Premios Laus, en búsqueda de la excelencia

Tras finalizar la intensa jornada del día del jurado de los Laus 2015, nos vamos con un cúmulo de sensaciones que oscilan entre el cansancio, la fascinación y la inquietud. Presenciar todo lo que ha ocurrido en el día del jurado ha sido increíble, en todos los sentidos. [ver galería de imágenes arriba] Fotos: Tamara Romero.

El pasado 13 de marzo se reunieron en el Museu del Disseny de Barcelona más de 50 profesionales del diseño y la comunicación dispuestos a pasar todo el día buscando aquellos trabajos que merecieran el título de excelencia en la comunicación gráfica. Dicho así incluso puede parecer fácil, pero les esperaban nueve horas de visualización y análisis de los 1.200 proyectos que se presentaban a esta cuadragésimo quinta edición.

Pudimos hablar con los miembros del jurado de cada categoría y poner la oreja en los debates de porqué esta pieza merecía un Laus o no. Es asombrosa la cantidad de información interesante que puede generarse en un mismo edificio al unísono. Solo con las conversaciones de una sola sala podrían llenarse cientos de líneas con las reflexiones apasionantes sobre diseño y comunicación: ¿Hasta qué punto es conveniente emplear una tipografía que está de moda?, ¿Un buen proyecto necesita realmente algún texto explicativo, o solo con visualizarlo debería ser suficiente?, ¿La bajada de calidad en la publicidad gráfica exterior se deberá a que el creativo no encuentra la clave para hacer que funcione, o es por el auge de la tecnología que copa la atención del viandante a través de los dispositivos móviles incluso andando por la calle?, ¿A qué es debida la falta de diversidad en lenguajes visuales?, ¿Van todos los profesionales del diseño en una misma dirección?, ¿Beben todos de las mismas tendencias?, ¿El diseñador está más por la labor de aparentar ser un diseñador que de serlo?,…

¿Un buen proyecto necesita realmente algún texto explicativo, o solo con visualizarlo debería ser suficiente?

Cuantas más preguntas surgían más posturas diferentes se planteaban, y si no hubieran habido unos tiempos que cumplir, todavía hoy habrían más de cincuenta personas reunidas en un museo enfrascadas en una conversación acerca de la comunicación y la función del profesional.

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No estuvimos solo con los miembros del jurado, también nos interesamos por la función del Chairman. La figura del Chairman puede resultar desconocida para algunos. Se trata de la persona que no tiene voto y que vela por el buen funcionamiento del jurado. Aunque desde los inicios de los Premios Laus se descubrió la necesidad de una persona que cubriera la función de guía en el proceso, la figura se oficializó hace unos años. De hecho, las funciones de éste se van perfilando cada año según se ven oportunidades de mejora. El Chairman no solo se encarga de recordar las bases y de marcar los tiempos y fases del proyecto, también es el responsable de custodiar en todo momento la imparcialidad de las decisiones, resolviendo además los posibles problemas que puedan surgir durante la exposición y el análisis de la piezas.

Al empezar las primeras deliberaciones nos sorprendió que, tratándose de unos premios del nivel de Los Laus en los que se busca la máxima calidad en diseño, el sistema de votaciones fuera tan precario. Algunas de las herramientas que se emplearon para la selección y votación de las piezas, fueron post-its amarillos y rosas, hojas con lo que parecían tablas de Excel y la tradicional votación a mano alzada. Quizá la imagen que desprenden los Laus nos hizo imaginar algún sistema más sofisticado o menos influenciable entre las partes, o al menos, el empleo de soportes en los que se cuidaran más los detalles a nivel gráfico…

«No hay ninguna pieza que te sorprenda», «Hemos visto muchos ‘truchos’» o «Hay campañas en la que las piezas que la forman no tienen sentido»

