«Pues yo le entrego 6 o 7 propuestas a mi cliente y así elige»

El alumno que un día pronunció estas palabras se llamaba Hugo. Desde niño había estado vinculado a la cultura, sus padres lo educaron bajo el abrigo de diversas artes visuales, más tardé cursó el bachillerato artístico y después diseño. Era diseñador freelance, tenía la ilusión de tener su propio estudio en un futuro cercano. Estas palabras las dijo en un aula de formación o una sala de conferencias, el recuerdo es difuso, y como en todo espacio habitado por varias personas había disparidad de opiniones, eso es lo interesante.

– «Pero entonces, ¿quieres decir que trabajas 6 o 7 veces con propuestas finalizadas?», preguntó con el ceño fruncido el profesor.

– «Bueno, es que mi cliente quiere ver varias opciones para poder elegir», dijo Hugo.

– «¿Y por qué crees que tu cliente quiere ver varias opciones?»

– «Porque si ve varias propuestas puede elegir la que más le gusta, digamos que por descarte».

– «Pero tú eres consciente de que esto no es una cosa de gustos, ¿no?»

– «Bueno, sí», continuó Hugo. «Pero es que hasta la fecha lo he hecho siempre así y no tengo ni idea de cómo hacerlo de otra manera. Él me dice que si no ve varias propuestas es imposible saber cuál le puede encajar más y que además un sobrino de uno de los socios está estudiando un curso de Photoshop y que puede hacerle el trabajo».

– «¿Pero sabes que tu esfuerzo se está multiplicando por 6 o 7 veces y que además de que no lo cobras el único objetivo es el que le guste a tu cliente?», respondió el profesor, quien continuó: «Quizá el problema es que no crees en lo que haces y así es difícil que tu cliente confíe en ti».

– «Estás trabajando gratis y sin rumbo», comentó alguien con algo de más de experiencia al fondo de la sala.

– «Yo buscaría otro cliente», dijo otra persona de la sala. Quizá tenía razón.

– «Estamos en momento complejo en el que parece que diversas fórmulas tienen cabida», dijo el profesor. «Todo depende de lo que realmente quieras y lo honesto que seas contigo mismo».

Ante estas palabras, atento y reflexivo, Hugo comentó:
– «Sí, la verdad es que yo no me siento cómodo con la situación y me da la sensación de que esto no tiene ningún sentido. Además si os soy sincero, siempre se suele quedar con la peor propuesta o incluso con la que le he dedicado menos tiempo. Pero por otra parte, no estoy seguro de si mi función es la de educar al cliente. Yo lo que quiero es trabajar y poder facturar algo a final de mes. A mí, mi trabajo me apasiona, aunque me da la impresión de que algunos de mis clientes no lo valoran».

El profesor iba asimilando la conversación y tomaba nota mentalmente. Este tema, por desgracia se repetía una y otra vez en cada ciudad que visitaba, ya fuera una provincia o una gran urbe, siempre estaba presente. Tenía claro que las formas de trabajar y las necesidades podían ser diversas, que las cosas no eran blancas o negras y que una inmensa escala de grises cada vez más cambiante estaba latente en la sociedad. Pero también tenía claro que si el alumno no estaba cómodo con la situación, el conformismo no debía ser una opción y debía comenzar a hacer las cosas de manera diferente. Tras bucear por sus pensamientos, el profesor dijo:

– «Yo pienso que a tu cliente le encanta entrar en una zapatería. Allí puede pasear tranquilamente, mirar con detenimiento todo el calzado, tocarlo para observar el acabado e ir al mostrador a pedir que le suban del almacén aquellos modelos que le han gustado. Y ahí estás tú, detrás del mostrador con ese uniforme que te molesta horrores pero que llevas porque tienes que cobrar a final de mes. Exagerando un poco, imagina que bajas al almacén y fabricas cada uno de los modelos que te ha pedido, 6 o 7, él se los prueba y decide con cuál quedarse… O quizás no le guste ninguno».

– «Sí, puede ser que le gusten las zapaterías, pero es lógico, ¿no?», respondió el alumno. «Así puede elegir entre varios modelos y está seguro de lo que quiere».

– «Mmm… pero ahora imagina que tu cliente va a un sastre de alta costura, a un buen sastre. Ahí estás tú detrás del mostrador con el mejor de los trajes, excelente tejido, cómodo, hecho a medida, buena caída y muchas horas de dedicación. Tu cliente entra, necesita un traje. Hablas con él, le preguntas acerca de sus preferencias y necesidades. ¿Para qué necesita el traje? ¿Tiene un evento? ¿Es él el protagonista? ¿De día o de noche? ¿Es para diario? ¿En qué estación del año? ¿Con qué colores se siente cómodo? ¿Blazer o cruzado? Te dice que le encanta la seda, le enseñas unos tejidos nuevos que acabas de recibir, quedas atento a sus respuestas, lo vas conociendo y acordáis posibilidades. Terminada la conversación le tomas medidas meticulosamente y fijáis una cita para otro día. Cuando regresa, un tiempo después, tienes lista la primera prueba, has trabajado en ella a conciencia. Hay que ajustar cosas, la sisa, los bajos e incluso entallar algo más y darle algo más de largo a la chaqueta, pero en líneas generales, está bien y el cliente está contento».

