El cómic que ha recomendado Pedro Sánchez para este verano

Entre una novela y un ensayo de geopolítica, Pedro Sánchez ha colocado un cómic: Nocturnos, de Laura Pérez. Es el segundo año consecutivo que el presidente del Gobierno incluye una obra de cómic español entre sus recomendaciones, esta vez con un título publicado por Astiberri que acaba de recibir un premio Eisner y que confirma el reconocimiento internacional de una de las autoras españolas con una voz gráfica más reconocible de los últimos años.

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Pedro Sánchez ha vuelto a compartir algunas de sus lecturas estivales y entre los tres títulos escogidos hay, de nuevo, un cómic. «Si este verano os apetece leer un buen libro, os voy a recomendar tres, una novela, un ensayo y un cómic», explica el presidente del Gobierno en el vídeo publicado en sus redes sociales. La novela es Comerás flores, de Lucía Solla; el ensayo, The Age of Unpeace, del politólogo británico Mark Leonard; y el cómic, Nocturnos, de Laura Pérez.

La elección pone el foco sobre una autora valenciana que lleva años construyendo una obra muy personal entre la ilustración, el cómic y el audiovisual. Pérez ha publicado títulos como Ocultos, Tótem, Espanto o Náufragos, además de trabajar para cabeceras internacionales como The Washington Post, The Wall Street Journal, National Geographic o Vanity Fair. Su lenguaje visual suele moverse en territorios donde lo cotidiano adquiere una extrañeza difícil de explicar: cuerpos, habitaciones, sueños, silencios, recuerdos y escenas aparentemente normales que dejan siempre algún elemento fuera de sitio. También ha trasladado ese imaginario al audiovisual, entre otros trabajos a los títulos de crédito de Solo asesinatos en el edificio, realizados junto a Elastic y nominados a los Emmy.

En Nocturnos, publicado por Astiberri en 2024, esa mirada encuentra la noche. El libro desarrolla una sucesión de escenas, personajes y situaciones conectadas por ese momento en el que la actividad cotidiana desaparece, las habitaciones cambian de aspecto y cualquier ruido parece cobrar otro significado. Hay sueños, bosques, carreteras oscuras, soledad, memoria, miedo y personajes cuya percepción empieza a borrar los límites entre aquello que sucede y aquello que imaginan.

Pérez trabaja con secuencias silenciosas, cambios de escala y páginas en las que la información aparece gradualmente, sin necesidad de explicarlo todo. Las historias funcionan de forma autónoma, pero terminan comunicándose mediante imágenes, sensaciones y pequeños ecos visuales.

La recomendación de Sánchez llega apenas unas semanas después de que Nocturnos recibiera uno de los principales reconocimientos internacionales de su recorrido. El pasado 24 de julio, durante la Comic-Con de San Diego, su edición estadounidense ganó el premio Eisner a la mejor edición estadounidense de material internacional. Publicada por Fantagraphics y traducida al inglés por Andrea Rosenberg, la obra ya había entrado previamente en selecciones de la New York Public Library y The Washington Post. En España también había recibido reconocimientos como el premio de ACDCómic a la mejor obra nacional y el Premio Antifaz del Salón del Cómic de València.

El cómic entra en la lista

Hay otro elemento interesante en la manera en que Sánchez presenta sus recomendaciones. Nocturnos se anuncia como una lectura más y se continúa con el siguiente título. Una formulación sencilla, pero que toca una cuestión con la que el medio ha convivido durante décadas: su consideración pública como formato cultural autónomo y no únicamente como un producto asociado al entretenimiento juvenil, los superhéroes o determinados nichos de lectores.

Durante mucho tiempo, buena parte del cómic destinado a un público adulto tuvo que buscar incluso otras denominaciones para hacerse sitio fuera de esas asociaciones. La expresión «novela gráfica» ayudó a ampliar lectores y espacios de distribución, aunque también generó una extraña jerarquía interna en la que determinadas obras parecían necesitar distanciarse de la palabra cómic para tener legitimidad cultural.

Nocturnos resulta útil para entender la amplitud del cómic porque está muy lejos de algunas de las imágenes más persistentes asociadas al tebeo. No hay superhéroes ni una aventura construida alrededor de una trama convencional. El interés está en el ritmo de las imágenes, en la composición de las páginas, en aquello que se sugiere y no se cuenta y en la capacidad del dibujo para producir una atmósfera que sería difícil trasladar de la misma manera a otro lenguaje.

La situación se repite, además, por segundo año consecutivo. En noviembre de 2025 Sánchez recomendó Contrapaso. Los hijos de los otros, de Teresa Valero, una obra situada en la España de los años cincuenta que utiliza la investigación periodística y el género policiaco para entrar en la censura, la represión y las contradicciones sociales del franquismo. Entonces fue más explícito: «Tenemos muy buen cómic en España, os recomiendo que leáis algunos cómics».

Esta recomendación es buena noticia. Coloca al cómic durante unos minutos ante un público que probablemente no sigue novedades editoriales, premios especializados o salones de cómic. Y esta vez el libro que ocupa ese espacio llega con una trayectoria ya consolidada: publicado en España hace dos años, traducido al mercado estadounidense y reconocido ahora con un Eisner.

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