La muestra reúne 26 retratos de mujeres y convierte una parte del cuerpo históricamente mirada, medida y sexualizada en un territorio propio. Podrá visitarse hasta el 22 de mayo en Pasaje 94 y destinará su recaudación a la Asociación Alanna.
El culo nunca ha sido solo un culo. Al menos no en la mirada pública. Ha sido reclamo, censura, deseo, vergüenza, chiste, canon, algoritmo, medida, promesa comercial y motivo de vigilancia. Se ha fotografiado, retocado, escondido, exhibido, corregido y comentado con una facilidad que dice más de quien mira que de quien aparece en la imagen. Bajo esa tensión cotidiana se sitúa CULOS, una exposición que acaba de inaugurarse en Valencia y que propone desplazar esa mirada para devolver el cuerpo femenino a un lugar más sencillo y, precisamente por eso, más incómodo: el de lo propio.
La muestra reúne 26 retratos de mujeres del entorno cercano de la fotógrafa valenciana Amparito Sebastià y podrá visitarse hasta el 22 de mayo en Pasaje 94, el espacio de la calle dels Trinitaris, 13 impulsado por las arquitectas Camila Chiodi y María Vigliocco. El proyecto parte de una idea aparentemente directa: fotografiar cuerpos sin pedirles permiso para ser perfectos. O, dicho de otro modo, sin convertirlos en una superficie disponible para la aprobación externa.
CULOS nació casi de forma inesperada, durante una sesión con un grupo de amigas en el estudio de la fotógrafa. La intención inicial no estaba demasiado cerrada, pero fueron las propias participantes quienes marcaron el tono de las imágenes. «Fueron ellas mismas quienes empezaron a marcar el tono: posaban con naturalidad, sin pudor, habían traído looks de ropa interior que mostraba la personalidad de cada una. Había una seguridad y una actitud muy claras», explica Sebastià. A partir de aquella primera sesión, el proyecto fue creciendo con la incorporación de más mujeres de su entorno, incluida su madre, lo que añade a la serie una dimensión generacional y más íntima.
La exposición evita el gesto fácil de la provocación. No se trata de enseñar culos para incomodar, ni de utilizar el desnudo o la ropa interior como una estrategia de impacto. La cuestión parece ir por otro lado: ¿por qué un cuerpo femenino sigue pareciendo una invitación al comentario? ¿Por qué ciertas partes del cuerpo continúan funcionando como propiedad simbólica de los demás? Durante años, el cuerpo de las mujeres ha sido tratado como un espacio público: opinable, corregible, deseable o censurable según el contexto. CULOS plantea justamente lo contrario: que el cuerpo no necesita justificarse ante la mirada de nadie.
En la exposición, los cuerpos aparecen fragmentados, cercanos, sin esa distancia pulida de la fotografía publicitaria. Hay medias, ropa interior, manos, piel, posturas que no parecen responder a un canon cerrado. La serie trabaja desde una proximidad que no busca embellecer ni caricaturizar. Y ahí está buena parte de su interés: en convertir una zona cargada de lectura social en una imagen directa, casi cotidiana, donde el cuerpo no aparece como mensaje ni como espectáculo, sino como presencia.
La exposición tiene además una dimensión solidaria. Tanto la fotógrafa como las responsables de Pasaje 94 han trabajado en el proyecto sin ánimo de lucro y toda la recaudación se destinará a la Asociación Alanna, entidad valenciana que trabaja contra la violencia hacia las mujeres y por la inclusión de mujeres, niñas, niños y familias en situación de especial vulnerabilidad.