Tras escuchar estas palabras Hugo pensó que parecía sencillo, aunque le costaba visualizar una sola presentación convincente y preguntó:

– «Bien, pero yo no hago trajes. ¿Cómo muestro una sola presentación convincente?»

– «Veamos, imaginad que un cliente os ha encargado diseñar su imagen corporativa, vamos a hacerle un traje. Después de hablar con él y tomarle las medidas nos encontramos en el primer día de prueba. De nuestro extenso muestrario de tipografías, gamas cromáticas, líneas gráficas e ideas de soporte y formato, tendremos que seleccionar aquellas que más se ajusten a las necesidades que nos contó en la primera conversación. El muestrario es tan extenso como nuestra creatividad y las opciones estarán argumentadas por el criterio y la buena escucha», explicó el profesor. «Al final el cliente estará en el proceso, no se tratará de que decida su compra entre 7 modelos de zapatos acabados, sino de que esté involucrado en la confección del traje asesorado en todo momento por el sastre. De manera que, después de dos o tres pruebas, el traje estará finalizado y será el adecuado. El sastre y el cliente estarán contentos. Se trata de cómo te sientes más cómodo y de si quieres ser un sastre o un dependiente de una tienda de zapatos».

Hugo se marchó meditabundo, había quedado con una amiga para ir al cine a ver Birdman, se la habían recomendado. Siempre existirían clientes que no cambiarían el entrar en una zapatería por ir a un sastre y a la inversa, al igual que siempre existirían dependientes de zapaterías y sastres… Durante los siguientes días reflexionó sobre el tema.

  • Protomembrana

    Es relativo, sopongo que todos pasamos por etapas y experiencias distintas, y cada cliente es un mundo. Creo que mi ideal seria presentar una sola propuesta, pero para ello necesito valorar 5 o 20 ideas, probar formas, colores, tamaños… Y aun asi a veces dudo, igual el problema es que cada uno de nosotros reflejamos lo que somos, unos van muy seguros y otros no. No es que quiera transmitir dudas al cliente, pero no siempre estoy seguro del camino a elegir, o a veces necesito que el cliente se implique en el desarrollo, o a veces cambian de opinion y toca sacar alternarivas… A VECES pasan cosas inesperadas y hoy en dia no quiero perder clientes. Ruben Galvez, estoy contigo en un 90% el otro 10% es mi experiencia personal, de que no siempre puedo hacer lo que quiero, que los clientes son a veces dispares, y que acabo pasando por el aro cuando te juegas dos mensualidades…
    Y eso de criticar trabajar por horas… Y que la creatividad tiene un precio… Cada dia veo con mejores ojos lo de trabajar por horas, es mas rentable y fiable, antes no pensaba igual, pero para aquellos proyectos que piden cambios, o que se alargan, o que se añaden cosas no presupuestadas y cuesta que te paguen tu “crearividad” es mejor asi. Aunque esto de la creatividad… Que valor tiene? Segun quien? Quien decide el valor de una buena idea? Un buen creativo o un buen negociante?

  • Aitor

    El niñato que ha escrito este articulo le faltan dos hervores aun. Seguro que es de los que cobran los trabajos “por horas” jajaja. Todo un profesional pero de pacotilla

  • mrhyde

    Este hugo sale con cada cosa

  • paula

    hola! yo soy fotografa y peco de diseñadora para complementar mi trabajo.. lo que dicen algunos por aca es tan ilogico como si yo hiciera 4 sesiones de fotos con distinta estetica a ver cual le gusta mas al cliente (??? es simple, asi trabajo yo, esto puedo ofrecerte si es de tu agrado bien, sino hay mil fotografosa mas que puedan darte las otras opciones que no m estas pagando a mi para que tr haga ;) estos son los beneficios de la autogestion!

  • Raúl Osho

    Que va, para nada, no estoy con este articulo.
    Me da la sensación que creado por alguien que aún le falta carrera.

    Diseñadores jovenes que me lean, les diría que nada mas lejos de la realidad. Lo que comenta el articulo se hace cuando el cliente tiene claro lo que quiere.
    Pero es que casi nunca es así. Es por ello que lo optimo y lo más profesional además de que te lo agradecerán, es mostrarle varias lineas de diseño, decidir por una y trabajar, definir y pulir esa linea que tanto le ha gustado al cliente.

    Que hayan diseñadores que muestren una sola solución o dos, me temo que es falta de iniciativa, miedos, complejos y falta de talento creativo.

    Los ejemplos entre el sastre y la zapatería y tal son un poco absurdas.

