La huelga se suspende, pero las escuelas de diseño valencianas siguen sin tener resueltos sus problemas

La huelga docente valenciana ha quedado suspendida de forma temporal. Después de 23 días de paro, el profesorado de la educación pública ha rechazado mayoritariamente la propuesta global de la Conselleria de Educación, aunque ha optado por interrumpir la huelga indefinida y seguir negociando. La actualidad inmediata deja cifras, comunicados, consultas sindicales, reuniones y ofertas presupuestarias. Pero en las escuelas públicas de arte y diseño la pregunta de fondo va más allá: qué significa mantener vivo un proyecto de escuela cuando todo alrededor empuja a la supervivencia.

Última huelga convocada antes de la suspensión

En las escuelas públicas de arte y diseño de la Comunitat Valenciana, la sensación de cansancio e incertidumbre tiene una profundidad particular. Durante las últimas semanas se han contado las reivindicaciones del profesorado, la especificidad de las enseñanzas artísticas superiores, los recortes denunciados en los centros dependientes del ISEACV y la falta de una lectura propia dentro de la negociación general. La cuestión ahora no es repetir ese mapa, sino mirar qué ocurre cuando el foco se aparta y las escuelas tienen que seguir funcionando.

David Marqués Serra, director de l’Escola d’Art i Superior de Disseny de Castelló, lo explica desde una posición poco habitual en el debate público. No habla solo como docente, ni como representante sindical, mucho menos como observador ajeno. Habla desde el lugar de quien debe sostener un centro en medio de una tensión que atraviesa al profesorado, al alumnado, a la administración y a las familias. Para él, lo que no se entiende bien fuera de las escuelas no es tanto una reivindicación concreta, sino la complejidad de lo que allí ocurre cada día.

David Marqués Serra, director de l’Escola d’Art i Superior de Disseny de Castelló. Foto: José Antonio Arias

“Creo que más que una cuestión de falta de claridad o de comprensión, lo que hay es una tendencia a simplificar realidades que son bastante complejas”, señala Marqués. Desde fuera, dice, la educación se percibe demasiadas veces en términos reducidos: horarios, calendarios, vacaciones, aulas. Pero detrás hay “un trabajo constante de gestión, coordinación, acompañamiento y responsabilidad que no siempre es visible, pero sí necesario”.

En una escuela de arte y diseño, añade, esa complejidad se multiplica. No se trata solo de enseñar contenidos, sino de trabajar procesos creativos, pensamiento crítico, cultura visual, técnica, relación con el entorno y capacidad de intervención. El diseño no se produce en abstracto. Necesita dialogar con instituciones, empresas, agentes culturales, colectivos, barrios, talleres, proyectos reales y problemas concretos. Marqués Serra lo formula de manera directa: “El diseño, en esencia, tiene que ver con la solución de problemas de su mundo circundante y, por tanto, con tender puentes”. Por eso una escuela pública de diseño no es únicamente un edificio con aulas. Es también una infraestructura cultural, aunque casi nunca se la nombre así.

Dirigir entre la norma y el proyecto

En los últimos meses se ha hablado mucho de ratios, plantillas, burocracia, sustituciones, horarios y poder adquisitivo. Son cuestiones centrales en cualquier sistema educativo, pero cuando esas tensiones llegan a una escuela pública de diseño adquieren formas específicas. Los desdobles no son un capricho cuando se trabaja en talleres. La actualización tecnológica no es una mejora estética cuando el alumnado necesita equipamiento, software, maquinaria, impresión, fotografía, audiovisuales o prototipado. La conexión con profesionales externos no es un complemento de prestigio cuando la enseñanza depende de una relación viva con el sector.

El problema es que estos centros funcionan dentro de un marco administrativo que no siempre responde a esa especificidad. Marqués reconoce que la gestión pública implica normas y procedimientos, y que buena parte de las decisiones vienen determinadas por marcos pensados para garantizar coherencia y equidad. Pero también insiste en que una dirección no puede limitarse a tramitar. “Cuando uno plantea un proyecto directivo, en el fondo está planteando una manera de entender la educación”, afirma. Esa idea pasa por una escuela “más conectada con la sociedad contemporánea”, con un enfoque “más consciente, crítico y alineado con los valores del diseño actual”.

La frase permite entender mejor el tipo de trabajo que queda fuera de los titulares. Dirigir una EASD no consiste solamente en cuadrar horarios o responder correos de la administración. También implica construir un proyecto de centro, abrir colaboraciones, interpretar los márgenes de la norma, cuidar los equipos, acompañar al alumnado y mantener viva una idea de escuela. Marqués habla de “grietas”, de esos espacios pequeños desde los que todavía se pueden introducir cambios.

La huelga ha visibilizado parte de esa tensión, pero las escuelas públicas de arte y diseño llevan tiempo arrastrando problemas propios. STEPV denunció en abril nuevas reducciones en los centros de enseñanzas artísticas superiores dependientes del ISEACV, con un recorte aproximado del 5% en las dotaciones previstas para el curso 2026-2027. El sindicato criticó que la decisión se hubiera tomado sin negociación previa y advirtió de su impacto sobre la calidad de la enseñanza.

