'Los Miserables', sobrecogedora adaptación ilustrada por Gabriel Pacheco

GABRIEL PACHECO

Su poesía visual ha sido reconocida en diversos certámenes internacionales. Por Tres niñas, de próxima publicación, ha conseguido el CJ Picture Book Awards de Corea, del que ya resultó finalista por L’uomo d’acqua (ZOOlibri). Ha sido nominado para el premio Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA). La Feria del Libro Infantil de Bolonia ha seleccionado su trabajo, en la Muestra de Ilustradores, en las ediciones de 2007, 2008 y 2011. En 2009, recibió por Hago de voz un cuerpo, editado por Fondo de Cultura Económica, la Mención Especial en la categoría New Horizons de los Bologna Ragazzi Award. Este título, además, ha sido incluido en el prestigioso catálogo 50 books/50 covers del American Institute of Graphic Arts y reconocido como uno de Los mejores libros para niños y jóvenes de 2008 del Banco del Libro de Venezuela. También ha sido seleccionado en Ilustrarte 2007 (Portugal), las muestras de Padua y Sàrmede (Italia) y el Blue Book Group (Irán).

Ilustrar un texto como Los Miserables no es un acto baladí. Aquel que se aventure en la tarea tiene que cargar con la responsabilidad de dar forma a personajes de suma complejidad. El ilustrador Gabriel Pacheco no se ha amilanado y, con nota sobresaliente, ha afrontado sin temor el reto de plasmar sobre el papel los textos que 150 años atrás escribió Victor Hugo.

«El proyecto de Los Miserables fue un suceso asolador para mí, un acto inacabado y de profunda reflexión profesional. Ilustrar esa parte que nos ha inventado como seres humanos es tan imposible y permanente que todo mi proceso terminó por alterarse», aclara Gabriel Pacheco.

De esa complejidad surgió la necesidad de trabajar sobre una idea estética sencilla. El punto de partida fue crear siluetas que no fueran dibujo. «Pensé en intentar ese tipo de manchas para poder encontrar los rostros desde otro recurso que no fuera la memoria o el estilo, sino que fueran accidentes en sí mismos, como Javert y Valjean. Tal como los alfabetos de Michaux», explica Pacheco. «Mi idea no era dibujar literalmente personajes monstruosos sino, desde otra procedencia, solucionar los personajes como un desdibujo o un intento de dibujo. No como monstruos. Fue así que volqué contra el dibujo y trabajé esa compleja ambigüedad que plantea Los Miserables como un ejercicio de hallazgo».

Para Gabriel la idea es sencilla. Todos los personajes nacieron a partir de una mancha como un surco por el que la tinta intentó dibujar los rostros, rompiendo con el trazo de la memoria. Llama la atención el negro, que cobra gran importancia. «Es ausencia y sombra, se hace fundamento de todo y refleja la propia naturaleza de los personajes umbríos. Un negro que teje las oscuridades de todo ser humano y en donde, irónicamente, se esparce su única luz. Manchas muy parecidas. Al final, todos miserables. Los miserables que ejercen poder y los miserables que son sometidos. Por eso el énfasis sobre una misma impronta, para ilustrar almas diferentes pero irrigadas por el mismo espíritu».

Según Gabriel, este proyecto «ha sido una fortuna, aunque tengo la sensación de haber sido devorado por una bestia negra».


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  • Efrain Muñoz

    Sin palabras tan rimbombantes como las de M. Martín ni haciendo alarde de grandes conocimientos en las tendencias y estilos pictóricos: el arte te gusta o no te gusta, a mi me encanta el arte de Gabriel pacheco, no necesito que me lo traduzca ni el ni nadie, con o sin tus palabras ni las de Gabriel Pacheco, me fascinan y me llevan a ese mundo espiritual y religioso de Victor Hugo.
    Y si a M. Martin no le dice nada, tiene todo su derecho de verlo como el lo sintió, pero definitivamente a otros nos deja deslumbrados el trabajo de Gabriel.

  • M. Martín

    Este Jean Valjean (imaginamos que la primera imagen corresponde a un retrato del personaje) tiene un curioso parecido con la caracterización de Alan Rickman como el oscuro Severus Snape en la saga de Harry Potter. El resto de las ilustraciones no pasa de ser una pintoresca mezcla (aunque dotada de singular elegancia) entre Dave McKean y ¡Pablo Auladell!
    Nos preguntamos qué sería de los dibujos de Pacheco sin sus palabras. Miguel Ángel no necesita de explicación alguna para llamar la atención sobre el valor de su Capilla Sixtina. La Obra habla por sí misma. Y para contemplarla no podremos encontrar mejor compañero que el silencio. Parece que en este caso sí se hace necesario vestir las imágenes de extrañas y ruidosas elucubraciones románticas para tratar de dotarlas de esa divinidad de la que carecen, como si del discurso de un Anticristo embaucador se tratara, vacío de auténtica trascendencia. Un nuevo traje para el emperador.

    • Miguel Angel

      No cacarees de tus grandes conocimientos Martín y que haz visto toda la zaga de Harry Potter, si no te gusta el trabajo de Gabriel, es muy tu punto de vista, a mi me vale que sea la mezcolanza de tantos estilos, pues casi nadie puede hacer tan buena mezcla así tenga los mejores ingredientes en su paleta artística. ¿envidia?

  • Fantástico trabajo si señor.