Typograph o por qué la IA no te va a quitar el trabajo si eres buen diseñador o diseñadora de tipografías

¿Cómo era aquello que decía Matthew Carter de que la tipografía era un bonito conjunto de letras, no un conjunto de letras bonitas? Porque diseñar tipografía es difícil. Siempre lo ha sido.

Pero producir una fuente tipográfica digital plenamente funcional desde los primeros bocetos hasta su implementación final, ya sea retail o custom, es un proceso arduo, complejo y fascinante para el que las máquinas todavía no están, ni de lejos, preparadas. Quizá esto venga al caso para acercarnos a una realidad incómoda, pero posiblemente magnificada en su parte negativa, que se cierne sobre el presente de la industria del diseño. Porque no deberíamos perder de vista que el diseño es una industria sometida a los fríos avatares de ese ente invisible y todopoderoso llamado «mercado». El mercado, como la naturaleza, es perfectamente indiferente y premia el valor añadido, productos que cubren necesidades. Y en el mercado actual, en plena avalancha de automatizaciones, hay espacio para los diseñadores independientes que hacen trabajos personales, únicos y de calidad, porque existen clientes que demandan proyectos exclusivos y están dispuestos a pagar por ellos.    

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