James Mosley es uno de esos nombres que no suelen aparecer en los manuales rápidos ni en las listas de “grandes diseñadores”, pero sin los cuales la historia de la tipografía sería hoy mucho más pobre, más confusa y, sobre todo, menos honesta. Historiador, bibliotecario, docente y estudioso incansable, Mosley dedicó su vida a analizar la tipografía desde su dimensión material, cultural y técnica, alejándola del mito y acercándola al conocimiento riguroso.
Hablar de James Mosley no es hablar de un estilo ni de una tipografía concreta. Es hablar de método, de mirada crítica y de una forma de entender la historia como un territorio que hay que excavar con paciencia.
Quién fue James Mosley
James Mosley nació en Londres en 1935 y falleció el 25 de agosto de 2025, a los 90 años. Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Cambridge, pero muy pronto su interés se desplazó hacia la imprenta, el libro y la historia de las letras. Con apenas 21 años ya publicaba artículos especializados, algo que da una medida temprana de la profundidad de su vocación.
Desde el inicio, Mosley mostró una actitud poco habitual: desconfiaba de los relatos establecidos y prefería volver siempre a las fuentes originales. Para él, la historia de la tipografía no se construía repitiendo nombres ilustres, sino examinando impresos, matrices, punzones, libros olvidados y documentos secundarios que otros pasaban por alto.
Ese espíritu marcaría toda su carrera.
St Bride Library y la memoria material de la tipografía
La trayectoria de James Mosley está íntimamente ligada a la St Bride Library de Londres, institución en la que comenzó a trabajar en 1956 y a la que estuvo vinculado durante 44 años. Su papel fue decisivo. No solo amplió de forma extraordinaria la colección bibliográfica, sino que transformó la biblioteca en uno de los mayores centros de referencia mundial para el estudio de la tipografía.
Mosley entendía que la historia no podía escribirse solo desde los libros. Por eso se empeñó en rescatar y conservar objetos: tipos móviles descartados, maquinaria, pruebas de imprenta, punzones y matrices procedentes de fundiciones en declive. Salvó materiales de talleres como Stevens Shanks, recuperó tipos históricos de la Oxford University Press —incluidos los célebres tipos Fell— y logró que la Monotype Corporation donara los dibujos originales de letras de Eric Gill.
Gracias a esa labor paciente y casi invisible, St Bride alberga hoy una de las colecciones tipográficas más importantes del mundo. Mosley no coleccionaba por fetichismo, sino porque sabía que sin objetos no hay historia fiable.
James Mosley, un historiador incómodo y necesario
James Mosley publicó más de 220 artículos y ensayos a lo largo de su vida. Su investigación se centró en la tipografía europea entre los siglos XVI y XX, con especial atención a las formas de letra, la imprenta manual y los procesos de producción.
Fue, sobre todo, un historiador incómodo. En su célebre ensayo The Nymph and the Grot demostró que las letras sans serif existían mucho antes de su aparición en la imprenta del siglo XIX, desmontando uno de los grandes mitos del relato tipográfico moderno. También revalorizó figuras olvidadas como Giovan Francesco Cresci, clave en la evolución de la letra romana y de la escritura cursiva que acabaría influyendo en la round hand inglesa.
A diferencia de historiadores anteriores como Stanley Morison o Daniel Berkeley Updike, Mosley exigía pruebas. Cada afirmación debía sostenerse en evidencias contrastadas. No aceptaba la autoridad como argumento. Esa forma de trabajar elevó el nivel del discurso tipográfico y obligó a revisar muchos relatos heredados.
Docencia y transmisión del conocimiento
Desde 1964, y a invitación de Michael Twyman, Mosley comenzó a impartir clases en la University of Reading, contribuyendo a consolidar el programa que acabaría siendo el prestigioso Department of Typography & Graphic Communication. Durante décadas, sus clases marcaron a generaciones de diseñadores, tipógrafos e investigadores.
Sus lecciones no eran espectáculos ni discursos grandilocuentes. Eran ejercicios de pensamiento: imágenes precisas, argumentos construidos con calma y una capacidad extraordinaria para hacer comprensibles procesos complejos. Enseñaba a mirar, a dudar y a volver al origen. Tras la pandemia, sus clases fueron grabadas y hoy siguen siendo una referencia fundamental para estudiantes de todo el mundo.
El blog Typefoundry y una obra abierta
En los últimos años, James Mosley encontró en su blog Typefoundry un espacio ideal para publicar. Le permitía revisar textos, corregir errores y ampliar investigaciones con el paso del tiempo. Para alguien tan autoexigente, esa posibilidad de corrección permanente era esencial.
Paradójicamente, nunca publicó un gran libro definitivo. En parte por su curiosidad inagotable y en parte por su rigor extremo: rechazaba reeditar textos antiguos porque encontraba fallos en ellos. Aun así, dejó miles de documentos inéditos —notas, borradores, investigaciones— que hoy forman parte de un archivo en proceso de catalogación en la Universidad de Birmingham.
El libro en español: Sobre los orígenes de la tipografía moderna
Para el ámbito hispanohablante, una pieza clave para entender el pensamiento de James Mosley es el libro Sobre los orígenes de la tipografía moderna, publicado por Campgràfic. Esta edición reúne una cuidada selección de textos fundamentales en los que Mosley analiza el nacimiento de la tipografía moderna desde una perspectiva crítica y profundamente documentada.
No se trata de una obra divulgativa al uso. El libro refleja con claridad su método de trabajo: atención al detalle material, lectura minuciosa de las fuentes y una voluntad constante de desmontar relatos simplificados. La publicación de este volumen ha sido clave para acercar su pensamiento a diseñadores, estudiantes e investigadores de habla española, donde su obra era conocida hasta hace poco de forma fragmentaria.
Un legado de James Mosley sigue creciendo
James Mosley nunca buscó ocupar el centro del escenario, pero su influencia atraviesa toda la tipografía contemporánea. Diseñadores como Matthew Carter, Jonathan Hoefler o Paul Barnes han reconocido su deuda con él. No diseñó tipografías icónicas, pero ayudó a que muchas se diseñaran mejor, con mayor conciencia histórica y cultural.
Su legado principal quizá sea este: recordarnos que la tipografía no es solo forma ni estilo, sino tiempo, trabajo, contexto y materia. En una disciplina cada vez más acelerada, James Mosley sigue siendo una referencia incómoda y necesaria. Porque para entender de verdad las letras, todavía hoy seguimos leyendo a James Mosley.
