Del rojo institucional al azul partidista: la Generalitat consuma el cambio cromático en su identidad visual

El Consell oficializa el Azul Pantone 293C como color prioritario de la identidad institucional. El giro, que ya publicamos hace un año en Gràffica, es ya visible en la web y en todos los soportes oficiales, rompe con más de cuarenta años de continuidad gráfica y reabre el debate sobre la neutralidad de los símbolos públicos.

La Generalitat Valenciana ha formalizado un cambio profundo en su identidad visual: el azul Pantone 293C pasa a ser el color prioritario del logotipo y de todas las aplicaciones institucionales. La decisión queda recogida en una resolución de la Dirección General de Promoción Institucional, fechada el 22 de diciembre de 2025, que modifica el manual de identidad corporativa y consolida un giro cromático ya plenamente visible en la comunicación oficial del Gobierno valenciano.

Según el texto, «en un contexto de reestructuración de las consellerias como el que estamos, la imagen corporativa debe reflejar las prioridades estratégicas del nuevo Consell, adaptarse a su modelo de relación con la ciudadanía y acompañar el nuevo enfoque de la acción pública». La resolución defiende el manual de identidad corporativa como una «garantía de identidad institucional única y reconocible» y justifica su actualización para «adaptarse a las nuevas estructuras de Gobierno» y «ampliar las posibilidades de uso» de la imagen institucional.

El documento concreta que «la modificación principal reside en la incorporación del color Azul Pantone 293C en el logo de la Generalitat Valenciana y en todos sus soportes y aplicaciones», y establece que este color deberá «primar en el uso de los logos y aplicaciones que se utilicen o se lleven a cabo en lo sucesivo por todos los centros directivos, organismos o entidades» que forman parte de la Generalitat. Entre los objetivos declarados figuran «evitar la dispersión gráfica y simbólica», «prevenir usos indebidos o arbitrarios de la imagen pública» y «proporcionar seguridad jurídica a los órganos gestores y a la ciudadanía al identificar con claridad la comunicación institucional».

El cambio ya es evidente en la cabecera de la web institucional, en los perfiles oficiales en redes sociales y en elementos físicos de comunicación como los atriles desde los que comparece el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, en el Palau.

Una ruptura con cuatro décadas de continuidad

La decisión supone una ruptura sin precedentes en la historia reciente de la identidad institucional valenciana. Desde la recuperación del autogobierno, el logotipo de la Generalitat —diseñado en 1984 por Daniel Nebot y Nacho Lavernia, a partir del blasón medieval de Pere el Cerimoniós— fijó el rojo Pantone 186C como color corporativo principal. Ese código cromático se mantuvo inalterado durante más de cuarenta años, atravesando gobiernos de distinto signo político sin convertirse nunca en un elemento de confrontación partidista.

No lo modificaron los ejecutivos de Eduardo Zaplana, ni los de Francisco Camps, ni los de Alberto Fabra, ni tampoco el mandato de Ximo Puig. Ni siquiera la actualización de 2018, realizada por los mismos diseñadores con motivo del 600 aniversario de la Generalitat, alteró ese principio: el rediseño simplificó la marca y modernizó el sistema, pero mantuvo intacta su lógica cromática.

El cambio actual rompe con esa tradición de estabilidad. El proceso se inicia durante la presidencia de Carlos Mazón y se culmina ahora con Juanfran Pérez Llorca, ambos dirigentes de la misma formación política, que ejecutan sin contemplaciones una transformación que ningún presidente anterior había considerado necesaria.

Identidad institucional o marca de poder

Más allá de las justificaciones administrativas, el giro al azul plantea una cuestión de fondo: la utilización de los símbolos institucionales como herramientas de identificación política. Convertir en azul la comunicación de la Generalitat no es un gesto neutro. Es una forma de marcar visualmente el poder y de diluir la frontera entre institución y partido.

El riesgo es evidente. Si la identidad visual de la Generalitat puede modificarse en función del color político del Consell, se abre la puerta a que cada cambio de gobierno conlleve un nuevo giro cromático. La identidad institucional deja entonces de ser un elemento estable y compartido para convertirse en un recurso coyuntural al servicio de quien gobierna.

Lo que está en juego no es solo una cuestión de diseño gráfico, sino la propia idea de neutralidad institucional. Un debate que, lejos de cerrarse con la aprobación del nuevo manual, acaba de abrirse.

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