Casi mejor sin Premio Nacional

Parece que este año tampoco habrá Premios Nacionales de Diseño. Sinceramente, creo que es mejor así. Estos premios son, casi desde el principio, una peformance vacía de contenido.

TEXTO · ÓSCAR GUAYABERO
ILUSTRACIÓN · Shuttersotck

Si no recuerdo mal la entidad que los da primero fue el DDI, dentro del Ministerio de Industria pero luego era Economía y Hacienda y luego Tecnología e Innovación. Más tarde, la promoción del diseño paso al SEACEX.  ENISA, era la entidad que otorgaba los premios, y ahora, según parece, es la Subdirección General de Coordinación y Relaciones Institucionales, dentro del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Espero con ansia el día en que lo otorgue la Secretaría de Artes Escénicas, porque igual entonces tiene sentido la escenografía que suponen los propios Premios.

Pero más allá de los chascarrillos, estos cambios de entes y ministerios solo muestran que ni saben qué hacer con el Diseño, ni mucho menos cómo promoverlo.

Conste que eso no quita valor a los que han sido premiados –en su gran mayoría grandes profesionales y empresas–, pero todos sabemos, lo digamos o no, que son premios dados a contrapelo para cubrir el expediente, sin ganas.

Diseño, es un término que se usa –por parte de las administraciones y/o políticos de casi todo el arco parlamentario– o bien para desprestigiar algo, usando el “de diseño” como sinónimo de falso o artificial, o bien para vender emprendiduria. Ser emprendedor es aquel fenómeno por el cual se bajan las cifras del paro y aumentan los autónomos en la miseria. Para eso sí que el Diseño es “un valor añadido”.

No se olvidan nunca de decir “añadido”, no vayamos a creer que es una estrategia esencial, no en la decoración sino en la concepción de productos y servicios.

Y como es añadido, pues oye, si no se puede, no se puede, que tampoco nos vamos a poner así por un añadido. Un país que no tiene materias primas en abundancia y que su mano de obra no es ni muy especializada, ni muy barata –aunque cada vez más–, podría tener en el Diseño un factor de posicionamiento esencial. Así lo han hecho, aunque por motivos distintos, Holanda, Italia o Portugal. Pero aquí nunca se ha creído realmente en ese camino.

Por eso creo que es mejor ser realistas y no dar más el Premio Nacional de Diseño. Que den premios aquellas comunidades o ciudades que creen en el Diseño como un factor no sólo cultural y económico sino de cambio social. Será más creíble. En realidad, tampoco va a haber un conflicto demasiado explicito si no los dan. Ni la propia comunidad del diseño cree demasiado en ellos. Y aunque así fuera, no somos caras conocidas, no salimos en la televisión y si nos quejamos, a nadie le va importar un pimiento. Otra cosa sería si fuéramos gentes importantes como cantantes de Eurovisión o actores de alguna serie de moda.

En cambio, yo propongo unos nuevos Premios. Los Premios a las empresas o entidades que sin usar el diseño en ninguna de sus fases, han triunfado.

Empresas en que nadie se ha parado a pensar antes de hacer, que nadie ha planteado una mejora a lo que existía, que nunca han abaratado costes o mejorado la calidad de vida de sus trabajadores replanteando el producto, sus materiales, su forma o su fabricación. Instituciones que han conseguido un éxito social sin que nadie haya planteado como comunicar su función y sus objetivos. Entes que nunca han contratado a nadie para que actualice su imagen, para adecuar sus servicios a las necesidades del usuario. Negocios que ni pierden el tiempo en trabajar su marca ni en rebajar la huella ecológica de sus productos. Corporaciones que jamás han innovado para abrir nuevos mercados y que ni se les ocurre que su presencia digital en multiformato y de forma responsive sea importante para mantener contacto con sus clientes. ONG’s que no han requerido nunca la ayuda del diseño para concienciar a los ciudadanos de una problemática social. Profesionales que no necesitan de una estrategia de marca para que la gente haga cola y requerir sus servicios. Productos que se venden como rosquillas sin malgastar dinero en un buen embalaje, que además hace comprensible aquello para lo que sirven. Máquinas que tienen una usabilidad fabulosa sin que nadie haya pensado en la interface que maneja el usuario. Aplicaciones de móvil que baten records de descargas sin que nadie haya diseñado su navegación para que sea intuitiva. Muebles que triunfan en el mercado internacional sin la necesidad farragosa de tener personalidad, calidad, buenos acabados y un precio adecuado al sector de mercado al que se dirigen. Automóviles que no malbaratan horas de trabajo en ser más eficientes, más seguros y más atractivos. Pequeños proveedores alimentarios que no se plantean como competir con las grandes corporaciones a partir de la calidad, la producción ecológica o el comercio de proximidad y que ningún estudio de estrategia y diseño les ha hecho falta para ello.

Seguro que les será difícil elegir ganadores por la gran cantidad de candidatos que hay… Bueno, igual si está pero no se ve, cosas que tiene el buen diseño, ese que no es un valor añadido sino esencial.