De sueño profesional a pesadilla: mi primer proyecto de cómic

Que tu primera historia no va a ser la mejor de tu carrera es, a priori, una verdad incontestable. Si existe algo parecido al talento en el arte yo lo definiría así: como una promesa de futuro más que una demostración innata de facultades.

Una de las portadas del proyecto de Alba Soprano.

Nadie nace enseñado y la de escritor es una carrera de fondo que, como el buen vino, mejora con el tiempo. A menudo escucho a compañeras y compañeros que aún no han publicado su primera historia hablar de la odisea personal que están viviendo tratando de buscar editorial para sus proyectos, y a veces, tristemente, también doy con testimonios de personas que han abandonado sus aspiraciones artísticas. Yo misma viví mi propio periplo, una aventura que logró convertir mi sueño de convertirme en guionista de cómics en una pesadilla.

Corría el año 2016. Un dibujante novato y yo, guionista igual de novata, habíamos preparado un dosier sobre una historia de cómic que queríamos publicar. Ilusionados, nos dispusimos a moverla por editoriales. La primera vez que mostré en público ese trabajo fue una tarde durante mi visita a un festival donde tomaba algo con varios autores y lectores para mí desconocidos. Ya fue una señal premonitoria de lo que vendría después: del entusiasmo inicial que causó el dosier, la conversación pronto derivó a la suspicacia, a correcciones, a preguntas obvias y al ofrecimiento de datos que yo ya sabía. Me incomodó un poco la situación, pero la dejé pasar. Envié el dosier a varias editoriales, tuve alguna reunión breve y llené varias páginas de mi libreta con sugerencias de aquí y de allí para mejorar. Lo comenté todo con el dibujante y juntos tomamos la iniciativa de reescribir la historia y redibujarla para elaborar otro dosier más sólido. En unos cuantos meses, la nueva versión estuvo lista.

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