Ofrecemos esta información en abierto gracias a nuestros suscriptores. Si valoras nuestro compromiso con la información, puedes suscribirte.
Más de 1,5 millones de fotografías cubiertas de lodo. Un año de trabajo paciente para recuperar el 85% de ese archivo íntimo. Y ahora, un libro que convierte las cicatrices del agua en memoria compartida. El proyecto L’Empremta de l’Aigua, impulsado por el artista valenciano Lucas Momparler y publicado por la editorial independiente Handshake, busca financiación para dar forma a un archivo colectivo nacido de la devastación de la DANA que golpeó València el 29 de octubre de 2024.
Aquel episodio extremo dejó decenas de municipios anegados, miles de viviendas cubiertas de barro y una pérdida silenciosa: álbumes familiares, cajas de fotografías, recuerdos domésticos convertidos en masa húmeda e irreconocible. Lo que desaparecía no era solo papel; era memoria.
De la emergencia al archivo colectivo
En ese contexto nació Salvem les Fotos, una iniciativa impulsada por restauradoras y amantes de la fotografía que entendieron rápidamente la dimensión cultural y emocional del desastre. La Universitat de València activó el proyecto, que pronto contó con el respaldo de la Red de Universidades Públicas Valencianas, instituciones y museos locales.
El objetivo era tan concreto como ambicioso: rescatar y restaurar el patrimonio fotográfico familiar de las personas afectadas por la riada. Cinco laboratorios de campaña se pusieron en marcha en las zonas más golpeadas. En total, se recibieron alrededor de 1,5 millones de fotografías. El 45% se procesó en el laboratorio del Museu Comarcal de l’Horta Sud, en Torrent, donde Momparler ha trabajado durante el último año.
El proceso no tiene nada de automático. Cada imagen exige limpieza manual, estabilización, secado controlado, clasificación y, en algunos casos, digitalización posterior. Es un trabajo lento, casi quirúrgico. Sin embargo, el esfuerzo colectivo ha permitido recuperar en torno al 85% del material recibido. No es una cifra menor si se piensa en el estado en que llegaron muchas de esas fotografías.
Más allá del valor documental, el proyecto ha tenido una dimensión emocional decisiva. Recuperar una fotografía familiar no es solo salvar una imagen: es devolver una parte de la identidad, del relato íntimo de una casa. En muchos casos, esos álbumes eran el único archivo de varias generaciones.
Un libro como acto de resiliencia
De ese proceso surge L’Empremta de l’Aigua. No se trata de un catálogo técnico ni de un informe institucional, sino de un libro de autor que articula 163 fotografías procedentes de los archivos personales de 33 familias afectadas. Son imágenes marcadas por el barro, el agua y el tiempo; huellas físicas de la catástrofe que, lejos de ocultarse, se asumen como parte del relato.
El libro tendrá 292 páginas, formato 13 x 18 cm, papel offset de 120 gramos y una funda protectora serigrafiada en blanco sobre acetato transparente. Esta cubierta reproduce visualmente el residuo que queda en las fotografías al extraerlas de los álbumes tras la inundación, un gesto editorial que convierte el diseño en parte del discurso. La edición será trilingüe —valenciano, castellano e inglés—, ampliando así el alcance del proyecto más allá del contexto local.
La publicación no solo documenta una tragedia; también la reinterpreta. Las fotografías, unificadas por el azar del agua y el barro, componen ahora una memoria transversal. En ellas aparecen escenas cotidianas —bodas, comuniones, excursiones, retratos domésticos— que podrían pertenecer a cualquier familia. Y ahí reside parte de su potencia: en el reconocimiento compartido.
Un modelo de financiación con retorno social
La campaña de financiación se articula a través de Verkami y busca cubrir los costes de producción, comisión de plataforma y envíos. La estructura de distribución posterior es significativa: entre el 20% y el 30% de la tirada se destinará directamente a las familias protagonistas, al autor y a la conservación en archivo. El resto se distribuirá en librerías y ferias, y el 30% del beneficio neto se donará a la Fundació Horta Sud, entidad que gestiona buena parte de los fondos de Salvem les Fotos.
Este reparto revela que el libro no es solo un objeto cultural, sino una herramienta de continuidad para el propio proyecto de rescate. La memoria se convierte así en recurso para seguir preservando memoria.
Archivo, arte y responsabilidad
La trayectoria de Lucas Momparler, centrada en la fotografía analógica, el trabajo con archivo y la investigación sobre la relación entre ser humano y entorno, encuentra aquí una dimensión especialmente tangible. El proyecto ha sido ya presentado en festivales como SCAN y se exhibirá en el Watersnood Museum en Países Bajos, conectando la experiencia valenciana con otras geografías marcadas por el agua.
Por su parte, Handshake, con sede en Valencia, consolida con esta publicación una línea editorial que combina experimentalidad formal y vocación internacional. En un momento en que la edición independiente atraviesa tensiones económicas evidentes, apostar por un proyecto de esta naturaleza implica asumir que el libro puede ser, todavía, un dispositivo de reparación simbólica.
Hay algo profundamente contemporáneo en todo esto. Frente a la inmediatez digital y la fragilidad de los archivos en la nube, aquí hablamos de fotografías físicas, dañadas, rescatadas una a una. Hablamos de papel, de emulsión, de manos limpiando barro. Y de un libro que decide no borrar las cicatrices, sino convertirlas en relato.
Porque, al final, reconstruir una casa no es solo levantar paredes. También es recuperar las imágenes que colgaban de ellas.
