Clara Montagut: «El mensaje está en los detalles, sutiles y muchas veces imperceptibles, más que en el festival de artificios gráficos»

De pequeña Clara Montagut quería ser pintora o trapecista, y en cierto modo lo ha conseguido al frente de la dirección de arte en Esquire, donde a diario se mueve en la cuerda floja para hacer malabares entre publicistas, impresores y periodistas, estilistas de moda e ilustradores hasta dar un salto mortal que llega con la publicación mensual de un nuevo número de la revista. ¿Cómo consigue todo esto? Hoy nos lo cuenta en primera persona en el Fotomatón.
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Fotografía: Diego Martínez

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Nombre completo: Clara Montagut Contreras.

Año y ciudad de nacimiento: 1975, Madrid.

De pequeña querías ser… Pintora y trapecista.

Un diseño que recuerdes de tu infancia… Naranjito por lo obvio, es un referente de la cultura popular impreso en las retinas de mi generación, y la capilla de Notre Dame du Haut de Le Corbusier. En casa había un grabado con el perfil de esta iglesia y me fascinaba pensar en tener una casa así de mayor, como una cabaña en el campo.

Formación y estudios… Estudié muchas cosas y ninguna, pero mi paso por la Escuela de la Real Casa de la Moneda de Madrid marcó mi formación en diseño y grabado calcográfico. Mi paso por Bellas Artes e Historia del Arte fue fugaz, pero no he dejado nunca de estudiar fotografía, escultura o tejido.

¿Qué consideras que se debería enseñar en las escuelas de diseño y no se enseña? A dibujar. Los diseñadores somos felices con un ordenador, con nuestros cacharritos y sus enchufes, pero nos quedamos bloqueados si no funcionan. Se nos olvida que tenemos manos y ojos, y que un lápiz también es una herramienta de trabajo. Y a apreciar el arte en todos los sentidos, no solo en el visual, también la música y la gastronomía son experiencias para alimentar la biblioteca mental.

Un diseñador gráfico, un tipógrafo y un director de arte a quien admiras o es para ti un referente. Más que un diseñador gráfico, un personaje como Luis Seosane (Buenos Aires 1910-A Coruña 1979), pintor, escritor y grabador, es un referente como diseñador global. Un personaje de la posguerra cultural en España que aúna las cualidades artísticas más exquisitas para ser diseñador gráfico. Fundador de muchas de las publicaciones de la época como la revista Correo Literario o editoriales como Editorial Nova o Botella al Mar, no solo publicaba textos, también diseñaba las cubiertas y los interiores de las revistas.

Un tipógrafo sería Adrian Frutiger, el inventor de la Univers, la madre de todas las tipografías sin serifa. Fue un visionario y creo las tipografías de referencia del siglo XX como la Frutiger y la Univers. La señalética y la imagen corporativa más emblemática francesa entre los 70 y los 90 es obra suya.

Y como director de arte indiscutiblemente elijo a George Lois, y no solo por ser el artífice de las mejores portadas de la revista Esquire en Estados Unidos. Es seguramente el director de arte más mediático y publicitario que ha habido jamás. Sus ideas han alimentado la imaginería popular durante generaciones, y aún ahora, cuando le conoces, tienes la sensación de estar delante de una leyenda.

¿Qué hacía Clara Montagut antes de Esquire? Pues antes de hacer Esquire, Clara hacía diseño gráfico para agencias y estudios independientes, y antes de eso era la jefa de diseño de la revista Rolling Stone y antes de eso trabajaba de ilustradora y diseñadora en editoriales infantiles y de didáctica.

Desde entonces hasta hoy, ¿cómo ves tu evolución? He trabajado en muchos sitios y he tocado muchos palos, desde la publicidad hasta la ilustración, la fotografía y la escenografía. También que participado en los procesos más físicos del diseño, desde la imprenta hasta la encuadernación artesanal. Esto me ha llevado a tomar caminos distintos en la vida profesional, pero al final todos me llevaban al diseño editorial. La comunicación a través del diseño es el mar donde navego mas cómoda, aunque la comodidad hace que tu barco se hunda sin darte cuenta. Por eso sigo buscando, sigo aprendiendo y marcándome nuevos objetivos.

Todo diseñador tiene un estilo. ¿Cómo definirías el tuyo para Esquire? El estilo para Esquire es un claramente, americano. El uso de la tipografía de una manera contundente, el respeto por la fotografía y el amor por lo sencillo. Creo que demasiados artificios restan protagonismo a esos dos pilares del diseño de la revista. El mensaje está en los detalles, sutiles y muchas veces imperceptibles, más que en el festival de artificios gráficos.

Desde tu punto de vista como directora de arte, ¿qué es lo más importante que debe reunir la portada de una revista? La portada de una revista es una valla publicitaria. Debe contar lo que quieres contar, quién eres. A nosotros nos definen las portadas sin titulares, apenas una frase de referencia al personaje y en ocasiones ni eso. Y eso es lo que queremos contar. El personaje de portada es el embajador del número que tiene en las manos, por eso la elección de la foto es tan importante y está tan meditada ya que se convierte en el relaciones públicas durante un mes de tu revista.

