parte de su diferencia frente a marcas mucho más recientes.
Por eso tampoco desaparece el logotipo actual, que se mantiene con algunos ajustes ópticos, ni se abandona el morado, aunque pasa a utilizarse en una tonalidad más oscura. La lógica parece clara en estas primeras aplicaciones: evolución antes que sustitución.

La web, primera aplicación visible
La nueva web es el primer eslabón del branding que se desarrollará en los próximos meses. La plataforma ha sido replanteada para acompañar al viajero durante la búsqueda, compra y posterior gestión del billete, reduciendo pasos y haciendo más visible la información necesaria para tomar decisiones.
La búsqueda incorpora formularios más breves y facilita la comparación entre alternativas atendiendo al precio, la duración del trayecto, los servicios disponibles o la ocupación. Las tarifas muestran con mayor claridad qué incluye cada opción, qué cambios permite y cuáles son sus condiciones.
También se han revisado los mensajes de ayuda y error y las operaciones posteriores a la compra. Desde el espacio donde se almacena el billete se podrán consultar desplazamientos, modificar reservas, cambiar el titular, solicitar facturas o tramitar indemnizaciones. Servicios complementarios como el transporte de mascotas o bicicletas aparecen integrados en el proceso de compra con información sobre precios y condiciones.
Pero sería precipitado leer lo que aparece ahora en la web como la nueva identidad completa de Renfe. Es apenas la primera pieza visible de un sistema mucho mayor. El proyecto contempla una nueva arquitectura de marcas y productos, lenguaje visual, tipografía, color, señalización, libreas, espacios, entornos digitales y motion, entre otras aplicaciones.
La «galleta» funciona así casi como un teaser. Renfe empieza su transformación recuperando una pieza que ya estaba allí. Lo que falta por conocer es cómo ese patrimonio gráfico se integrará en un sistema capaz de ordenar una marca mucho más compleja de lo que puede mostrar, por ahora, una nueva web.














