El primer Vermut Creativo de Fedrigoni en el Showroom Gràffica reunió a más de 150 profesionales del diseño, la impresión, el packaging, la producción y la comunicación visual en una jornada dedicada al papel, los procesos gráficos y el encuentro profesional.
Hay algo que ocurre cuando un diseñador gráfico conversa con un impresor delante de un muestrario de papeles. La conversación cambia. Ya no se habla de tendencias ni de algoritmos, sino de fibras, gramajes, tintas, acabados, tiempos de producción o de ese proyecto que parecía imposible y acabó resolviéndose gracias a un material concreto.
Eso fue exactamente lo que sucedió durante el primer Vermut Creativo de Fedrigoni celebrado en el Showroom Gràffica, una jornada que reunió a más de 150 profesionales y que terminó convirtiéndose en mucho más que una presentación de novedades.
Tocar para entender
La propuesta de Fedrigoni no consistía únicamente en mostrar un catálogo. Todo el equipo de la compañía estuvo presente durante la jornada explicando materiales, resolviendo dudas y asesorando a los asistentes sobre aplicaciones, acabados y posibilidades de producción.
Las nuevas gamas podían compararse, tocarse, doblarse y observarse bajo distintas condiciones de luz. Pero la experiencia iba mucho más allá de la muestra aislada. En la gran mesa de reuniones del showroom, los asistentes pudieron descubrir proyectos reales realizados con papeles Fedrigoni: catálogos, libros, publicaciones editoriales, piezas corporativas y trabajos impresos para algunas de las principales empresas del país.
Ver un Arena HD impreso con una fotografía de gran cobertura de tinta, comparar una impresión offset con otra UVI o descubrir las diferencias entre una producción digital en tóner o HP Indigo permitía comprender el papel desde su uso real, no como una simple ficha técnica. Una colección de muestras que enseñaba más que cualquier presentación y que demostraba cómo el soporte influye en el resultado final de un proyecto.
No eran charlas motivacionales ni discursos sobre creatividad entendida como concepto abstracto. Era diseño aplicado, producción, materiales y procesos. En definitiva, una oportunidad para tocar la realidad.
Un evento para quienes trabajan con el papel cada día
Uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue precisamente el perfil de los asistentes. No era un festival universitario ni una actividad dirigida a quienes empiezan en la profesión. Era un encuentro formado mayoritariamente por personas que llevan años trabajando en el sector y que utilizan el papel como una herramienta cotidiana de diseño, comunicación y producción.
De hecho, una frase se repitió durante toda la mañana. «Aquí está reunido el sector». Y no era una exageración. Entre muestrarios, pruebas impresas y una cerveza Turia, marca colaboradora del encuentro, resultaba habitual encontrar a profesionales que compiten en un mismo mercado conversando sobre problemas comunes, compartiendo experiencias o intercambiando soluciones. Diseñadores de distintos estudios comentaban proyectos recientes, impresores debatían sobre procesos técnicos, productores analizaban nuevas necesidades de clientes y marcas, mientras responsables de empresas culturales compartían inquietudes con especialistas en packaging o producción gráfica.
El papel se convirtió en la excusa perfecta para generar algo cada vez menos frecuente: tiempo para hablar, intercambiar conocimiento y aprender unos de otros.
Letterpress: cuando la impresión vuelve a ser un oficio visible
Uno de los espacios más concurridos fue el taller de letterpress dirigido por Oficio Letterpress y Lola Espinosa. Durante toda la jornada, los asistentes pudieron componer mensajes con tipos móviles de plomo y madera, preparar la tinta, ajustar la presión de la prensa y realizar sus propias impresiones sobre papeles Fedrigoni.
Una experiencia aparentemente sencilla que permitía entender, de forma inmediata, la relación entre diseño, material y proceso de producción. Ver cómo una idea se convierte en una pieza impresa mediante un procedimiento artesanal sigue teniendo una capacidad de fascinación difícil de explicar. Quizá porque recuerda que detrás de cada proyecto editorial, cada packaging o cada identidad visual existe siempre un proceso físico que da sentido a las decisiones de diseño.