Desgraciadamente, no fue la única decepción. Esta vez no fue desencadenada por el proceso, sino por lo que las piezas presentadas dejaban entrever: un nivel demasiado bajo para ser trabajos que aspiran a ser lo mejor del diseño en España. Al inicio del proceso de selección, abundaba la triste sensación de que los proyectos que empezaban a verse, no alcanzaban la calidad que habían esperado: «No hay ninguna pieza que te sorprenda», «Hemos visto muchos ‘truchos’» o «Hay campañas en la que las piezas que la forman no tienen sentido» eran algunas de las afirmaciones del jurado que esperaba ilusionarse con algún trabajo. Afortunadamente, esta idea fue cambiando a medida que se iban visualizando más proyectos y se iba pasando de ronda; se vio mucha más calidad en la forma, en el concepto y en el conjunto de piezas de un mismo proyecto.

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Una sensación diferente nos encontramos en la categoría de Estudiantes, que desde un primer momento se vio un aumento de calidad respecto al año pasado. Según Pilar Gorriz, que repetía como Chairwoman de la categoría Estudiantes, las piezas presentadas por los estudiantes tenían una calidad asombrosa: «Este año hay más piezas y son mejores. Veo muchos trabajos ‘redondos’ en los que la formalización potencia la idea y en los que se ha cuidado hasta el más mínimo detalle».

La sucesión de Bronces y Platas fueron pasando por las mesas y por fin llegó la ronda para elegir el Laus Oro. Con la ronda final también vino una batería de dudas acerca de si la calidad de estas últimas piezas era suficiente como para merecerse un Laus Oro o, por si de lo contrario, era preferible dejar el premio desierto: «A pesar de que son buenos trabajos, no se aprecia una diferencia entre lenguajes visuales; parece que todos siguen una misma línea y que van en una misma dirección. Seguramente es debido a que los diseñadores están expuestos a las mismas tendencias», nos contaba Marc Panero.

Se creó una gran polémica en el jurado (cada año el debate es similar) sobre si los Laus Oro que aspiraban a Grand Laus realmente se merecían serlo.

Pero el momento más crítico de toda la jornada fue la elección del Grand Laus en la categoría de Gráfica. Se creó una gran polémica en el jurado (cada año el debate es similar) sobre si los Laus Oro que aspiraban a Grand Laus realmente se merecían serlo. Y en ese momento saltó la duda debido a la falta de claridad en las bases: ¿Es posible que el Grand Laus quede desierto?, o ¿es obligatorio otorgarlo?. Y, si es obligatorio otorgarlo, ¿realmente lo que estamos buscando es la excelencia? Hubo incluso algunos miembros del jurado que prefirieron abandonar la sala ante su disconformidad.

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Finalmente, después de un debate muy intenso, a última hora de la tarde, y tras la última votación a mano alzada de los miembros del jurado que quedaban, hubo Grand Laus. El día del jurado de los Laus 2015 había acabado.

Una vez digerido todo lo vivido en el día del jurado de los Laus, una de las impresiones que nos llevamos es la de que la auténtica objetividad es imposible. Obviando el hecho de que es poco tiempo para valorar justamente cada proyecto, la selección de una pieza u otra está más influenciada por las emociones que por los criterios que se especifican en las bases. Son personas y no máquinas las que están detrás del jurado y éstas, inevitablemente, se dejan llevar por su instinto. Además el factor cultural de cada uno de ellos también implica que una decisión tome un camino y no otro. De hecho los componentes internacionales del jurado son un buen ejemplo de ello. Éstos no están influenciados por las mismas referencias que sus colegas españoles y por tanto su guía para valorar una pieza está basada en un baremo diferente. A pesar de ello y a pesar de que el tipo de excelencia que se busca en los proyectos en ocasiones parece estar un poco difuminada, el proceso de análisis y selección está basado en razonamientos bien argumentados y el jurado hace un verdadero esfuerzo por discernir de entre todas las piezas solo aquellos proyectos que realmente se merezcan un Premio Laus.

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