    Solo se trabaja a tiro hecho, o bajo un briefing extricto, cuando el cliente sabe lo que quiere. Pero es que esto no hay ni que decirlo. Es obvio.
    Cuando no sabe ni lo que quiere y es que te lo dice así, que “no sé, no tengo ni idea”. Lo ideal es mostrarle varias lineas de trabajo, reeducarle, abrirle los ojos, explicarle etc

    Tampoco entiendo la gente que trabaja por horas jaja. Ya que entonces todo consistiría en buscar un “diseñador rápido”. Un “diseñador experimentado” etc. Además de que no entiendo como se le pueden poner horas o cotas a la creatividad. Cuando por H o por B trabajo o colaboro con alguien y me dice que el trabaja por horas, lo envio a la basura directamente buscando a alguien con más vocación y más profesional, que por supuesto entienda el codigo de tarificar por proyectos y no por horas!
    De hecho ya dice mucho de la profesionalidad de cada cual cuando me dicen que la hora les sale a tanto. Ridículo.

    Me aterra algun comentario que estoy leyendo, por favor NÓ A LA DESIGNFORMACIÓN.

    Y trata al anunciante lo mejor que puedas y sepas. Que distinto es emborracharlo de información, pero más peligroso es el escaseo de ideas o propuestas, al final lo que ocurre es que tardas mucho mas tiempo al tener que volver a diseñar otra solución, … y que muchas veces el cliente se conforma por el sentido común de que a el le parece que no tiene derecho a ponerte a trabajar en otra propuesta pues seguramente no le gusta lo que vea y en un determinado momento acepte por resignación.

    Eso es otra, hay algunos pseudo comunicadores, que les ponen un tope a las veces que el cliente puede hacer correcciónes. Habráse visto algo más mezquino? Ridículo y vergonzoso.

    • Dani Ilustrador

      Y encima, tendrán la poca vergüenza de querer cobrar al mes siguiente de terminar el trabajo. Y que se les pague a un precio adecuado el esfuerzo realizado en el proyecto. Qué prepotente puede llegar a ser la gente, ¿verdad?….
      Entiendo lo de tarificar por proyecto, pero, la mayoría de empresas no entienden el trabajo creativo, las horas que implica el desarrollo de una idea, ¿Entregar 6/7 trabajos terminados?¿No poner límites de correcciones al cliente sin un valor añadido? ¿Qué somos, esclavos, máquinas sin ninguna dignidad ni valor esfuerzo/trabajo? Por favor, tu comentario es ridículo. ¿Cómo puedes cuestionar la profesionalidad de nadie? ¿Quién eres tu para juzgarla? ¿Te gusta que una empresa te baje los pantalones, te ponga contra el escritorio y te viole brutalmente? Lo respeto, olé por tí. Pero es tu decisión y es tan respetable como la de valorar el trabajo de uno mismo. Hay una gran falta de educación laboral en el mundo freelance, sí. …

    • bubu

      Tú flotas, de momento, porque te vas a acabar hundiendo. Decir que falta carrera a otros, y retratarte con un texto de wannabe.

    • Jose Ignacio

      El articulo tiene más razón que un Santo. Jamás enseño más de dos propuestas. El quid de la cuestión está en el Briefing, y si el cliente no sabe lo que quiere, como buen profesional, se le facilita un modelo de briefing acorde con el proyecto que le ayude a saber que dirección tomar. Para eso está también el feedback, para saber que se vende, y antes del que, está el porqué. Con las preguntas adecuadas se obtienen las respuestas adecuadas. Muy poquito tienes creer en tu trabajo para bombardear al cliente con una ensalada de propuestas hechas en pocas horas, en vez de focalizar el esfuerzo en un par de conceptos con sentido. Suerte.

    • Rubén Gálvez

      Te contesto a este comentario, y con ello espero que todos aquellos que defendéis la multipropuesta os deis por aludidos, aunque podría hacerlo a cualquiera de las otros en los que has/habéis participado en esta conversación:

      Raúl, aunque mi intención no es enseñarte nada, pues no soy nadie para hacerlo, quisiera al menos estar seguro de que los dos comprendemos qué significan los conceptos “eficacia” y “eficiencia”.

      Si tras todo lo que sea necesario tú eres capaz de satisfacer las necesidades de la marca, producto o cualquier tipo de encargo, eres efectivo. Y nadie lo pone en duda. Consigues aquello que tienes que conseguir.

      Ahora bien, ¿eres empresario? Te lo pregunto porque no lo sé. Cualquier empresario que se precie, ya sea freelance o no, tiene que perseguir SÍ o SÍ la eficiencia, es decir, reducir al máximo los recursos necesarios para conseguir los objetivos, o lo que es lo mismo, para ser eficaz. ¿Cómo se consigue eso? Sabiendo lo que se hace. ¿Reducir gasto de recursos significa ser menos profesional? En absoluto, de hecho, es justamente lo contrario. Emplear más horas, entregar más propuestas, hacer más correcciones no te hace más profesional, sino menos eficiente.