La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alicante arrastra desde hace años denuncias sobre el estado de sus instalaciones. La plataforma Nueva EASDA ya ha reclamado una nueva sede para un centro que, según ha documentado la Cadena SER, reúne alrededor de mil alumnos y ochenta docentes en unas instalaciones provisionales desde 1988. En los últimos meses se han publicado noticias sobre plagas, goteras, desprendimientos, problemas de accesibilidad, deficiencias estructurales y denuncias ante Inspección de Trabajo por insalubridad. No es un caso menor dentro del relato general, pues muestra hasta qué punto la palabra “superior” puede convivir con condiciones materiales impropias de una enseñanza superior.

Esther de las Heras Ponce, directora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alicante, lo resume así: “Creo que muchas veces seguimos siendo bastante invisibles y cuesta explicar desde fuera todo el trabajo, la precariedad estructural y también el compromiso humano que sostiene estos centros día a día”. Para ella, la huelga no responde solo a un conflicto puntual, sino a “años intentando sostener enseñanzas superiores de diseño con infraestructuras, recursos y estructuras administrativas muchas veces insuficientes”.

Sus palabras amplían el marco. En Alicante, dice De las Heras, conviven “talleres y proyectos muy potentes” con “condiciones bastante difíciles”, gracias al esfuerzo del profesorado y de los equipos. Existe una mezcla de potencia y precariedad que explica gran parte del malestar actual. Las escuelas públicas no reclaman solo más medios para parecerse a una universidad o para competir con las escuelas privadas. Reclaman poder ejercer plenamente la función que ya se les reconoce sobre el papel.

Marqués no plantea la comparación con la enseñanza privada en términos defensivos. Reconoce que las escuelas privadas tienen más flexibilidad para incorporar perfiles profesionales, adaptar propuestas o comunicar mejor lo que hacen. Sin embargo, insiste en que la escuela pública parte de otra lógica. “La escuela pública trabaja dentro de un marco que garantiza principios como la igualdad de oportunidades, el acceso en condiciones de mérito y capacidad, y unos criterios de evaluación y acreditación bastante más regulados”, explica.

La cuestión, entonces, no es si una escuela pública puede ser tan rápida o tan visible como una privada. La cuestión es qué aporta cuando funciona bien. Para el responsable del centro castellonense, su valor está en generar “entornos diversos, críticos y abiertos”, donde conviven distintas miradas y donde el acceso no queda condicionado por los recursos económicos o por los circuitos más visibles del sector. El diseño, visto así, es una forma de representación cultural. Si solo acceden quienes ya tienen capital económico, familiar, tecnológico o simbólico, la disciplina se estrecha.

El valor público del diseño

De las Heras insiste en la misma idea desde Alicante: “La existencia de escuelas públicas permite que muchísima gente pueda acceder a este tipo de formación en condiciones que en otros países serían prácticamente imposibles sin grandes recursos económicos. Y eso tiene un valor cultural y social enorme, aunque muchas veces no se comunique bien”.

La defensa de la escuela pública de diseño no puede limitarse a una defensa corporativa de los centros. Tiene que ver con quién puede imaginar, proyectar y producir. Tiene que ver con qué perfiles entran en la profesión, qué experiencias llegan al aula, qué referencias se legitiman, qué problemas se consideran dignos de ser diseñados y qué relación establece una comunidad con su propio entorno visual. Una escuela pública de diseño no solo forma profesionales para el mercado. También amplía la base cultural desde la que una sociedad se mira, se representa y se transforma.

David Marqués introduce aquí otra cuestión de fondo: enseñar diseño hoy no consiste únicamente en enseñar herramientas. El alumnado llega a las escuelas en un escenario atravesado por la precariedad laboral, la inteligencia artificial, la crisis climática, la saturación visual, la aceleración tecnológica y la incertidumbre profesional. En ese mundo, dominar un programa puede quedarse obsoleto en pocos años. En cambio, construir criterio sigue siendo una necesidad central.

“Vivimos en un entorno saturado de imágenes y de extrema rapidez, pero eso no significa necesariamente que las entendamos mejor”, afirma. Probablemente ocurre lo contrario: nunca se han producido tantas imágenes y nunca ha sido tan necesario aprender a leerlas. Por eso defiende una mayor alfabetización visual, no solo del alumnado, sino de la sociedad en su conjunto.

La inteligencia artificial aparece en la conversación casi de pasada, pero deja una frase especialmente significativa. A Marqués no le preocupa “la Inteligencia Artificial frente a la Natural”. Le preocupa enseñar a posicionarse en un mundo cambiante con sentido común, capacidad crítica e intencionalidad comunicativa. La herramienta, recuerda, siempre debe estar al servicio de las ideas.

La palabra sostener aparece una y otra vez. Sostener el centro, sostener los talleres, sostener la convivencia, sostener la confianza del alumnado, sostener proyectos, sostener vínculos con el territorio, sostener una idea de diseño que no se reduzca a la rentabilidad inmediata.

La huelga ha servido para hacer visible un malestar, pero el problema no empezó el 11 de mayo ni terminará con la suspensión temporal del paro. Ahora las escuelas vuelven a quedar ante esa tarea menos visible y más persistente. Seguir abiertas. Seguir enseñando. Seguir cuidando talleres, proyectos, vínculos y expectativas. Seguir formando a quienes tendrán que diseñar en un mundo saturado de imágenes y urgencias. Las escuelas públicas de diseño valencianas arrastran una contradicción de largo recorrido; se les exige formar profesionales para un mundo visual, tecnológico y culturalmente complejo, pero se las mantiene en estructuras administrativas, materiales y simbólicas que no están a la altura de esa misión.

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