Descripción
«El mundo entra en forma de imágenes, de fotografías en la pared, de periódicos, emails, recuerdos de conversaciones, libros, postales. Ahí está, fragmentado. Los fragmentos se reorganizan y se devuelven al mundo en forma de dibujo, de película. Aun conscientes de la artificialidad de la construcción, nos dejamos seducir por ella. Esto es lo que el estudio puede mostrarnos, un proceso que resulta evidente entre sus paredes, pero que puede esclarecer procesos no vistos fuera de él; un mundo que es construcción más que descubrimiento.»
¿Qué forma parte de nosotros y qué no? ¿Dónde empieza el yo y dónde el mundo? ¿Qué sucede en esa frontera porosa, en ese punto de contacto en el que el mundo se nos acerca y nosotros salimos a su encuentro? En Una historia natural del estudio, el artista William Kentridge invita al lector a adentrarse en el núcleo mismo de su proceso de trabajo: las preguntas que lo mueven, las herramientas que utiliza, sus buenas ideas (y las menos buenas).
Kentridge lleva más de tres décadas dando forma a una obra amplia y coherente que interroga la historia y la política –por ejemplo, las complejas herencias de su país, Suráfrica– a través del dibujo en carboncillo, lápiz y tinta negra, y de instalaciones que expanden los límites de los medios tradicionales. Todo ello cobra vida en este libro que mezcla texto e imagen, reflexión filosófica, relato autobiográfico y observación minuciosa. Una meditación serena y lúcida sobre el acto de crear escrita con sensibilidad, inteligencia y un saludable sentido del humor.
William Kentridge (Johannesburgo, 1955) es uno de los nombres más reconocidos internacionalmente tanto en el ámbito de las artes visuales como en el teatro y la ópera. Su método de creación combina el dibujo y el borrado, la pintura gestual, el collage, los ensamblajes textiles, la escritura, la fundición, el cine, la performance, la música, el teatro y el trabajo colectivo. El resultado es una obra profundamente enraizada en la política, la ciencia, la literatura y la historia. Doctor honoris causa por las universidades de Ciudad del Cabo, Yale y Londres, ha sido galardonado con premios como el Kyoto Prize y el Princesa de Asturias de las Artes, entre otros.






