En una cultura de trabajo en remoto, también importan los espacios y momentos que buscan la magia del directo. Lo presencial no sustituye lo remoto, simplemente le dan otra expresión. Este loft en Nueva York, junto al emblemático SoHo, nació para ampliar esas dos dimensiones: no es una oficina, es un lugar de encuentro que invita a colaborar y dar sentido al modelo de trabajar distribuido.

Para entender el NoHo Space hay que entender antes la cultura que lo originó. Automattic, que este año cumplió veinte años, nació como una organización totalmente distribuida: cuando trabajar remoto así aún no tenía nombre, ellos ya colaboraban desde distintos países y en modo asíncrono. Esa filosofía abierta, arraigada en el código abierto, dio vida a WordPress.com, donde millones de personas han encontrado su voz, WooCommerce, o Tumblr, hogar de collages, microculturas y artistas que han definido parte de las estética de internet.
«Automattic es como un corolario de proyectos, personas, historias, lenguajes e ideas de todo el mundo que se conectan, crecen y se ramifican sobre un tronco transparente, enraizado en el código abierto y en la voluntad de hacer de la web un lugar mejor.», explica Pablo Honey, su director creativo.
Al cruzar la puerta, una frase recibe a quienes llegan: «Welcome to Automattic. This is our New York workplace, art gallery, event and lecture space, and home-away-from-home for Automatticians and friends.» Un entorno que resulta familiar incluso para quienes lo visitan por primera vez.

Lo que llama la atención es su atmósfera, difícil de captar a distancia. Las alfombras delimitan silenciosamente los espacios, los sofás vintage sostienen conversaciones que nunca habrían ocurrido en una videollamada. Las amplias vistas a todo Downtown y la luz cálida de las lámparas de Isamu Noguchi componen un entorno más cercano a un salón contemporáneo que a un espacio corporativo, con ese pulso inconfundible de Nueva York: su mezcla, su historia, su ritmo.
Querían un ambiente amable y no formal, pero también con la flexibilidad y la espontaneidad de un club de jazz: un lugar donde improvisar, escuchar y «tocar juntos» cuando la ocasión lo pide. Esa idea —colaborar como quien comparte música— fue fundamental en su diseño.
Como matiza Pablo, «NoHo Space surgió como un entorno para expresar la permanencia de Automattic y su misión, a través de un diseño que parece que siempre estuvo ahí y que siempre estará; un lienzo práctico y elástico para diferentes usos que refleja la riqueza estética de nuestras herramientas creativas y, por supuesto, nuestro amor por el jazz y la vibra creativa y relajada de un club de jazz.»
Un espacio para convivir
La planta se organiza a través de pequeñas áreas que conviven entre sí, como si cada una de ellas ofreciera una actitud distinta del mismo lugar: mesas donde varios equipos pueden sentarse juntos, rincones tranquilos para concentrarse y salas acristaladas que ofrecen privacidad sin aislar visualmente del resto. Aquí la transparencia no es un gesto arquitectónico, sino cultural: todos se ven y comparten el mismo territorio aunque trabajen en cosas distintas.
No es raro encontrar libros de arte esparcidos en distintas superficies, seleccionados cuidadosamente junto con el mobiliario y los objetos. Algunos siguen abiertos como referencia habitual, otros esperan ser hojeados en busca de una idea inesperada. Son pistas sutiles de que este es un lugar donde se diseña, se piensa, se desarrolla y se conversa; no solo donde se abre un portátil.

Las paredes incorporan otro detalle interesante: una colección de obras creadas por artistas y creadores de las comunidades de Tumblr y WordPress, como los collages de Lola Dupre y los loops vibrantes de Matthias Brown. A ellas se suman otras piezas que reinterpretan elementos del diseño de producto de Automattic en composiciones artísticas. Esa traducción del lenguaje visual de sus productos al espacio físico crea una continuidad entre lo que ven cada día en la pantalla y el lugar donde se encuentran. No es solo decoración; es una forma de hacer tangible una identidad distribuida.
Unas sillas dispuestas en filas funcionan como un pequeño auditorio. Allí se presentan proyectos, se explican avances o se celebran sesiones que condensan meses de trabajo remoto. Aquí también han ocurrido encuentros abiertos a la comunidad: exposiciones, nuevos lanzamientos, sesiones de música, paneles de diseñadoras hispano-parlantes o la grabación del podcast Women at Work. Es especialmente útil para ampliar la vida del espacio con una comunidad más amplia y global.

Un campo base para encontrarse
El espacio cobra aún más sentido para quienes llegan de otros lugares, y en Automattic eso significa desde cualquier parte del mundo. En lugar de improvisar reuniones en cafeterías o coworkings impersonales, quienes trabajan en Automattic tienen un lugar tranquilo e inspirador donde sentarse, trabajar y reunirse con sus equipos o partners.
Automattic lo define como «un sitio real y confortable al que acudir cuando es necesario coincidir». Es una manera de ofrecer estructura sin imponer presencia: un punto estable en una ciudad que muchos equipos utilizan como intersección geográfica.
Un entorno que prioriza la calidad del tiempo compartido
Lejos de reproducir un modelo de oficina tradicional, este espacio funciona como un marco para que diferentes dinámicas —aprendizaje, debate, planificación, conversación informal— ocurran de forma más natural. Los encuentros surgen entre un café en la cocina, una pausa en el sofá o una revisión improvisada en una mesa. El diseño no obliga a trabajar de un modo concreto, sino que facilita que la convivencia profesional tenga lugar sin artificios.
Mientras muchas organizaciones discuten sobre si regresar o no a la oficina, Automattic no se plantea esa dicotomía: nació distribuida y sigue comprometida con ese modelo. Este espacio no sustituye el trabajo remoto; lo enriquece cuando la presencia aporta valor. Un lugar donde el trabajo individual, realizado en ciudades y países distintos, adquiere un nuevo matiz.
La oficina de una empresa que no tiene oficinas funciona así: como refugio temporal, punto de encuentro, un lugar de aprendizaje y como expresión cultural. Un espacio donde verse, explicarse, compartir y recordar que, aunque sea por unas horas o días, en la distancia del trabajo remoto hay personas que trabajan juntas.









