Las EASD de la Comunitat Valenciana participan en la huelga educativa convocada en la enseñanza pública no universitaria, pero lo hacen también con un conflicto propio: la denuncia de recortes de plantilla de entre el 3% y el 5% en los centros superiores dependientes del ISEACV. El malestar ya se ha trasladado a las aulas y a la calle, con protestas y movilizaciones del profesorado.
La huelga indefinida que atraviesa la educación pública valenciana tiene un eco muy concreto en el ámbito del diseño. Las escuelas superiores de arte y diseño de la Comunitat Valenciana se han sumado al paro con reivindicaciones que van más allá del marco general de la protesta y que afectan de lleno a su funcionamiento, a sus equipos docentes y, en última instancia, a la formación de los futuros profesionales del sector.
Aunque la movilización se engloba en la huelga educativa convocada en el conjunto del sistema no universitario, en el caso de las enseñanzas artísticas superiores el conflicto tiene una derivada propia. Los centros dependientes del Institut Superior d’Ensenyances Artístiques de la Comunitat Valenciana (ISEACV) denuncian una reducción prevista de entre el 3% y el 5% del personal docente. Una medida que, según sostienen desde los propios centros, no se ha planteado atendiendo a la realidad específica de cada escuela, sino de manera uniforme, sin distinguir entre tamaños, necesidades docentes o volumen de alumnado.
La cuestión afecta especialmente al diseño porque estas escuelas no son un apéndice menor del sistema educativo. Son el espacio en el que se forman diseñadores gráficos, de producto, de interiores o de moda, además de otros perfiles vinculados a la cultura visual y creativa. Lo que ocurra en sus plantillas, en sus infraestructuras y en su capacidad para mantener proyectos docentes estables repercute directamente en el tejido profesional. No se trata solo de cuántas horas da un profesor o de cuántos grupos puede asumir un centro. Se trata de qué tipo de formación puede ofrecerse y con qué nivel de exigencia, continuidad y conexión con la profesión.
Menos profesorado, menos margen para sostener la enseñanza
El núcleo de la denuncia está en la reducción de plantilla anunciada para el próximo curso. Según han trasladado varios centros, este recorte obligaría a revisar desdoblamientos de profesorado recogidos en la normativa, disminuiría la atención al alumnado y podría provocar una mayor rotación docente. Es decir, menos estabilidad y menos capacidad para sostener proyectos de cierta envergadura. En escuelas donde la docencia se apoya muchas veces en talleres, prácticas, seguimiento cercano y trabajo especializado, esa pérdida de margen no es un detalle administrativo: es una alteración directa de la calidad de la enseñanza.
Ya en abril, el sindicato STEPV había alertado de que la planificación de plantillas para los cursos 2026-2027 y 2027-2028 afectaría especialmente a la parte más frágil de la estructura docente: el profesorado interino, los refuerzos y los perfiles externos que suelen incorporarse para cubrir necesidades concretas o para dar soporte a estudios de especialización y másteres. Ahora, con la huelga en marcha y con los propios centros incorporando esta denuncia a sus reivindicaciones, aquella advertencia adquiere otra dimensión.
En el caso del diseño, el impacto puede ser todavía más sensible. Buena parte del valor de estas enseñanzas reside precisamente en su capacidad para combinar estructura académica y conexión con la realidad profesional. Cuando se estrecha el margen para incorporar especialistas o para sostener determinadas líneas docentes, la escuela corre el riesgo de perder una parte esencial de su sentido. Y es que en diseño no basta con cubrir horas lectivas. También importa quién enseña, desde qué experiencia y con qué capacidad para actualizar contenidos, metodologías y prácticas.
A eso se suma otro elemento de preocupación: la posible afectación a los másteres oficiales y a la oferta académica. Si la plantilla autorizada se convierte en el marco que condiciona las vacantes, los grupos y los itinerarios, los ajustes no solo golpean al profesorado. También pueden limitar la capacidad de los centros para mantener una oferta sólida y especializada.
Una protesta que interpela al sector del diseño
Las reivindicaciones de las escuelas de arte y diseño no se agotan en las plantillas. El decálogo difundido por las EASD del País Valencià incluye también la recuperación del poder adquisitivo del profesorado, la cobertura inmediata de bajas, la inversión en infraestructuras, la mejora de la climatización y la accesibilidad, el refuerzo del personal de administración y servicios, y la contratación suficiente de profesorado especialista para los másteres oficiales. También reclama más apoyo a la investigación y el cumplimiento efectivo de la ley de creación del ISEACV.
Todo ello dibuja una situación estructural de fragilidad que el sector del diseño debería mirar con atención. Porque estas escuelas ocupan un lugar singular: forman parte de la educación pública, pero también son una pieza fundamental en la cadena de formación de una profesión que lleva años reclamando mayor reconocimiento, mejores condiciones y una relación más seria entre enseñanza y mercado laboral. Cuando se recorta en este ámbito, no solo se ajusta un presupuesto. También se condiciona la manera en que una sociedad cuida —o descuida— la formación de sus diseñadores.
