«Amplia decepción», por Víctor Palau

Hay cosas que, por mucho que se repitan, no dejan de decepcionarme. Cada vez que se anuncia una nueva identidad de cierta relevancia pública, los diseñadores nos ponemos un poco nerviosos. Hay una especie de expectación colectiva, casi infantil, por descubrir qué han hecho esta vez. Queremos verla, analizarla, encontrar algún detalle de ingenio, una buena idea, una decisión tipográfica que nos sorprenda. Algo que poder enseñar y decir: ¿veis?, de esto hablamos cuando decimos que el diseño importa.

Durante unos minutos, sin necesidad de ponernos de acuerdo, todos miramos hacia el mismo sitio. Unos para aprender, otros para admirar y bastantes para criticar. Porque si hay algo que nos gusta tanto como el diseño es explicar cómo lo habríamos hecho nosotros. El famoso «yo lo hubiera hecho mejor», que se escucha con especial frecuencia entre quienes, a juzgar por sus propios trabajos, bastante suerte tienen de que no les haya tocado el encargo. Hay desastres que nos hemos ahorrado sin saberlo.

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