La extraordinaria historia de Joana Biarnés, la primera fotoperiodista de España

La biografía de Joana Biarnés (1935-2018) podría empezarse con diferentes definiciones: la fotógrafa pionera, la mujer que inmortalizó gráfica y socialmente la España del franquismo, la luchadora en un mundo ultra machista, la leyenda,… Todo esto, sin embargo, revela quién era Joana Biarnés: la fotógrafa catalana con una mirada singular y de personalidad extraordinaria y valiente que, después de 50 años de profesión, dejó un gran legado del mundo del deporte, la cultura, la política y la sociedad de su época.

Joana Biarnés, por Imma Cortés

Este 20 de diciembre ha amanecido con una noticia conmovedora, inesperada y dura: falleció Joana Biarnés. «Ayer por la noche nos dejó la fotoperiodista Joana Biarnés. Mujer luchadora, bondadosa, coherente, humilde, generosa, inteligente, con valores y principios, justa, respetuosa. Hemos perdido todos a una gran amiga y fotógrafa», anunció así Photographic Social Vision. La primera fotoperiodista de nuestro país derrotó los prejuicios de la época, triunfó en la profesión calificada “solo para hombres”, conoció y capturó a grandes personajes de la historia y, cuando se pudo convertirse en icono de la fotografía, desapareció.

Era la primera de tantas: consiguió capturar los momentos instantáneos y emociones naturales de Lola Flores, Salvador Dalí, Joan Manuel Serrat, Massiel, Raphael, The Beatles y Roman Polanski, entre otros tantos. Pero, su trabajo era reconocido no solo por los retratos de protagonistas de la cultura popular de los años 50, 60 y 70, sino también por los reportajes que pasaron por accidentes, injusticias sociales y catástrofes. La fotografía de Biarnés demuestra y guarda para la eternidad la etapa clave del siglo XX: los años de la España gris del franquismo y los inicios de la democracia, con aspiraciones a libertad y recuperación de ilusión.

Inicio duro en un terreno reservado solo para hombres

Hija de Rosario Florensa y el también del fotoperiodista deportivo muy respetado, Joan Biarnés, Joana nació en Terrassa en 1935. Ser hija de Joan Biarnés era como «un balón de oxígeno» que llevó a Joana «no querer defraudarle nunca». Todo se empezó un día, cuando unos excursionistas vinieron a su casa. Como memorizó fotógrafa aquél día, ellos habían descubierto una sima con estalactitas y estalagmitas, y querían que su padre documentásela gráficamente. Exactamente esa fue la oportunidad de Joana para demostrarle a su padre de que podía convertirse en su ilusión. Fotografió la sima con una Leica. Tenía solo 20 años. Más tarde, su padre le animó a acompañarle en eventos deportivos y, obviamente, plenamente masculinos, hasta que Joana adquirió la “visión” necesaria.

Biarnés debutó en Mundo Deportivo con valentía en una época marcada por el pensamiento único y con presencia masculina. En una entrevista con Mujer Hoy en 2017, Biarnés confesó que toda su trayectoria profesional fue marcada por la frase: «¿Y esta qué viene a hacer aquí?». Se presentó en un partido de fútbol Barcelona-Español, en 1965 y su debut fue marcado por el escándalo: el árbitro no comenzaba el partido, porque la fotógrafa –la única mujer entre hombres– no se iba del campo. El resto ya es historia:

«El árbitro viene y me pregunta qué hago allí. ‘¡Vengo a hacer fotos!’, le contesto. Me dice que ahí no puedo estar. ‘¿Por qué?’, le suelto. ‘Porque eres una mujer’, me responde. Y empieza el lío. Como no empezaba el partido, empezaron a insultarme: ‘Guarra’; ‘Vete a fregar platos’… Las piernas y las manos me temblaban, era muy joven. Pero me salió mi parte rebelde. ¿Por qué no podía estar ahí? Me dije: ‘De aquí no me muevo’. Saqué mi acreditación de la Federación de Fútbol y se la enseñé al jefe de campo», recordó Joana Biarnés en la entrevista con Mujer Hoy.