¿Y sus páginas interiores? Bueno, las páginas interiores ya son otro cantar. Creo que la gráfica debe SIEMPRE acompañar a la información, ser información. Tanto la elección de las tipos como la composición de una página dicen cosas sobre lo que se escribe. Eso es la información, un global de contenido y continente.

Hay que preparar un nuevo número, ¿qué es lo primero que te planteas? ¿Por dónde empiezas a lidiar –fotografías, tipografía, composición,…–? La fotografía es la primera llave de un laberinto que es hacer nuestra revista. Desde la elección de la foto de portada hasta la edición de reportajes y modas, la fotografía es lo primero y la ilustración va detrás. Luego casi inmediatamente la composición de las páginas y el ritmo de las mismas y la tipografía casi viene lo último.

La frase o la petición más disparatada que te ha dicho algún cliente o alguien por tu trabajo… ¡Uy! Peticiones disparatadas las tengo a diario, pero la más divertida quizá sea la de un cliente que me decía que su logo tenía un color distinto en su ordenador que en el mío y que me llevara mi pantalla a la calle para quedar con él y así compararlas a la luz del sol.

Una portada o un diseño que consideras decisivo en tu carrera o por el que sientes especial cariño… No hay una, hay varias, y ¡no me hagáis elegir por favor! Seguramente la portada de la que tengo mejores recuerdos sea la primera que hice en Esquire, el número 4 con Robert de Niro. La más importante sería la del número 19 porque fue la primera portada global para mí, en la que intervine en todos los procesos del trabajo, desde la concepción de la portada, la sesión fotográfica, la manipulación de la imagen, la elección de los colores y la impresión.

Y del diseño del que me siento mas orgullosa es seguramente el número 42, dedicado a Ferran Adrià y al cierre del Bulli. El trabajo tan difícil y maravilloso que hicimos al crear una revista con una idea global, tanto de concepto como de diseño y el colofón que fue introducir un aroma en la tinta de portada. Fue un trabajo muy difícil y muy satisfactorio a la vez, aunque a veces no pensaba que llegaríamos a conseguirlo.

Lo más complicado de llevar la batuta en la dirección de arte en Esquire Pues la eterna lucha con redacción supongo, aunque tengo que decir que he trabajado en sitios peores. Y los malabares que supone trabajar con gremios tan dispares como publicistas, impresores y periodistas, estilistas de moda e ilustradores. Al final eres una equilibrista intentando que en esa maraña de intereses brille un poco el diseño. ¡Anda! Al final conseguí ser trapecista y no me había dado cuenta antes…

Lo más gratificante… Abrir la caja de la imprenta calentita, con el olor a tinta reciente y pasear por la ciudad y ver una lona de 12 metros con la portada que has hecho y que no te desentone mucho con el paisaje.

Las portadas de Esquire son un habitual en el palmarés de los Premios ÑH que cada año premian lo mejor del diseño periodístico en España y Portugal. Cuando uno consigue ese reconocimiento, ¿qué piensa, qué paso cree que debe dar? Mi relación con los premios ÑH es muy estrecha, quizá por lo amables y respetuosos que han sido con mi trabajo. Ganar dos años el mayor galardón y estar en sus listas de premiados durante 4 años es una gran responsabilidad. Quizá el siguiente paso sea el internacional, jugar en la liga de los mayores.

Cuando todo apuntaba que los tablets y las publicaciones digitales se iban a comer el mercado de las revistas y la prensa en papel, ahora los recientes estudios demuestran que los lectores prefieren formato analógico. ¿Cómo ves el futuro del mercado editorial [revistas]? ¿El digital acabará por devorar al papel? ¿Convivirán felizmente? ¿Hace falta renovación del sector? El futuro del papel es ya un presente, no han cambiado tanto las cosas. El digital no devorará el papel porque son hermanos, pueden competir pero se necesitan. Cada uno cubre una necesidad distinta en el usuario, en el lector. Las experiencias son distintas y así debe seguir siendo. No creo que sea cierto eso de lo analógico es más querido, creo que es más reconocido culturalmente, pero el ámbito de las tabletas viene pegando muy fuerte y en poco tiempo esta convirtiéndose en una ‘tradición’ para las nuevas generaciones.

Que hace falta renovación en le sector es un hecho, que ya se está produciendo, también. La introducción de lo digital en el periodismo y la comunicación han acelerado ese cambio, pero no necesariamente debe seguir el mismo camino. La industria del papel tiene mucho futuro, pero un futuro más exquisito, más exclusivo y más específico.

La última revista que has visto en los kioskos y que te ha sorprendido por su diseño/maquetación… Lucky Peach, es una revista de cultura culinaria, con literatura, reportajes temáticos muy elaborados y con un gusto por la ilustración y la composición de página muy atípica. Las secciones con paso a paso y recetas son casi infografías, alejándose de lo que se conoce como revistas de cocina.
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+info: esquireartdepart.blogspot.com.es

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