      La vocación está muy bien Raúl, y todo eso que cuentas también, pero cuando la vocación pague mis facturas me avisas. Uno no es menos profesional por hacer un muy buen trabajo previo que permita identificar las necesidades de la marca para poder trabajar a tiro hecho. Y no sé si has sido tú u otro compañero quien lo ha comentado, pero eso de “esto vale únicamente cuando el cliente sabe lo que quiere” es una prueba más de que no tenéis ni P.I. de hacer un briefing, y mucho menos de detectar necesidades. Para eso hay que hablar mucho con el cliente, pero no del tiempo, sino tener una buena conversación en la que se realicen las preguntas adecuadas, para obtener las respuestas adecuadas.

      Si te sirve de algo, yo realizo no pocas preguntas trampa para comprobar si el cliente está posicionándose de una forma u otra con criterio.

      Y voy a ser muy claro: Si al presentar una propuesta única tu cliente te dice “esto no es lo que quería”, la culpa, amigo mío, es tuya. Has debido hacer muy mal el trabajo de campo y no has detectado las necesidades correctamente.

      Deberíais leer, por cierto,”The Paradox of Choice”, libro fantástico en el cual entre otras muchas cosas, se habla del bloqueo que se produce en la persona cuando tiene un exceso de oferta (o propuestas).

      Cuando la propuesta única es un fracaso, plantéate mejorar tus dotes de “averiguación de necesidades”, y no me vale que haya clientes “que se expliquen mejor que otros”. En esto hay mucha psicología, pero mucha, amigo. Y tras eso, te vas a una segunda propuesta, que al menos te permita llevar a buen puerto al proyecto. Si en la segunda propuesta la cosa no va bien, lo mejor es no hacerse perder el tiempo mutuamente. No todos los clientes hacen buena “pareja” con todos los diseñadores, ni mucho menos.

      Eso que comentas de “cobrar por una corrección” es tirar la piedra y esconder la mano, a mi juicio. Yo no cobro por una corrección, yo cobro por hacer ALGO NUEVO y distinto a lo que se ha acordado tras un meticuloso trabajo previo.

      Un ejemplo sencillito:

      Tú eres pintor de brocha gorda. Te llamo porque necesito que me pintes todo el salón. Hablamos, debatimos, examinas mis necesidades y llegamos a la conclusión de que la mejor solución para lo que necesito, para la luz que entra por la ventana y el uso que voy a darle, es que lo pintes de color blanco.

      Bien, tú vienes a casa a medir, vas al proveedor para escoger la pintura correcta, la compras, vienes a mi casa, la pintas y cuando terminas llego yo, más contento que unas pascuas, y te digo que he estado pensando, y creo que en realidad me gustaría que el salón estuviese pintado de negro.

      Tú de entrada lo filpas, seguro, porque según las necesidades de la vivienda, el color blanco era la mejor solución para la luz disponible. Te das cuenta de que el cliente está a punto de tirar por tierra un buen proyecto, pero claro, como muchos decís, el cliente paga, y en última instancia, es él quien tiene la capacidad de arruinar un buen trabajo. Tu obligación como profesional es hacerle ver que está equivocado, y no porque lo digas tú, sino porque tú tienes conocimientos y experiencia para asegurarlo, cosa que tu cliente no.

      Te doy un par de opciones:

      A) El cliente lleva razón, si ahora lo quiere rojo, vuelvo al proveedor, compro más pintura, le pinto el salón, y por supuesto no le cobro más por necesitar el doble de tiempo para arruinar un trabajo, motivado principalmente por el capricho de mi cliente.

      B) Eres franco con el cliente y le dices que lo que quiere hacer es algo que no funcionará, que por mucho que pague él, quien sabe pintar eres tú, pero que estás dispuesto a darle el servicio si así lo desea, y por supuesto cobrándole nuevamente el trabajo, pues nadie puede negar que tendrás que volver a hacerlo desde cero. En este caso no te queda más remedio que no poner este trabajo en tu portfolio.

      En fin chicos/as, obviamente cada uno tiene sus métodos para la consecución de objetivos, pero desde luego la eficiencia es un grado, y si queréis prosperar a nivel empresarial y pagar vuestras facturas no dejéis la eficiencia de lado. A menos recursos empleados, más productividad. Ojo, que esto no va de tratar de trabajar menos, sino de mejorar los flujos de trabajo para necesitar menos recursos. No olvidemos que esto es un trabajo, aunque os pese reconocerlo, y por mucho que amemos el arte, no trabajamos por amor a él únicamente.

      Y como decía aquel famoso dicho: “—¿Cómo puedes cobrarme X por algo que has hecho en 15 minutos?— Porque me ha tomado toda la vida poder hacerlo en 15 minutos.”

      Saludos

      • Sergio

        Tú que dices saberlo todo, de tener la llave del saber hacer, a mi con tanta parrafada no me has convencido, más bien todo lo contrario.
        Si tanto te gustan los dichos apúntate éste de Aristóteles: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.
        Estás imponiendo una regla con lo que dices, un código a la forma de desarrollo de un proyecto creativo. La creatividad, si quieres que fluya, no debería de tener ni reglas ni patrones. Las reglas están hechas para ir todos por un mismo camino. Deja que cada uno haga lo que le dé la real gana para llegar a su cometido, lo que importa no es el proceso sino el resultado.
        Y como decía el señor Shakespeare, ‘No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino’.