Después de publicar su primer reportaje en Mundo Deportivo, ingresa en la Escuela de Periodismo de Barcelona. Ahí, un profesor, Manuel Del Arco, le encargó un reportaje en el matadero de Barcelona. Al final, las fotos gustaron tanto que se las compraron. Joana admitió que aquél reportaje fue una de las pruebas de valor en su vida. Otro de los acontecimientos que marcó su carrera fueron las inundaciones del Vallès de 1962. Las fotografías de este reportaje abrieron el periódico Por qué al día siguiente.

Al ser mujer, nadie le ofrecía trabajo en las redacciones en Barcelona, y la joven fotoperiodista optó por formar parte de la plantilla del diario Pueblo de Madrid –la publicación vespertina más importante del régimen–. Ahí, durante varios años trabajó con otros periodistas reconocidos como César Lucas, Quique Verdugo y Raúl Cancio, viajó por España y el extranjero. Ahí brilló con su peculiar visión y personalidad, consiguiendo fotos únicas: las verdaderas testigos de la historia.

testimonios Joana Biarnes Beatles posado

Construcción de una crónica social, de un retrato de España franquista

Las personas a quienes fotografió Biarnés destacan por su carácter intrépido, en especial su ingenio y empatía para conectar con héroes y heroínas de la época: guió a Serrat en sus primeros pasos por Madrid, fotografió a Raphael en sus giras, acompañó a Massiel a comprar el vestido para el festival de Eurovisión y consiguió fotografiar a los Beatles en su hotel de Barcelona. «Nunca tuve ningún problema con mis compañeros de trabajo, eran excelentes –explicó Joana–. Pero tenía que hacerme respetar en un mundo de hombres. Tuve que ser valiente sí o sí, no me quedaba otra».

Cuando Joana reveló las fotos de los Beatles, el redactor jefe le dijo que el Gobierno «había prohibido darles más promoción a los ‘melenudos’». Las fotos eran una exclusiva mundial y la fotógrafa se las regaló a la revista Ondas. Más tarde inmortalizó en blanco y negro a Dalí, «el más difícil y el más agradecido de fotografiar que no se estaba quieto nunca, pero siempre tenía un gesto para la cámara», como lo describió en la entrevista con El Mundo en 2016. También capturó emociones de Clint Eastwood (quien le regaló un beso) en los Oscar, de Ava Gardner, Jack Lemmon, Roman Palanski, Orson Welles, Audrey Hupburn, Palau Robert… Pero, también fotografió la cara más dura de la sociedad.

En 1967, en pleno régimen comunista, fue a Moscú y fotografió la escuela donde se enseñaba a los niños de 3 años a jugar al ajedrez. Cubrió el rodaje de la película Zorro con George Hamilton, y, dado que la película se rodó en México, Joana aprovechó el viaje para hacer algunos reportajes de mujeres vivas que hubieran tenido un papel destacado durante la revolución mexicana (1910-1917).

En 1968, junto con el periodista José Luis Navas, descubrieron que en el colegio San Fernando de la Diputación de Madrid habían casos de maltrato a hijos de madres solteras. El director del colegio, al ver las fotos sangrientas que hizo Biarnés de un niño, les justificó que, al fin y al cabo, eran hijos de solteras. Navas tituló así el reportaje que causó una gran polémica, hasta tal punto que la extrema derecha empezó a perseguirles y se fueron a Finlandia durante una temporada.

A pesar de ello, trabajó para La Moda en España, que en aquél tiempo dirigía Pilar de Avia. «Además de los especiales de primavera-verano y otoño-invierno, procurábamos hacer otros temas aprovechando la actualidad –reveló Joana a El País. Cuando se estrenó Bonnie y Clyde, hablé con Juanjo Rocafort y le propuse que hiciera unos cuantos vestidos (La moda Bonnie and Clyde) para publicarlos en el periódico. Se realizó la sesión y vendió los modelos en su tienda de la calle Goya».

22 años sin hacer ni una sola foto

Antes de dejar el mundo de la fotografía en 1985, Joana Biarnés trabajó para el diario ABC y la revista Blanco y Negro, formando equipo con la periodista Natalia Figueroa. En 1975, llegó a dirigir el equipo gráfico de la Agencia Contifoto. Pero, ya a finales de los años 70, la industria periodística se convirtió cada vez en un mundo más cínico y feroz de los paparazzi, donde el arte de Biarnés no cuadraba. Lo que representaba el fotoperiodismo para ella fue rápidamente desapareciendo: la prensa sensacionalista lo inundaba todo. «Se me destrozó el corazón al ver como todo cambiaba», explicó muchos años más tarde a El País.

