¿Somos diseñadores o componedores?

Parece que todo el mundo es diseñador. O creativo, o director de arte… Es cool. Parece que nadie quiere ser maquetador, arte finalista o simplemente grafista. Esas etiquetas suenan a segunda división y es mucho más glam ser diseñador.

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Lo que ocurre es que esa etiqueta, algunos la toman prestada para disimular u ocultar sus defectos, imperfecciones o incapacidades para poder presentarse en sociedad sin sonrojarse demasiado. La mayoría no son diseñadores, ni directores de arte, ni mucho menos creativos.

¿Quién no ha visto una portada de un libro con un bonito color de fondo y una excelente tipografía, bien compuesta, en la portada? Una portada bonita, e incluso capaz de transmitir un buen mensaje. Algo parecido a la portada que ilustra este artículo.

Si analizamos detenidamente esa portada podemos deducir lo siguiente. El color no lo hemos creado nosotros, lo hemos elegido entre los 1.755 colores que nos ofrece la carta Pantone, o simplemente hemos elegido un bonito color de papel entre la gama existente. La tipografía también ha sido otra elección. Bonita, elegante, pero no la hemos diseñado nosotros. «Entonces, ¿tú que haces?», me dijo un día mi padre.

Pues simplemente componer. Muchos de los diseñadores no crean absolutamente nada. Simplemente ordenan, eligen los ingredientes y saben cocinarlos bien, pero nada más. No inventan recetas nuevas, no crean sabores nuevos, simplemente repiten recetas, mejor o peor presentadas, con un buen plato, pero no dejan de ser recetas similares.

La figura del componedor existía en las imprentas. También se le llamaba montador, una figura indispensable para poner todo en orden pero sin capacidad creativa.

Ese es el motivo por el que muchos trabajos se parecen tanto, por qué hay tantas coincidencias. En el fondo muchos aprendieron a hacer un huevo frito y ahora todo el mundo hace el mismo huevo frito pero de formas diferentes. Con puntilla, sin puntilla, a la plancha, sin aceite… aunque le pongas sal Maldon, no deja de ser un huevo frito.

La sal Maldon antes solo se utilizaba en alta cocina y ahora prácticamente está en todas las despensas familiares. Eso ha llevado a los cocineros a no utilizarla.

A los diseñadores les está pasando algo similar. Están intentando vender diseño con sal Maldon, y no quieren darse cuenta que simplemente están cocinando una receta sin más. Recetas que muchos de nuestros comensales ya saben hacer y algunos mucho mejor. Recetas que creemos novedosas y brillantes y luego nos la encontramos en un banco de imágenes o en el portfolio de cualquier aprendiz.

Ser creativo, ser diseñador, ser director de arte no es suficiente con saber componer. Hay que hacer algo más si queremos ponernos esa etiqueta. Hay que llevar nuestras recetas más allá. Hay que darles una impronta propia, hay que saber crear nuevos conceptos… no vale con elegir una tipografía combinarla con otra, aplicar un par de colores bonitos y decir que eso es diseñar.

En una entrevista que le hicimos a Ferrán Adrià, lo explicaba perfectamente –cuánto nos queda por aprender de los cocineros–:

«No es lo mismo crear un plato que cambiar el paradigma de la cocina. No es lo mismo hacer un nuevo logo que inventar un nuevo alfabeto».

Diseñar una nueva tipografía o un nuevo logo no es innovador ni creativo. Lo único que hacemos es una letra pero con otra forma. Una ‘A’ no deja de ser una ‘A’ por que la dibujes tú mismo. Muy diferente es crear un icono, un gráfico, una letra que trascienda y que trasmita un nuevo lenguaje o concepto. ¿Os suenan los emoticonos o los emojis? Son letras, son símbolos, son iconos que dicen mucho más que muchas palabras.

La etiqueta de diseñador gráfico le viene grande a la mayoría. Se suelen dejar seducir por la belleza, por el simple hedonismo, pero olvidan que hay que saber comunicar, escribir, dibujar, programar, resolver problemas, llegar a la sociedad… como decía Adrià, cambiar paradigmas.

Si queremos llevar la etiqueta de diseñador debemos desarrollar proyectos que difícilmente nadie pueda hacer igual y que por descontado nuestros clientes no puedan encontrar en ninguna otra parte. Bien por el enorme trabajo en equipo que tienen o por la gran especialización. No nos engañemos, elegir una bonita tipografía y un buen color poniéndolo todo en orden no es diseñar, es componer. Como decía Juli Capella: «La gráfica ‘minimalísima’ que gana muchos premios, me enerva. Nunca sé si se debe a la pereza o a la falta de talento». Pues sí, estoy totalmente de acuerdo.

