¿Puede la tipografía ayudarnos a escribir de forma más inclusiva?

El estudiante suizo Tristan Bartolini crea más de 40 nuevos símbolos tipográficos para una escritura sin género. Este trabajo le ha hecho alzarse con el Prix Art Humanité de la Cruz Roja Genovesa.

No es cuestión de comenzar este artículo con debates tan manidos como aquellos de que si la función debería prevalecer sobre la forma (que sí) o que si diseñadores y diseñadoras tenemos una responsabilidad social (que también). El impacto del diseño es ubicuo de forma orgánica y aspirable; y tan artificial y cotidiano como un pelapatatas de OXO o los Derechos Humanos.

En tipografía, uno de mis ejemplos favoritos es el N’Ko, un sistema de escritura ideado por Solomana Kante en 1949 para poder escribir y transcribir las lenguas mandé de África Occidental. N’Ko significa «yo digo» en todas las lenguas mandé y es la respuesta tipográfica al colonialismo e imperialismo sufridos en África.

En una escala mucho menor, cada cierto tiempo se suceden otros intentos que cruzan diseño, lingüística y responsabiliad social. El último, por ejemplo, es The Polite Type, una fuente que sustituye palabras ofensivas por otras más inclusivas. Pero hoy vamos a hablar de un proyecto que va un paso más allá. Un proyecto que empieza en el diseño pero que busca moldear la forma en que escribimos. Si bien el inventor del interrobang no tuvo tanto éxito como yo desearía, espero que la propuesta de Tristan Bartolini tenga un impacto mayor —al menos como punto de partida de un debate transversal—.

Este estudiante de la HEAD (Ginebra, Suiza) ha recibido el Prix Art Humanité de la Cruz Roja Genovesa por su proyecto «L’inclusif-ve».

Este parte del actual debate sobre el lenguaje inclusivo que se da entre los francófonos y que también nos atañe a los hispanohablantes. Bartolini quería un tema para su trabajo fin de grado «al servicio de una causa, de acuerdo con mis compromisos y convicciones». Entonces se le ocurrió trabajar el lenguaje inclusivo desde un punto de vista tipográfico: «Me dije a mí mismo que no era solo una cuestión de lingüistas, que podíamos aportar soluciones gráficas».

El concepto es muy simple: la creación de nuevos caracteres libres de género, ligando dos o más letras. Bartolini ha unido la «e» y la «a» de Le y La, o la «p» y la «m» de père (padre) y mère (madre). Los ejemplos son múltiples (más de 40) y en francés, así que saldré ahora de este jardín pues entiendo que ya imaginas por dónde van los tiros.

La evolución de nuestro alfabeto siempre fue orgánica y natural. Por ejemplo, las minúsculas surgieron tras la aceleración de la escritura manual de las mayúsculas. Es un proceso que puede llevar décadas e incluso siglos, así que difícilmente puede forzarse. Sin embargo, el mundo busca una solución inclusiva más elegante que «tod@s» y este estudiante nos brinda una propuesta desde el diseño. Personalmente, creo que la solución pasa por la lingüística (todos / todas / todes, o similares) dado que una propuesta tipográfica solo soluciona la versión escrita del lenguaje. Pero la buena noticia es que hay camino; veremos a dónde nos lleva.

L’inclusif-ve.

Salvar vidas, la función social de la tipografía

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