        • Rubén Gálvez

          Vamos a ver Sergio, te contesto porque me llama la atención el número tan elevado de sinsentidos que has puesto sobre la mesa. Poco a poco:

          1. ¿Yo que digo saberlo todo? :D. ¿Cuándo he dicho yo semejante cosa?. Yo hablo de mi experiencia, de forma empírica, de lo que me ha ocurrido, de mi caso, y en ningún caso se da por hecho que mi verdad sea La Gran Verdad. Es simplemente la mía.

          2. ¿No te he convencido? Ni falta que hacía, pues, insisto, nada más lejos de mi intención que convencerte a ti ni a nadie. Repito, hablo de mi experiencia y de mi caso. Esto no es un meeting político en el que trato de arrancar militantes de las filas del “Partido Multipropuesta” para atraerlos al mío, pues ni tengo partido, ni más intención que la de mostrar mi opinión sobre un tema claramente dividido por existir dos posturas (como mínimo) sobre le mismo tema.

          3. ¿Estoy imponiendo? Hombre, aquí he de agradecer que me consideres “alguien” que puede imponer o no imponer, pero ya te digo yo que no, Sergio. Yo ni impongo ni dejo de imponer nada, únicamente hablo de cómo hago yo las cosas, y tal y como decía en mi anterior comentario, cada uno puede hacer con su flujo de trabajo lo que quiera, faltaría más.

          4. Me permito decirte que hablas de la creatividad como un trabajo en sí mismo, y siento tener que corregirte, pero la Creatividad como concepto es, en primer lugar, una capacidad y en segundo lugar una herramienta de trabajo, no un trabajo en sí mismo. Tú utilizas esa herramienta para llevar a buen puerto un proyecto que necesita de la misma, y yo lo que aporto a todo esto es que EN MI CASO, utilizando la herramienta de X manera, aumento la productividad y elimino bloqueos en el cliente. ¿Quiere decir eso que a ti te funcionará? Quién sabe, cada caso es un mundo.

          5. “Lo que importa no es el proceso sino el resultado”. Según se mire, Sergio. No me hagas ponerte ejemplos tontos para hacerte ver que lo que dices es muy bonito, muy bohemio y muy todo lo que tú quieras, pero en términos de productividad lo que dices no tiene ningún sentido, y empresarialmente hablando estarías muy probablemente condenado al fracaso. Las matemáticas no fallan amigo.

          En cualquier caso, insisto por si a algún compañero le ha quedado el mismo regusto que a ti: No soy el Mesías de la Santa Pantonera, ni pretendo hacer cambiar de opinión a nadie. Eso sí, lo que sí quise y quiero es poder dar mi opinión libremente sin que alguien como tú venga a decirme cosas como “Deja que los demás hagan lo que quieran” cuando eres tú mismo el que trata de sesgar mi capacidad de opinión.

          Saludos

    • Joan

      Estoy absolutamente con Raul Osho

  • Rubén Gálvez

    Llevo 12 años como diseñador y ya hace más de la mitad de ese tiempo en que la “multipropuesta” dejó de ser mi modus operandi. Imagino que al principio uno peca de inseguro y trata de agasajar al cliente con un buen número de alternativas para que se sienta “querido” y “trabajado”. Sin embargo, creo que la mayoría hemos podido comprobar que un buen briefing previo, una o varias buenas conversaciones con el cliente, detectando a su vez las necesidades de SUS clientes —y no necesariamente las suyas propias— y en definitiva haciendo un meticuloso trabajo de campo se pueden ofrecer ya no una, sino infinitas soluciones perfectamente válidas. De ahí que lo lógico sea emplear todo el esfuerzo en una propuesta —con sus modificaciones posteriores si se da el caso— que sea fruto de un concienzudo estudio previo.

    Ese es mi modus operandi desde hace mucho, y puedo decir que mi ratio de “entregas correctas” en la primera muestra es realmente alto. Como bien dice el artículo, esto no va sobre gustos, sino sobre estrategia y transmisión de valores de formas concretas.

    Por otro lado, aunque la vocación es un grado, el presupuesto es el que es, y si estamos cobrando X por una creación de marca, la estamos cobrando para UNA creación de marca. Es más, yo no he tenido ningún tipo de inconveniente en “educar”, sin pretender ser pretencioso, al cliente en estos menesteres. Y les he explicado amablemente que yo trabajo a propuesta única, pero que si quiere 7 propuestas tan solo debe multiplicar por 7 el presupuesto recibido. Así de simple.

    La mayoría lo entiende, y aquellos que no lo hacen simplemente deben desaparecer de tu lista de clientes.

    • Maurizio

      Cuando me topo con alguien así, lo que intento es correr lo más rápido que pueda hacia el lado contrario.

