En Gràffica tenemos un problema: recibimos tantos concursos de diseño, ilustración y fotografía que ya no damos abasto para investigarlos, publicarlos o denunciarlos. Ayuntamientos, instituciones, asociaciones y empresas convocan a profesionales para resolver sus necesidades de comunicación mediante premios de 300, 500 o 700 euros, cuando no a cambio de una cena, unos parches o una visita a unas instalaciones. Hemos reunido una muestra de las convocatorias que han llegado a nuestra redacción en las últimas semanas.
LibroFEST: diseña una portada gratis y, si tienes suerte, quizá vendas alguna copia
La Asociación Candela Gallery organiza «Reinterpreto tu portada», una exposición dentro de Xmas Market + LibroFEST 2026, para la que busca ilustradores dispuestos a reinterpretar las portadas de una selección de libros. Los participantes seleccionados deberán realizar una obra original e inédita sin recibir remuneración por su trabajo. A cambio, podrán vender una edición limitada de diez copias, a un precio orientativo de entre 15 y 25 euros, de cuya recaudación recibirán el 100 %. La organización asume la impresión, pero obtiene una licencia gratuita para utilizar las ilustraciones en la comunicación del evento y conserva las piezas físicas expuestas salvo que el autor solicite previamente su devolución. En definitiva, una convocatoria en la que la posibilidad de vender sustituye directamente a los honorarios profesionales.
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Fundación Dfa: 600 euros por la imagen de una campaña institucional y los calendarios de 2027
La Fundación Dfa, entidad dedicada a las personas con discapacidad física en Aragón, convoca una nueva edición de «Buscamos Imagen», un concurso abierto a toda la ciudadanía para seleccionar el cartel del Día Internacional de las Personas con Discapacidad. La propuesta ganadora no solo ilustrará la campaña de sensibilización del 3 de diciembre, sino que también se utilizará como imagen de los calendarios de 2027. ¿La remuneración? 600 euros para el primer premio y 300 para el segundo. Las bases contemplan, además, una cesión gratuita de derechos sobre las obras presentadas. Resulta especialmente preocupante que este tipo de convocatorias encuentren difusión incluso en centros educativos dedicados a formar a los futuros profesionales del diseño, como la EASD Segovia.
Cervezas Alhambra: un concurso de propuestas para diseñar y producir el trofeo de su premio en ARCO
Cervezas Alhambra vuelve a recurrir a una convocatoria abierta para seleccionar el diseño del trofeo de su Premio de Arte Emergente. Los participantes deben presentar una propuesta creativa con concepto, bocetos, ficha técnica, valoración económica y planteamiento de producción. Las bases establecen una remuneración de 3.000 euros para el desarrollo artístico, además de partidas para materiales y colaboración artesanal, y contemplan la posterior adquisición de la obra. Aunque existe una dotación económica para el proyecto seleccionado, el procedimiento vuelve a exigir que numerosos profesionales desarrollen previamente sus ideas sin garantía de remuneración. Una marca comercial que utiliza la competición para obtener propuestas creativas antes de formalizar el encargo.
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Festival de Cine de Alicante: hasta tres carteles por participante para conseguir 1.200 euros
El Festival Internacional de Cine de Alicante busca la imagen oficial de su 24.ª edición mediante un concurso abierto a artistas, diseñadores y creadores residentes en España. Cada participante puede presentar hasta tres carteles y optar a un único premio de 1.200 euros. La propuesta ganadora se convertirá en la imagen del festival y se utilizará en sus soportes de comunicación. De nuevo, una organización cultural resuelve una necesidad de comunicación visual convocando a profesionales a desarrollar propuestas terminadas sin remuneración, salvo para una única persona. Una campaña convertida en competición cuyo coste creativo asumen los propios participantes.
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Albacete a Mano: una fotografía para la portada de su revista a cambio de una cena en Benidorm
La revista Albacete a Mano (ABM) convoca un concurso para encontrar la fotografía que mejor represente la Feria de Albacete 2026. El premio no es económico: una cena para dos personas con espectáculo en Benidorm Palace. A cambio, la organización obtiene autorización para reproducir las imágenes participantes en sus redes sociales, web y publicaciones impresas. Además, la fotografía ganadora podrá convertirse en la portada de su revista especial Feria de Albacete 2027. Una publicación que pretende conseguir contenido fotográfico para sus canales y, potencialmente, resolver su próxima portada sin contratar ni remunerar económicamente el trabajo de un fotógrafo. El autor, por su parte, debe garantizar que dispone de las autorizaciones de todas las personas que aparezcan retratadas.
