La instrucción oficial de la Conselleria no habla expresamente de un “recorte del 5%”, pero sí fija un sistema de plantillas para 2026-2027 y 2027-2028 que consolida primero al profesorado funcionario de carrera y deja el ajuste en los puestos no permanentes. El sindicato STEPV sostiene que esa fórmula reducirá dotaciones en los centros del ISEACV y afectará de lleno al margen para contratar interinos y profesorado externo, especialmente en másteres.

La denuncia la ha hecho pública STEPV, el Sindicat de Treballadores i Treballadors de l’Ensenyament del País Valencià, uno de los principales sindicatos del ámbito educativo valenciano. En una nota publicada el 17 de abril, el sindicato asegura que los centros de enseñanzas artísticas superiores dependientes del ISEACV sufrirán para el curso 2026-2027 una reducción aproximada del 5% en sus dotaciones. También acusa a la Conselleria de haber tomado la decisión sin negociación previa y de trasladar a los equipos directivos la gestión de un ajuste que, según su versión, no han decidido ellos. La organización puede consultarse también en su web oficial.
Hasta ahí, la parte sindical. La parte oficial es otra, y conviene leerla con calma. La instrucción de la Dirección General de Personal Docente, publicada el 31 de marzo, regula el procedimiento para fijar las plantillas de los centros adscritos al ISEACV para los cursos 2026-2027 y 2027-2028. Ese documento no utiliza la expresión “recorte del 5%”, pero sí establece cómo se reparten las horas y, por tanto, dónde recae el ajuste cuando no hay margen suficiente.
El punto clave está en cómo se organiza esa plantilla. La instrucción dice que a cada centro se le asigna un número global de horas lectivas para cubrir docencia, equipos directivos, departamentos, coordinaciones, comisiones y actividad investigadora. Después añade algo decisivo: primero se consolidan los puestos de catálogo ocupados por personal funcionario de carrera, que quedan fijados de oficio por la administración y no pueden ser modificados por los centros. Solo después se calcula la diferencia entre esas horas ya comprometidas y el total asignado. Y esa diferencia es la que determina el margen disponible para configurar los puestos de carácter habilitado, es decir, los no permanentes.
Traducido a un lenguaje menos administrativo: primero se asegura la carga docente del profesorado estable y luego se reparte, si queda margen, lo que puede sostenerse con personal no permanente. Por eso el problema no es solo una cuestión de porcentaje abstracto. El problema es que, si la bolsa total se estrecha y las plazas estructurales quedan blindadas, la parte que se encoge es la más flexible. Es decir, la de interinos, refuerzos y figuras no permanentes.
Esa es la clave de fondo. El documento no dice literalmente que “sobran interinos” o que “se elimina al profesorado externo”, pero el sistema va en esa dirección práctica. Si las horas se consumen primero con el profesorado titular, el margen para incorporar a interinos o a profesionales externos se reduce al mínimo. Y si las clases deben cubrirse prioritariamente con quienes ya forman parte de la plantilla estable, quienes quedan fuera del reparto son precisamente quienes entraban para completar necesidades docentes, reforzar asignaturas o aportar una especialización concreta.
En los másteres, además, esa consecuencia puede ser todavía más visible. Estos estudios suelen apoyarse con frecuencia en perfiles profesionales especializados que no forman parte de la plantilla ordinaria del centro. Son diseñadores, artistas o profesionales en activo que entran para impartir asignaturas muy concretas o para dar a esos programas una conexión real con la práctica contemporánea. Si el reparto de horas se cierra primero con el profesorado en plantilla y el margen restante para puestos no permanentes se reduce, la posibilidad de incorporar a esos perfiles se estrecha de forma muy clara. Dicho de otro modo: no hace falta que la norma prohíba contratar externos para que, en la práctica, los expulse del sistema. Basta con dejar sin horas el espacio desde el que se les podía incorporar.
Por eso la denuncia sindical no se limita a una cuestión laboral, aunque también lo sea. Lo que se está discutiendo aquí es qué tipo de enseñanza superior en arte y diseño puede sostenerse. Porque si el ajuste recae sobre la parte más flexible de la docencia, el efecto no solo golpea a interinos y profesorado de máster. También limita la capacidad de los centros para mantener una oferta conectada con la profesión, con especialistas y con perfiles que muchas veces aportan precisamente aquello que la plantilla estructural no puede cubrir por sí sola.
La cuestión tampoco afecta solo al empleo docente. Puede afectar también a la propia oferta académica. La instrucción oficial señala que la plantilla resultante de este procedimiento será el marco de referencia para determinar las vacantes ofertadas en los procesos de admisión de alumnado. Y añade que las plazas ofertadas en cada especialidad e itinerario deberán ajustarse, en todo caso, a la plantilla autorizada. Eso significa que, si hay menos margen de profesorado, también puede haber menos margen para sostener determinadas plazas, itinerarios o grupos.
La contradicción política resulta difícil de ignorar. El 8 de marzo, la propia Generalitat comunicó que el ISEACV había aprobado la tramitación de tres nuevas titulaciones de máster impartidas por centros superiores de enseñanzas artísticas. Es decir, por un lado se proyecta crecimiento de la oferta y, por otro, se implanta una planificación de plantillas que, según denuncia STEPV en su comunicado, reduce el margen real para sostener docencia no permanente. Más másteres, pero menos holgura para contratar a quienes a menudo hacen posible que esos másteres tengan un perfil profesional específico.













