Muere Jorge Frascara, el teórico que entendió el diseño como un servicio público

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El diseño gráfico ha perdido en Lucerna a uno de sus teóricos más lúcidos y coherentes. La muerte de Jorge Frascara —comunicada en las últimas horas por colegas y miembros de la comunidad del diseño— cierra una trayectoria que cambió, de forma silenciosa pero decisiva, la manera en que muchas generaciones entendieron la profesión: menos como exhibición formal y más como disciplina de servicio, orientada a la claridad, la responsabilidad y el impacto social.

Nacido en Buenos Aires en 1939, Frascara desarrolló una carrera internacional marcada por la docencia, la investigación y una práctica profesional centrada en la comunicación pública, la salud y la seguridad. Fue profesor en la University of Alberta (Canadá) hasta su retiro en 2005, institución en la que figura como Professor Emeritus. Desde los años setenta, además, su trabajo se vinculó a debates clave sobre símbolos y estándares para la información pública, un territorio donde la precisión no es un lujo sino una condición de uso.

Su influencia se consolidó también desde la esfera institucional. Frascara presidió Icograda —hoy ICoD, International Council of Design— entre 1985 y 1987, en un momento en que la disciplina buscaba definirse más allá del oficio gráfico tradicional y afirmarse como un campo con método, evidencia y responsabilidad. El propio ICoD situaba su residencia en Lucerna, ciudad suiza desde la que siguió trabajando y publicando en los últimos años.

Frascara defendió una idea sencilla y exigente: el diseño solo cobra sentido si ayuda a mejorar la interacción humana. Por eso desplazó el foco desde la estética hacia la eficacia comunicacional, el contexto de uso y la evaluación de resultados. Esa mirada atraviesa su bibliografía, especialmente influyente en el ámbito hispano. En Diseño gráfico para la gente puso en primer plano la comunicación de masa y el cambio social como campo de responsabilidad profesional. En ¿Qué es el diseño de información? insistió en la claridad como infraestructura cotidiana —la diferencia entre orientarse o perderse, entre comprender o malinterpretar—. Y en Communication Design: Principles, Methods, and Practice (2004) articuló un marco metodológico que muchos programas académicos han utilizado para enseñar a diseñar desde objetivos, usuarios y evidencia, no desde intuiciones.

En los últimos años, Frascara volvió a subrayar el componente ético del trabajo visual. Libros como El poder de la imagen reunieron reflexiones sobre cómo los mensajes circulan en el espacio público y cómo las decisiones formales participan, inevitablemente, en la conducta social. También editó el volumen Information Design as Principled Action (2015), donde la accesibilidad y la comprensión se plantean como principios —no como “extras”— del diseño de información.

Frascara no fue un teórico de frases brillantes, sino de ideas practicables. En una profesión frecuentemente seducida por el gesto, su obra recuerda que la forma es inseparable de su efecto. Nos queda un pensamiento que sigue funcionando como brújula: diseñar es responsabilizarse de lo que un mensaje hace en el mundo.

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