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El 43 Grupo del Ejército del Aire busca diseñador: el premio es un juego de parches y una visita a sus instalaciones
El 43 Grupo del Ejército del Aire y del Espacio lanza un concurso para diseñar un póster que represente su misión, historia y actividad. En su convocatoria reconoce abiertamente que primero lo intentaron con inteligencia artificial, pero que, como diseñar no es lo suyo, prefieren recurrir a la creatividad de los participantes. La remuneración resulta difícil de superar: un juego de parches del 43 Grupo, una jornada junto a sus integrantes, conocer de cerca su avión y probar su simulador. Ni un euro de honorarios para desarrollar una pieza gráfica destinada a representar a una unidad militar. Un ejemplo especialmente revelador de hasta qué punto se ha normalizado solicitar trabajo creativo sin plantearse siquiera que deba remunerarse.
El Perro Verde y la Barcelona Creativity & Design Foundation: hasta 15.000 euros para reinterpretar una marca mediante concurso
El Perro Verde y la Barcelona Creativity & Design Foundation lanzan una convocatoria abierta a diseñadores, artistas y creativos de distintas disciplinas para reinterpretar el ADN de la marca y convertirlo en un objeto, pieza o artefacto de autor. Se seleccionarán un máximo de tres propuestas, cada una dotada con 5.000 euros, lo que supone un presupuesto máximo anunciado de 15.000 euros. Una iniciativa que vuelve a recurrir a la competición para obtener ideas y propuestas creativas en lugar de contratar directamente a los profesionales. El anuncio no aclara cuántas propuestas deberán desarrollarse sin remuneración ni si los 5.000 euros incluyen los costes de producción, dos cuestiones fundamentales para valorar las condiciones reales del encargo.
EMT Madrid: la imagen del décimo aniversario de su museo por 500 euros
La Empresa Municipal de Transportes de Madrid incorpora este año una modalidad de carteles a su tradicional concurso de microrrelatos con el lema «Yo me subí a un Pegaso». El objetivo es obtener un cartel conmemorativo para el décimo aniversario del Museo de EMT, centrado en los autobuses históricos que circularon por Madrid entre los años 40 y 90. El mejor cartel, según el jurado, recibirá 500 euros, y el más votado en Instagram, 150 euros. Los participantes deben enviar la pieza y, además, subirla a Instagram mencionando a @emtmadrid, utilizando el hashtag del certamen y etiquetando a otros dos usuarios para amplificar la difusión. Una convocatoria pública que resuelve una necesidad de comunicación mediante concurso y convierte a los propios participantes en soporte promocional del certamen.
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La Ruta del Tambor y Bombo busca cartel para nueve pueblos por 800 euros
La Ruta del Tambor y Bombo ha abierto el XXIII Concurso del Cartel Anunciador de su Semana Santa 2027. La convocatoria busca una única imagen capaz de representar a nueve municipios y a una de las tradiciones más reconocibles de Aragón. El premio anunciado es de 800 euros y el plazo de presentación concluye el 30 de octubre. Una imagen con fuerte carga simbólica, institucional y territorial que se resuelve mediante concurso abierto, con una remuneración modesta para un encargo de representación pública. La propia comunicación del certamen invita a reenviar la publicación a «ese diseñador, ilustrador, artista o creativo que debería intentarlo», reforzando la lógica de convertir el trabajo profesional en una competición abierta.
Los arquitectos también quieren su logotipo por concurso: 2.000 euros por propuesta y 8.000 para desarrollar la identidad
El Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) convoca un concurso abierto para renovar la identidad visual de su Observatorio. Los participantes deberán presentar una propuesta creativa que incluya un nuevo logotipo, sus aplicaciones en distintos soportes y un descriptor que exprese el nuevo posicionamiento de la entidad. Se premiarán tres propuestas con 2.000 euros cada una, mientras que la ganadora recibirá, además, un contrato de 8.000 euros para desarrollar la identidad y sus aplicaciones. En total, 14.000 euros destinados a un procedimiento competitivo que obliga a los aspirantes a trabajar previamente sin garantía de remuneración. Resulta especialmente significativo que sea una organización que representa a profesionales de otra disciplina proyectual la que recurra a este modelo para contratar diseño.
