Por qué la tipografía huele a chicle

Estamos rodeados de letras, interactuamos con las palabras todos los días de nuestra vida y, aunque no lo sepamos, somos grandes consumidores de tipografías.

Por qué la tipografía huele a chicle

 

Creemos que sólo nos aportan información útil, pero no. Son un lenguaje visual que afecta a todos nuestros sentidos: hay quien compra una crema por el diseño de la etiqueta, quien se deleita palpando páginas, quien mete la nariz en un libro para olerlo e, incluso, quien compone palabras dentro de la sopa. Pero, ¿las letras tienen sabor? Pues sí. Según la tipografía que las ‘vista’, las letras pueden saber a chicle, a café o a chile. Incluso pueden oler a lavanda. No lo digo yo. Lo asegura Sarah Hyndman , que propone degustar tipografías con su proyecto Type Tasting.

Por qué la tipografía huele a chicle

Tras 20 años trabajando como diseñadora gráfica, Sarah abandonó su tableta gráfica hace tres para recorrer el mundo dando charlas y realizando experimentos con las tipografías fuera del ámbito profesional. Quería saber cómo se siente el público al ‘consumir’ tipografías. Prove it (pruébalo) es su lema. Descubrió que la experiencia es multisensorial y está directamente relacionada con nuestra memoria: «Las tipografías nos evocan sentimientos y recuerdos de nuestra infancia. Al igual que recordamos un olor del pasado, lo mismo ocurre con las tipografías. Y los diseñadores podemos jugar con ellas para dar más impacto y hacer que la experiencia sea memorable».

Se ha propuesto probar la sinestesia de las tipografías. Y para demostrar que los caracteres suenan, ha creado un ‘karaoke tipográfico’ donde el ‘BOOM’ en Comic FX del bocadillo de un tebeo evoca un sonido muy diferente a un ‘He-llo’ con tipografía robótica. Y lo mismo ocurre con el gusto. Sus encuestas interactivas revelan que las tipografías rematadas con adorno (o serif) nos saben a cóctel, mientras que sólo el 3,4 % del público se decantaría por un combinado si está escrito en la carta con unos caracteres sencillos y redondos.

También ha hecho experimentos con los olores. De las pruebas con grupos presenciales y de las encuestas de su laboratorio online se desprende que la tipografía Candice huele a chicle, la Mesquite a chile y la Flemish Script a lavanda. «Lo que no nos gusta, solemos relacionarlo con tipos angulares», aclara.

Por qué la tipografía huele a chicle

Pero la cata de letras no es una ciencia exacta ni existe una respuesta correcta. ¿Por qué? Porque cada uno de nosotros está influenciado por su educación y su experiencia cultural y geográfica. Sarah da un ejemplo: «Mientras por lo general las tipos con rasgos ligeramente mexicanos se identifican con el chile, es curioso que en uno de los últimos experimentos realizados en Bradford (Inglaterra), los participantes relacionaran el picante con las tipografías más redondeadas y dulces».

Las tipografías dictan los sabores

Los experimentos de Type Tasting prueban, además, que nuestra relación con las tipografías es bidireccional: nosotros ponemos sabor y olor a las letras pero ellas también influyen en nuestros sentidos. Así, la misma gominola nos puede saber ligeramente más salada si el nombre del envoltorio está en cursiva y más dulce si va en negrita. Sarah Hyndman sigue sorprendida del experimento que hizo con las jelly beans, pequeñas judías de caramelo y de llamativos colores.

Este ‘súper poder’ de las tipografías lo ha demostrado también con el chocolate. Dos grupos de participantes degustaron la mista tableta sin envoltorio donde sólo había una diferencia: la tipografía de sus cuestionarios. Llama la atención que quienes respondieron a las preguntas escritas en Bodoni y cursiva consideraron que el chocolate tenía mayor sabor y era de mayor calidad que el grupo que contestó al cuestionario de Helvética negrita. Pero hay más: también los primeros estaban dispuestos a pagar más por el mismo chocolate (más de dos libras frente al 1,75 de los segundos). La explicación reside en que existe una escala de tipografías relacionadas con el precio y la calidad. «Las tipografías más redondas y negritas se identifican con productos baratos mientras que las más estilizadas y con serif, como la Bodoni o la Didot, reflejan productos más caros», explica la ‘madre’ del Type Tasting.

Aunque su libro Why Fonts Matter aún no ha sido publicado en España, los experimentos se pueden probar en su laboratorio virtual.  Como si de un zodíaco tipográfico se tratara, podemos saber en menos de dos minutos qué tipografía somos, qué personalidad nos caracteriza por ello y con qué otras tipografías somos afines. Una curiosidad: los Times New Roman son profesionales, tradicionales, honestos y personas en las que confiar. Haced caso a su lema y Prove it. Ahora nos pensaremos dos veces a qué huele el café cuando lo leemos.

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