      Sobre todo por tu ultimo parrafo. Muy naif e infantil.
      Supongo que es una opinion de gente no vocacional, ni profesional y con un ramalazo de un mal ego mal gestionado aja

    • Jose Ignacio

      Chapó! Lo tuyo es vocación y buen hacer.

  • Mira

    Cómo me entristece que todavía estemos así.

    Hacer muchos dibujitos para que el cliente elija no es diseñar. De hecho, eso es lo contrario de diseñar (y no digo con esto que no se haga o no se pueda hacer o no funcione, allá cada cual).

    Si el cliente escoge trabajar con un diseñador, es porque quiere una solución única, específica y argumentada para su caso y, creedme, cuando se trabaja con rigor rara vez se puede desarrollar más de una.

    A mi me daría vergüenza presentarle a uno de mis clientes más de una propuesta, entre otras cosas porque es una falta de respeto.

    Mi trabajo es presentarle la mejor que haya sido capaz de proyectar, ninguna otra. Si en la presentación del proyecto se detectan fallos o no le gusta, será el momento de seguir conversando y pulir los errores hasta dar con la solución, pero es ridículo darle a escoger como si estuviera en una pastelería.

    A veces, hay que aceptar que cliente y diseñador no se entienden, y no pasa nada.

    Ahora bien, si alguien quiere hacer muchos dibujitos y vivir de probar suerte, allá él.

    • Ramon Arzúa

      No entiendo nada. Te queda mucha carrera y asimilación por delante.

      Que es una falta de respeto? el que? el mostrarle varias lineas de trabajo al cliente???

      ánimo

      • Jose Ignacio

        A mi me parece que al que le queda carrera y asimilación por delante es a ti. Por su puesto que es una falta de respeto a la profesión y al cliente, porque enseñando varias propuestas solo demuestras tu ineptitud de no haber sido capaz de dar con una solución que se ajuste a sus necesidades, y has jugado a la ruleta de la fortuna y dividido tu tiempo con ideas menores. El diseño es 70% del tiempo pensar, hablar, ver, y estudiar, y el otro 30% diseñar.

        Suerte, que la vas a necesitar.

      • Mira

        Bueno, Ramón, en una cosa estamos de acuerdo: me queda mucha carrera y asimilación por delante :-)

        Si a ti te gusta hacer muchas propuestas, pues allá tú. Pero yo creo que es un gran error y que, volviendo al artículo, no es la mejor manera de transmitir a los estudiantes cómo funciona el diseño.

        Ánimo.

  • Anahits

    En mi caso cuando ya es un cliente / jefe de tiempo atrás, le hago una sola propuesta casi siempre acertando a sus gustos. Cuando el cliente / jefe es nuevo trato de hacer el mismo diseño cambiando el acomodo.

    • Alvaro

      Casi siempre acertando en sus gustos nó!
      Casi siempre porque nó tiene otra opción para elegir!!

  • Gran artículo! He disfrutado mucho leyéndolo, tomo nota para un futuro cercano :-)

  • Carles Terès

    Yo ya hace muchos años que intento presentar solamente 1 opción. Si no gusta, presento otra en breve (ya que en el proceso de trabajo siempre se queda algún camino válido). A menudo, como comenta algún compañero, sale más de 1 opción perfectamente válida: entonces que elija el cliente. Pero si presentas muchas opciones, suelen gustar casi todas. Entonces algunos clientes te piden que hagas un “refrito” con lo que más les gusta de cada. Lo que no debemos hacer es presentar opciones que no nos acaban de convencer: Murphy nunca duerme y seguro que elige la peor.

  • Raul Torres

    No existe una única solución para un mismo problema pueden exitir miles o millones. El diseño no es como arreglar una moto, no es cambiar el carburador y ya está.

    Cada uno puede trabajar como le de la gana si a mi en el proceso se me ocurren 2 ideas buenas pues las voy a presentar si o si, luego ya defenderé la que más me interese, eso que dice de trabajar siete veces es la imbecilidad más grande que he leído en años, venga ya quien ha escrito eso conoce poco de la metodología poryectual y de como se trabaja en un estudio, siempre y repito siempre surgen cosan en el camino mientras desarrollas una idea y te pones a desarrollarla siempre y ver como funciona, rechazar lo que tenías por lo nuevo y al final te encuentras con que tienes 2 propuestas que valen la pena si te salen 7 pues eres una máquina.

    Ana Gea te vas a mi lista negra.

  • Hugo Braulio

    Tenía que llamarse Hugo :(

  • Albert Jovaní Guiral

    El diseño es bueno si el diseñador es bueno. Si él le hace 6 o 7 propuestas y todas están correctas,¿por qué no puede escoger el cliente? Eso le hará sentir más participativo y más identificado con la imagen. No hay un logotipo único para una empresa, igual que no hay una pareja única en la vida.

    Estoy de acuerdo en lo de trabajar más, pero hay que ser lince. Yo le dedico muchas horas al que creo que es el mejor y las otras propuestas les dedico poco tiempo, creedme que el cliente siemore escoge el que he dedicado más tiempo y ambos estamos contentos.