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Carnaval de Solsona: 300 euros por el cartel y la excusa de que «es una fiesta popular»
El Carnaval de Solsona convoca un nuevo concurso para elegir el cartel de su edición de 2027, con un premio de 300 euros. Ante las críticas recibidas por este procedimiento, la propia organización reconoce públicamente que esa cantidad no constituye una remuneración adecuada para un profesional del diseño o la ilustración, pero justifica la convocatoria argumentando que no se trata de un encargo profesional, sino de un concurso popular abierto a toda la ciudadanía. Incluso defiende que no quiere adjudicar el trabajo directamente a un diseñador, sino que la propuesta pueda surgir de cualquier rincón de Solsona. Una respuesta especialmente reveladora de hasta qué punto se ha normalizado considerar el diseño una actividad participativa antes que un servicio profesional. Que una fiesta sea popular no significa que sus necesidades de comunicación deban resolverse mediante trabajo especulativo.
Ayuntamiento de Sagunt: 700 euros para diseñar el cartel oficial de las Fallas 2027
El Ayuntamiento de Sagunt convoca un concurso para seleccionar la imagen anunciadora de las Fallas de 2027, declaradas Fiesta de Interés Turístico Nacional. La dotación económica es de 700 euros, sujetos a la correspondiente tributación, para una obra original e inédita que deberá presentarse en formato vertical de 50 × 70 centímetros, sobre soporte rígido o bastidor. Una vez más, una administración pública decide resolver sus necesidades de comunicación mediante un concurso abierto, en lugar de contratar a un profesional y desarrollar con él el proyecto. Lo llamativo es que el propio consistorio justifica esta fórmula como una manera de favorecer la promoción de las artes plásticas, convirtiendo así un encargo de comunicación institucional en una competición de trabajos previamente realizados.
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Castelló: 5.000 euros para elegir la imagen oficial de la Magdalena 2027
El Ayuntamiento de Castelló y el Patronato Municipal de Fiestas convocan un nuevo concurso para seleccionar el cartel anunciador de la Magdalena 2027, con un premio único de 5.000 euros. Los participantes disponen del 21 de septiembre al 8 de octubre para desarrollar y presentar sus propuestas, de las que únicamente una resultará remunerada. Aunque la dotación supera notablemente la de otros concursos de este recopilatorio, el procedimiento vuelve a ser el mismo: una administración establece unilateralmente el precio de un encargo de comunicación institucional y convoca a los creativos a competir por él, en lugar de contratar a un profesional para desarrollar la imagen de una de las principales celebraciones de la ciudad.
Tona: 500 euros para diseñar el cartel de la Festa Major y demostrar que el talento local es mejor que la IA
El Ayuntamiento de Tona (Barcelona) convoca la tercera edición del concurso de carteles de la Festa Major de Sant Andreu, dirigido a diseñadores locales y dotado con un premio de 500 euros. La campaña de presentación resulta especialmente reveladora: bajo el lema «Talent local > Intel·ligència Artificial», la organización rechaza utilizar una imagen generada mediante IA porque considera que carece de personalidad y arraigo. La alternativa que propone es que sean los propios creativos del municipio quienes desarrollen sus propuestas y compitan por un único premio. Una curiosa manera de reivindicar el talento profesional: reconocer públicamente su valor mientras se le ofrece una remuneración de 500 euros y se deja sin cobrar al resto de participantes.
¿Hasta cuándo vamos a seguir aceptando esto?
Esta es solo una muestra. Podríamos seguir añadiendo concursos, uno detrás de otro, porque las convocatorias no dejan de llegar. Cambian los organismos, los premios, las condiciones y las excusas, pero el procedimiento se repite con una naturalidad que empieza a resultar preocupante. Alguien necesita un cartel, una identidad visual, una ilustración o una campaña; decide cuánto quiere pagar y convoca a decenas de personas para que trabajen previamente con la esperanza de que una de ellas resulte elegida.
