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El Ayuntamiento de Jaén convoca el concurso para diseñar el cartel de la Feria de San Lucas 2026 con un único premio de 800 euros y una convocatoria abierta a cualquier participante.
El Ayuntamiento de Jaén ha vuelto a convocar el concurso, esta vez para diseñar el cartel de la Feria y Fiestas de San Lucas 2026. Y lo hace recurriendo a una fórmula que el sector del diseño lleva años cuestionando: convocatoria abierta a cualquier participante, posibilidad de presentar varias propuestas y un único premio de 800 euros. El esquema es conocido. Decenas —o potencialmente cientos— de diseñadores e ilustradores desarrollarán propuestas para representar uno de los eventos más visibles de la ciudad, pero solo una de ellas recibirá compensación económica. El resto de trabajos, sencillamente, desaparecerán en el proceso.
A primera vista, el modelo se presenta como una iniciativa para fomentar la participación y dar visibilidad al talento creativo. Pero desde hace años asociaciones profesionales, estudios y diseñadores independientes vienen señalando que este tipo de convocatorias reproducen una lógica problemática: la del trabajo especulativo. Es decir, procesos en los que muchos profesionales realizan trabajo creativo sin remuneración alguna con la esperanza de ser seleccionados.
El diseño de un cartel institucional no es un ejercicio trivial. Implica investigación visual, desarrollo conceptual, exploración gráfica, pruebas tipográficas y adaptación técnica para su reproducción en diferentes soportes. Sin embargo, el modelo de concurso abierto convierte ese proceso en una competición en la que el trabajo previo de la mayoría de participantes simplemente queda fuera del sistema de valoración económica.
“Dentro de los medios de los que disponemos”
Hay un párrafo en las propias bases del concurso que resulta especialmente revelador. En el texto final del documento, el Ayuntamiento afirma sentir “respeto y aprecio hacia el colectivo de diseñadores gráficos e ilustradores” y asegura que el concurso se organiza “dentro de los medios de los que disponemos, de la manera más justa y respetuosa posible con su trabajo”.
La frase, aparentemente conciliadora, acaba convirtiéndose en el elemento más llamativo de toda la convocatoria. Porque lo que realmente revela es que la institución es plenamente consciente de que este modelo genera malestar dentro del sector profesional. No se trata de una práctica desconocida ni de un problema que haya pasado desapercibido. El propio texto reconoce, implícitamente, que existe una discusión sobre cómo se encargan y se remuneran los trabajos de diseño cuando proceden de la administración pública.
La expresión “dentro de los medios de los que disponemos” abre además una cuestión incómoda sobre cómo se valoran las distintas profesiones dentro de la organización de unas fiestas municipales. Cuando un ayuntamiento contrata iluminación, sonido, infraestructuras o servicios técnicos para un evento público, el procedimiento no suele consistir en pedir a decenas de empresas que trabajen gratis para después elegir una propuesta. En esos casos se establecen presupuestos, se negocian condiciones y se paga por el servicio.
Con el diseño, sin embargo, parece haberse consolidado una lógica diferente: la de pedir comprensión a quienes trabajan.
De hecho, el propio texto de las bases concluye agradeciendo “la comprensión y la voluntad de aquellos que se interesan en participar en este concurso”. Una frase que termina trasladando el problema a los propios profesionales: si el presupuesto es limitado, si los recursos no son suficientes, si los medios no alcanzan… se espera que los diseñadores lo entiendan.
La pregunta que inevitablemente surge es otra: si el problema son los “medios disponibles”, ¿por qué la comprensión se exige siempre a quienes realizan el trabajo y nunca a quienes toman las decisiones? Si la lógica es que todos deben asumir las limitaciones económicas, quizá el debate debería empezar también por quienes gestionan esos recursos públicos y por cómo se distribuyen dentro de la estructura institucional.