    El diseñador, tiene el deber de mejorar el diseño en este mundo, pero el cliente manda porque paga y al final somos professinales y si al sastre le piden unos zapatos de velcro, los pondrá, aunque sean cutres, porque es su trabajo.

    • Clim

      No, el sastre diría: Si quiere señor unos zapatos de velcro, aquí en Primark venden unos. El sastre entendería que ésa persona no necesita sus servicios.
      Para tener 7 propuestas de logotipo, que se vayan a uno de esos portales de logos por 5 euros. Que se vayan a Primark (con todos mis respetos eh).

      • Sebastian

        Pero que tendra que ver una cosa con la otra… que tendrá que ver, que exista un portal de logotipos.

        ¿¿Y??

        Por eso no vas a tarabajarle optimamente a tu cliente.?

      • Albert Jovaní Guiral

        Da igual, pero si yo voy al sastre y quiero unos mocasines de velcro, el sastre no dejará de ganar 500€ porque lo considere “de pacotilla”. Si el sastre se cree un Dios que no puede mancillar su reputación tocando un velcro, lo entendería, pero seguramente esa noche querrá llegar a casa y tener un plato dónde comer.

        Además, quién dice que unos mocasines de velcro son feos/no útiles?

        Además, cuando hablamos de diferentes propuestas, no hablamos de propuestas disparatadas, disparando al aire a ver si le doy. Son diferentes propuestas según el estudio de sus valores como marca.

        Opinión que no gustará:
        A veces le damos demasiada importancia a nuestro oficio, ahí fuera, en la calle, hay miles de trabajadores con sus oficios que se pasan el día mordiendo el polvo, obedeciendo a jefes y clientes sabiendo que están equivocados. Qué pasa? Que los diseñadores somos seres superiores?

        Hay tres cosas básicas cuando diseñas:

        1. Que el diseño sea bueno y que sea útil.
        2. Que tu cliente esté satisfecho y orgulloso de su proyecto.
        3. Que tu te sientas gratificado con el diseño que estás haciendo.

        Estas tres cosas tienen que estar equilibradas.
        Incluso “sentirse gratificado” puede ir también en función del dinero, maldito y bendito dinero, que lo cambia todo.

        Si para llegar al equilibrio hay que hacer 5 propuestas, pues bienvenidas sean.

    • Raul Osho

      jaa claaaro Albert. Por supuesto que si, estoy contigo.
      Claro!
      Si para mi este grupo de diseñadores que hacen 1 propuesta y que ya te cobran si quieres hacer una correccion la sensacion que me da es que tienen una carencia de profesionalidad y de vocación considerable.
      Éstos son los que trabajan todo el dia quemados y quejandose y criticando.

      Una pena,…

      Y estoy totalmente contigo Albert.

      • MARIA

        ESTOY TOTALMENTE CONTIGO, TOTALMENTE

    • Jorfe

      Pues para empezar por que el cliente te paga para que pienses tú, no para que le enseñes un book.

      Por que el cerebro humano tiene dificultades en la toma de deciciones con más 3 opciones.

      Por que si quieres que tu cliente se sienta partícipe del proyecto, reúnete con él 3 horas, haced llúvia de ideas, escúchale y proponed juntos. Cuando todo esté acordado no necesitará más de una propuesta.

      Y por que cuando se hace bien el proceso de escucha al cliente, aparecen un máximo de dos proyectos finales posibles de entregar: El que el cliente cree querer y el que el cliente debería usar. Y es trabajo del buen profesional hacer que ambos sean uno o aconsejar al cliente sobre los pros y contras de ambos.

  • ivan

    el diseño es para el usuario, no para el que paga precisamente, no es asunto de cumplir caprichos ni una vitrina de ideas, se trata de diseñar, y espero que los diseñadores sepan que significa eso.

  • Migue Kaos

    Aburrido de leer cosas de este estilo. Lo que hay es lo que hay. Los clientes quieren elegir. Es así, os guste o no. Podéis adaptaros o quejaros. La realidad es que páginas como 99designs.es están cada vez más metidas en el sector, será por algo.

    Podéis ser el mejor diseñador del mundo, si el cliente quiere varias propuestas hay que joderse. La teoría? Es posible que seáis realmente muy buenos diseñadores y hagáis una propuesta que sea lo que el cliente y su negocio necesita, pero si vamos a la práctica, hay diseñadores hasta debajo de las piedras y eso hace que el veterano se devalúe. El cliente no sabe si está delante de un chaval que lleva delante del photoshop 2 meses o si está delante de un talento.

    Yo, sinceramente, los entiendo. Es un sector con mucho % de intruso. Sólo hay que darse una vuelta por Google, entrar en las primeras páginas de diseño gráfico y ver los portfolios.

    Los diseñadores gráficos sueñan con una cosa. La realidad es otra. Si quieres trabajar, debes adaptarte al mercado y el mercado actual es ese. Clientes mal educados, intrusismo y todo lo demás.