Pero detrás de esta avalancha hay preguntas bastante más incómodas. ¿Cuánto negocio está perdiendo el sector? ¿Cuánto dinero se ahorran quienes recurren sistemáticamente a estos concursos? ¿Qué imagen estamos trasladando a la sociedad sobre el valor de nuestro trabajo? Y, sobre todo, ¿por qué seguimos participando en un sistema que contribuye a devaluar nuestra propia profesión?
Porque no estamos hablando únicamente de premios insuficientes. Estamos hablando de encargos profesionales que podrían contratarse, presupuestos que podrían negociarse y relaciones comerciales que nunca llegan a existir. Cada concurso convierte una necesidad real de diseño en una competición donde el precio y las condiciones ya están decididos de antemano. El diseñador no presenta un presupuesto, no negocia el alcance del trabajo ni establece sus honorarios. Simplemente acepta las reglas y espera tener suerte.
¿Cuántas horas de trabajo se pierden entre todas las propuestas que nunca serán remuneradas? ¿Cuánto dinero deja de circular por los estudios, las agencias y los profesionales independientes? ¿Qué ocurriría si todos esos organismos tuvieran que contratar los servicios creativos como contratan cualquier otro suministro o prestación profesional?
Y quizá lo más grave sea el mensaje que estamos trasladando a la ciudadanía. Hemos normalizado que el diseño es algo que cualquiera puede intentar, que basta con convocar un concurso para conseguirlo y que pagar por el trabajo creativo es casi una recompensa voluntaria. Lo llamamos participación, democratización, promoción cultural u oportunidad para los jóvenes talentos. Pero participar en un concurso no es conseguir un trabajo. Y ofrecer a cien personas la posibilidad de que una cobre no significa haber generado cien oportunidades profesionales.
Tampoco podemos eludir nuestra propia responsabilidad. Los concursos siguen funcionando porque seguimos presentándonos. Y porque incluso desde las propias organizaciones profesionales se continúa promoviendo, difundiendo o legitimando la convocatoria competitiva como una fórmula habitual para contratar diseño. Se han elaborado guías, códigos de buenas prácticas y alternativas para mejorar los procedimientos. Sin embargo, quizá llevamos demasiado tiempo intentando conseguir mejores concursos en lugar de plantearnos por qué tenemos que concursar para trabajar.
Una administración que dispone de 3.000 euros para diseñar un cartel no tiene necesariamente que organizar un concurso. Cuando la normativa permite la contratación directa, puede seleccionar a un profesional, establecer un encargo, negociar su alcance y exigir un resultado. Como sucede con tantos otros servicios que necesitan las instituciones. ¿Por qué el diseño debe ser diferente? ¿Por qué hemos aceptado que otros decidan unilateralmente cuánto cuesta nuestro trabajo y que, además, tengamos que competir para conseguirlo?
Llegados a este punto, también cabe preguntarse si las denuncias públicas, las cartas y los manifiestos siguen siendo suficientes. La profesión necesita explorar seriamente la vía jurídica, impugnar aquellas convocatorias cuyas condiciones vulneren la normativa y conseguir resoluciones que permitan establecer límites efectivos. No todos los concursos son ilegales ni todos pueden recurrirse por el mero hecho de existir, pero cuando una convocatoria incurre en irregularidades, la respuesta no debería quedarse únicamente en una publicación indignada en redes sociales. Las administraciones deben saber que organizar mal un concurso puede tener consecuencias.
Porque mientras todo esto siga saliendo gratis, para quienes convocan y no para quienes participan, difícilmente cambiará nada.
Tal vez haya llegado el momento de dejar de preguntarnos cómo organizar concursos mejores y empezar a exigir algo bastante más sencillo: que nos contraten para hacer nuestro trabajo. Que las instituciones asuman la responsabilidad de elegir a sus proveedores, que los profesionales puedan presupuestar y negociar sus servicios y que la sociedad entienda que el diseño, la ilustración y la fotografía son actividades económicas, no aficiones colectivas a disposición de quien necesite una imagen barata.