Después de 50 años en esta profesión, dejó su cámara y se fue con su marido –el periodista Jean Michel Bamberger con quien se casó en 1970 en Versalles– a su casa en Ibiza. Su amor por la cocina casera le hizo montar Ca Na Joana, el restaurante que fue conocido como uno de los lugares de peregrinaje para Juan Mari Arzak o Julio Iglesias, hasta tal punto que varios recuerdan a Biarnés como a una chef de éxito. En 2007 se jubiló, cerró el restaurante y se instaló en Viladecavalls, cerca de su Terrassa natal. «Esos 22 años estuve sin hacer ni una sola foto», apuntó.

Hasta que un día, a principios del 2014, un fotoperiodista de Terrassa, buscando documentos de la catástrofe de inundación de 1962 que llevó cerca de un millar de vidas, descubre las fotos ya olvidadas de Joana. Inmediatamente, del archivo surgieron joyas que convirtieron a Biarnés en el secreto fotográfico del siglo XX mejor guardado. Este momento parecía el más oportuno para recuperar su legado en blanco y negro y reivindicar su trayectoria extraordinaria. Desde entonces, Biarnés ha sido reconocida nacional e internacionalmente como una pionera e innovadora del género. Y el nombre de la fotógrafa, tras casi treinta años sin publicar ni una foto, volvió a brillar en los medios de comunicación.

Vida después del reconocimiento

En 2014, Joana Biarnés recibió la Creu de Sant Jordi que otorga la Generalitat de Catalunya, al ser la primera mujer fotoperiodista de España. Reconocida oficialmente como fotógrafa pionera, su historia no contada, así como su legado cultural, empezó a atraer un enorme interés por parte del público. Este mismo año se inició la filmación de un documental sobre su vida y obra –Joana Biarnés. Una entre todos–, dirigido por Òscar Moreno, Jordi Rovira y Xavier Baig, de REC Producciones. El documental se estrenó en octubre de 2015, en la X edición del festival Memorimage de Reus. Ese mismo año, la editorial La Fábrica publica en su serie Photobolsillo un libro dedicado a ella; Juana Biarnés: a contracorriente.

En abril de 2016, el documental Joana Biarnés. Una entre todos fue destacado como el documental del mes en España, en mayo se emitió en el programa Sense Ficció de TV3, y en junio en el programa Imprescindibles de TVE. En 2016, la fotógrafa recibió tres premios: el Agulla de Plata del Festival Revela’t; reconocimiento como Beatle maníaca por parte de Estartit; y el Premio Juan José Castillo de Periodismo por parte del El Mundo Deportivo. En 2017, Joana fue galardonada con la Medalla de Honor de la ciudad de Terrassa y con el Premi de la gent Gran, atribuida por la Associació Fira Gran de Barcelona. El reconocimiento más reciente que recibió por su peculiar labor profesional fue un Premio Gràffica 2018.

Para Joana Biarnés, la fotografía era muchas cosas a la vez: «Es luz que te entra a ti. Es paz, es rebeldía, es un anuncio, es una terapia maravillosa». La mujer que solía repetir que «en la vida hay que ser valiente», muchos años más tarde de dejar su oficio, volvió a exponer su trabajo. En 2017, Palau Robert presentó la exposición fotográfica Joana Biarnés. A contracorriente. La muestra acogió una selección de 90 fotografías del amplio archivo fotográfico de Biarnés que ofrecieron una extensa radiografía de la España de la posguerra civil con posiciones inmovilistas y terriblemente masculinizadas.

«Tuve que ganarme a la gente como fotógrafa y como mujer. En aquel momento no era corriente que apareciera una joven cargada de cámaras y empezara a dar órdenes. Era importante transmitir que iba de buena fe y que quería hacerlo bien», enfatizó en una entrevista que hizo con El País.

Mirando al infinito y profundo legado que dejó esta fotoperriodista, podemos decir que Joana Biarnés era, es y será la mujer única –al igual que su obra– que nunca desaparecerá; la fotorreportera que venció prejuicios de la época; la leyenda que inmortalizó la España franquista; el tesoro fotográfico de la historia nacional del siglo XX; la mujer ordinaria con una vida extraordinaria.

Joana Biarnés en el Festival Premios Gràffica 2018. Fotografía de Sergio López Legaz

 

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