    • JavierFKD

      Hola Hugo

    • bubu

      Me hace gracia lo del mercado es así, es lo que dice todo el mundo con aire de superioridad hasta que se lo dicen a uno, y lo digo por haberme dado cuenta yo mismo. El mercado será lo que la gente quiera, y por desgracia la mayoría de españoles opta por bajarse los pantalones. Luego toca llorar que no se llega a fin de mes, pero la realidad es que se cobra poco, porque todo el mundo quiere pagar poco y la mayoría cede.

      Lo de que el cliente quiere elegir, es relativo, igual no tienes clientes que además de pagar les gusta lo que haces y te dejan hacer lo que quieres.

      Tu sigue trabajando mucho por poco con clientes maleducados, yo estoy educando a los míos.

    • ivan

      que manera más limitada y arcaica de ver las cosas, pero sin duda hay mercado para todos, hasta para los conformistas como tú.

      • Amador

        Lo que si es párco y limitado a la par que poco profesional es meter con calzador una sola propuesta al cliente.
        Jaja, obvio que se conforman y eligen esa, porque no tienen otra opción!!!

        El ridiculéte lo haces tu Ivan creeme, y mejor que te dediques a otra cosa que seguro que te hará más feliz.

        Y muy bien Miguel Kaos, estoy contigo claro que sí

        • ivan

          estimado amador y miguel kaos, están chavos y aún tienen MUUUUUCHO que aprender en este juego profesional del diseño, por lo pronto seguiré haciendo el ridículo.

          los dejo con un poco de sabiduría para que se empiecen a educar:

          “el asunto de la creatividad no es generar 100 ideas y que todas sean buenas sino saber cuál es la mejor.” (joan costa)

          • Jose Ignacio

            Ivan, no te quemes ante comentarios sin trasfondo, por desgracias la insensatez siempre predomina. Al igual que el mal gusto. Y gracias por ser uno de los que valora está profesión como se merece.

  • Sergio

    Pues yo pienso que cada uno debe de trabajar de la manera que mejor le funcione, que más le guste. Nadie debe de decirle al otro cómo debe de trabajar. Habrá gente que prefiera presentar una sola opción y otras varias opciones. Ninguna de las dos tiene nada de malo. Ni a la creatividad, ni al esfuerzo, hay que ponerle fronteras o reglas.

    • Cristian Dominguez Gonzalez

      Creo que no has entendido el texto.

      No se trata de presentar mil o tres. Se trata de que cliente y diseñador tienen que hablar y conseguir la mejor cara para su producto. Ni el diseñador va a acertar por arte de magia sin la ayuda de el, por mucho que haga 400 propuestas, ni el cliente va a saber que funciona con su empresa a golpe de vista, porque si no, no necesita un diseñador, necesita una persona que sepa de programas, más conocido como EL SOBRINO.

      Juntos tienen (tenemos) que llegar a la solución, paso a paso, y al final llegará a la solución óptima. Puede que se suavice tal pantone, puede que una versión se pueda modificar ligeramente, pero es su traje a medida.

      • Cristian Dominguez Gonzalez

        Oye, que luego llegas a 7 propuestas que son a medida, allá tu y el valor de tu tiempo. Pero si luego dices que el cliente ha elegido una mala opción, es porque le has dado una mala opción a elegir.

      • Sergio

        A lo mejor tu eres muy listo y con una sola opción das en el clavo. En mi caso prefiero desarrollar una variedad de propuestas acordes al briefing e ir descartando hasta llegar al resultado óptimo. Son simplemente diferentes formas de trabajar, tanto valida la tuya como la mía.

        • Maurizio

          Por supuesto que si Sergio, claro que sí. Estoy contigo

          Claro que sí

          Es mas, estos que dicen que presentan una propuesta y que casi siempre aciertan jajajajaj es porque el pobre cliente NO TIENE OTRA OPCION!

          • Jose Ignacio

            Pues claro que tiene otra opción, no pagarte, o no seguir trabajando contigo. Lo que tenemos claro todos, es que vas dando palos de ciego hasta que aciertas. Yo presento también una sola idea, y dejo abierta la posibilidad a una segunda por ser algo más flexible. Y puedo que decir que con este modus operandi mis clientes están contentos, y la mayoría siguen trabajando conmigo. Suerte en tu aprendizaje.

  • Alberto Zuya

    Me parece un excelente y gráfico ejemplo,si señor. enhorabuena. Seguro que tras meditarlo un poco el alumno ya no hace 6-7 “zapatos” ( aunque dudo que no haga 2-3! :-) )

    • Ramon Arzúa

      El ejemplo de los zapaticos es un ejemplo de parvulario. Y un tanto absurdo

  • Xavi Portalés

    Si, no siempre el cliente tiene la responsabilidad de nuestras indecisiones. Aunque sobre este asunto se pueden limar muchas aristas. Muchas. Pero me gusta como has cerrado el post. Dejándolo en el aire para que la reflexión. Muy bueno. Muy bueno.