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El diseñador Dani Nebot, Premio Nacional de Diseño, y el arquitecto Miguel Arraiz han sido seleccionados entre más de 1.000 propuestas internacionales para participar en la próxima edición de Burning Man con Correfoc, un proyecto incluido en el programa Honoraria, la principal línea de apoyo a grandes instalaciones del evento.
La propuesta se integra en una edición que reunirá a artistas de más de 15 países y que convierte, un año más, a Black Rock City —la ciudad efímera que emerge en el desierto de Nevada— en uno de los principales laboratorios globales de arte contemporáneo, diseño experimental y creación colectiva.
Más allá de su dimensión festiva, Burning Man se ha consolidado como un contexto de referencia para arquitectos, diseñadores y creadores interesados en procesos experimentales y participación colectiva.
Cada año, en el desierto de Black Rock, se construye desde cero una ciudad que durante una semana reúne a decenas de miles de personas. Más que un festival, funciona como un laboratorio cultural donde rigen principios como la autosuficiencia, la expresión radical, la economía del regalo y la participación.
En este contexto, la selección de Correfoc dentro del programa Honoraria da continuidad a una línea de colaboración ya existente entre Burning Man y Valencia, basada en el intercambio cultural y en una manera compartida de entender el fuego, el espacio público y la creación colectiva. La pieza se plantea así como una extensión natural de ese vínculo: una estructura viva y participativa donde el fuego actúa como lenguaje común y catalizador de comunidad.
La participación de Miguel Arraiz en Burning Man alcanza en 2026 su cuarta edición, consolidando una trayectoria continuada dentro del evento iniciada con Renaixement en 2016.
Desde entonces, su trabajo ha evolucionado a través de distintos proyectos conectados entre sí, donde investigación artística, construcción colectiva y dimensión ritual han ido trazando una misma línea. Un recorrido que tuvo uno de sus hitos más significativos con Temple of the Deep en 2025, cuando por primera vez un creador español lideró el templo central del evento.
La incorporación de Dani Nebot se suma a este proceso como una evolución natural, reforzando un intercambio cultural sostenido en el tiempo que encuentra en Correfoc un punto de madurez y continuidad.
Ritual, fuego y comunidad
Correfoc se inscribe en una tradición global: los rituales del fuego han acompañado históricamente a culturas de todo el mundo como formas de celebración, transformación y cohesión social.
El proyecto propone una reinterpretación contemporánea de estos rituales en un entorno extremo como el desierto de Nevada. La pieza se plantea como una figura vertical de gran escala, construida en madera y definida por una silueta de carácter humano. Durante el día funciona como un elemento gráfico en el paisaje; al anochecer se activa mediante luz y fuego.
En torno a la estructura se desarrollará una coreografía junto al Fire Conclave, generando un espacio de encuentro entre tradición y performance contemporánea. La pieza está concebida para culminar en su quema, integrando el fuego como cierre del proceso en línea con la dimensión ritual del evento.
La instalación se producirá en Valencia y posteriormente trasladada al desierto de Nevada para su ensamblaje.
FLAMMA: traducir el fuego
El proyecto se enmarca dentro de FLAMMA, una iniciativa orientada a conectar distintas tradiciones vinculadas al fuego y situarlas en el contexto contemporáneo como prácticas culturales vivas.
Más que una adaptación escénica, su traslado al desierto plantea un ejercicio de traducción cultural entre contextos donde el fuego actúa como lenguaje común, capaz de articular comunidad, ritual y expresión artística.
En este sentido, Correfoc hunde sus raíces en las tradiciones mediterráneas, donde aparecen figuras como el diable o dimoni: representaciones simbólicas asociadas al caos, la transformación y la energía vital. Su origen se remonta al Ball de Diables medieval, en el que el fuego escenificaba tensiones entre orden y desorden, entre lo conocido y lo indomable.
Lejos de una lectura literal del mal, estas figuras encarnan un fuego purificador: una energía que renueva, activa y convoca a la comunidad a través de la participación y la celebración.
El proyecto nace en un territorio profundamente atravesado por esa cultura del fuego —con las Fallas de Valencia como uno de sus máximos exponentes— y se proyecta hacia un contexto internacional como Burning Man. En ese desplazamiento, Correfoc no pierde su esencia, sino que la expande, activando nuevas lecturas sin renunciar a su origen.
Un rostro que no se ve, pero se construye
Más allá del evento, Correfoc se inscribe en un proyecto más amplio que Dani Nebot lleva desarrollando desde 2025, aunque en realidad conecta con una constante que atraviesa toda su trayectoria como diseñador.
El rostro —o su sugerencia— ha estado siempre presente en su trabajo. Aparece de forma más o menos explícita en sus grafismos, en proyectos de packaging, en carteles o incluso en identidades visuales. No como representación literal, sino como una construcción que se activa en la mirada.
En nuestro cerebro existe una zona especializada en reconocer rostros —la llamada zona fusiforme facial—. Estamos programados para ver caras. Incluso cuando no están. Ese fenómeno, conocido como pareidolia, explica por qué determinadas combinaciones de formas activan de manera automática la percepción de un rostro.
Nebot trabaja precisamente en ese límite. La cara funciona como identidad, como uno de los elementos más reconocibles y cargados de significado en la cultura visual. Y, sin embargo, cuando desaparece o se reduce a su mínima expresión, lo que se produce es una provocación: el espectador se ve obligado a completar lo que falta.
En esta nueva etapa, esa investigación se desplaza hacia lo tridimensional y se vuelve más radical. El rostro deja de ser imagen cerrada y se convierte en estructura, en vacío, en contorno. Nebot plantea así una encrucijada perceptiva: ver o interpretar, completar lo que no está.
Este trabajo abre además una dimensión cultural más amplia. Las piezas remiten a un imaginario de máscaras y rostros que atraviesa distintas tradiciones, desde el Mediterráneo hasta Oriente. En ese cruce, resulta difícil no reconocer ecos que conectan con su trayectoria profesional en Japón durante décadas, donde esa relación entre forma, símbolo y rostro forma parte de una cultura visual profundamente arraigada.
Correfoc no es una pieza aislada, sino una evolución dentro de ese proyecto. Una forma que muta, que abre nuevas puertas conceptuales y que traslada esa investigación —hasta ahora presente en lo gráfico— al espacio, al cuerpo y al ritual. Una continuidad coherente de su trabajo, donde diseño y cultura visual se entrelazan para construir un lenguaje propio.