Deberíamos ir pensando si el término es el adecuado o nos tenemos que buscar uno nuevo para todos aquellos que como buenos cocineros aplican recetas, más o menos elaboradas, que tienen todo el derecho del mundo a tener un restaurante con bonitas mesas, sillas y manteles y cobrar por dar de comer de una manera exquisita. Pero desde luego, no todos los que tienen un buen restaurante tienen una estrella que les otorga la categoría de cocinero creativo que cambian el paradigma de las cosas.

¿Somos diseñadores, cocineros o componedores?

  • Diego Gwango ZanWango

    Me gustaría mucho más que el texto, aparte de matizar las categorías, hiciese hincapié en que ser “componedor” o “grafista” es una tarea respetable en vez de acentuar la diferencia de clases y ensalzar la figura de los auténticos “creativos” frente a una especie de working class de lo editorial. También estoy convencido de que un trabajo de composición puede ser creativo; y a su vez creo que el que escribe no debería arrogarse el derecho a definir lo que es un diseñador gráfico ¡Y esas son todas mis objeciones!

  • Gonzalo

    Entonces un músico de rock, no es músico porque agarra acordes o melodías ya aplicadas y las usa a su antojo? Cualquier trabajo sigue una determinada estética o tendencia, obviamente hay que darle un concepto y un poco de marca personal, pero el diseño es lograr funcionalidad comunicativa donde no la hay, somos comunicadores visuales. Ayudamos a la gente a que resuelva un problema de forma mas sencilla y amigable, el diseño se basa en funcionalidad, si no, no tiene sentido. Si después usamos colores o tipografías ya establecidas, no debe importar, debemos saber cual y cuando.

  • Xavier Grau Troyano

    Interesante debate. Una reflexión. Un diseñador de interiores no diseña los objetos sinó el espacio con objetos ya diseñados. Los diseñadores graficos seriamos como ‘diseñadores de espacios graficos’? El creador de objetos seria el diseñador industrial, el ilustrador, el tipografo…

  • nuria

    Pues que se empiece desde la educación. Las escuelas de diseño hoy son instituciones (la mayoría privadas), empresas a las que interesa fabricar diseñadores. Éstos luego se juntan en “golden ghettos” al servicio de un supuesto mercado alternativo, que no deja de ser lo mismo con el envoltorio de lo diferente. Siento que se educa precisamente para crear envoltorio y no contenido y, por tanto, hasta que esto no cese, no dejaremos de comer huevos fritos y refritos, con sal o sin sal Maldon. Pero en definitiva, huevos.
    Que se empiece desde las Universidades de diseño a enseñar no para ser meros productores de lo que el sistema y el mercado piden sino para ser personas con capacidad crítica, imaginación e iniciativa para actuar sobre el presente (revisando pasado y mirando hacia el futuro) y no limitarnos simplemente a copiar o a hacer cosas bonitas. El otro día, en Elisava, una profesora me dijo: me da igual que funcione o no, simplemente quiero algo bonito. ¿Cómo competir con semejante energúmeno que encima tiene la potestad de decidir si pasas o no de curso? Pues a todo este grueso de profesores ineptos les digo una cosa: no dejaré que la escuela intervenga en mi educación.

  • Alberto López

    El invenire o proceso creativo, proviene de las influencias, vagaje y experiencias del autor, no existe la creación pura, todo está compuesto de ideas previas combinadas.

  • Esther

    Pues opino que no entendeis bien lo que es el diseño gráfico. El diseño esta a favor de la funcionalidad, y si, eso muchas veces radica en hacer algo diferente e impactante.en otras, por contra, prima la simpleza. Y a veces significa crear una composición tipográfica. Siempre he pensado que como diseñador cuantas más disciplinas domines mejor, cuantos mas campos conozcas mejor. Pero no es solo eso. Es estudiar e investigar al cliente, a la competencia, al publico objetivo, las tendencias, la historia…. La gente que hace lo que dices no es mediocre por utilizar esos recursos. Es mediocre porque no ha tenido en cuenta nada de eso, solo gustos propios y modas pasajera

    • Marcos

      Cuántos preimpresores se presentan como diseñadores solo por tener algo más de habilidad que otros con el photoshop y luego no saben hacer una separación de color…

  • César – Locandia

    Pero como también dice Juli Capella en su entrevista ” ser original tampoco es ningún mérito en sí mismo. Es mejor ser bueno que diferente”.
    La idea de artista como genio único es un concepto de las vanguardias que pilla un poco lejos ya. Además, lo que es y no es original, lo que es único o no lo es, siempre ha necesitado ser reconocido “oficialmente”, y este proceso se ha basado más en las reglas del mercado o del poder que por la “Calidad” en si misma. (Lo bueno es bueno en la medida que se es capaz de persuadir a mucha gente, importante a ser posible, para que así lo vea).

  • Llevo ya tiempo pensando para mis adentros que en realidad me debería definir como “compositora gráfica” :) reemplazable por supuesto por “componedora”. Interesantísimo post para darle una vuelta y saber qué somos dentro de esta profesión en realidad.

  • Toni Tortosa

    Bravo!.